Hoy estamos construyendo Frente Amplio. El desafío es sin duda titánico, y lo ya avanzado, por esfuerzo que haya costado, está aún lejos de lo que necesitamos para superar el ciclo histórico de la transición. Quizá la mayor dificultad que enfrentamos es la apatía de las mayorías del país con respecto a la política, incluyendo a nuestros jóvenes partidos y movimientos. No nos basta con transformar esa apatía en votación: los dueños del país, los que controlan AFP’s, ISAPRES y universidades privadas, los que se han coludido y han hecho política a través del duopolio pero sin dar la cara, harán lo posible por bloquear cualquier cambio. Necesitamos un Frente Amplio rebosante de organización social sólida y determinada a triunfar, rebelde y vital.

Ésa es la amplitud más relevante para el Frente Amplio. Lograrla se juega en cada uno de los pasos que damos, y autocríticamente debemos reconocer que hasta hoy la amplitud se ha logrado principalmente a nivel de esfuerzos políticos, pero sin convocar a la fuerza social organizada. En esta columna quisiera aportar a la discusión sobre la manera en la que construimos programa, bajo la premisa de que necesitamos discutir hasta el cansancio todos los debates sin poner en duda nuestra unidad, como expresión de una cultura política abierta y que siempre se revisa a sí misma.

La premisa fundamental es la siguiente: el programa del Frente Amplio debe ser, ante todo, la expresión viva de la experiencia acumulada por años de movilización social en el país. Es inimaginable un programa que no tenga como pilares la educación pública, gratuita y de calidad, el fin a las AFP y la despenalización del aborto en el país. Las líneas más gruesas de nuestro programa se escribieron hace años, y las escribió la calle, los sectores más organizados de la sociedad.

Hacerlo permite volcar toda esa experiencia a las propuestas frenteamplistas. El movimiento estudiantil lleva años discutiendo qué educación quiere en sus asambleas y organizaciones. La Coordinadora NO + AFP ha levantado una propuesta concreta para construir un nuevo sistema de reparto solidario. El Colegio de Profesores, las organizaciones feministas, sectores regionalistas y ambientalistas, entre otros, han vivido en carne propia las principales contradicciones del modelo neoliberal, y ese aprendizaje jamás podrá ser reemplazado por ningún proceso construido al calor de la dinámica electoral, por abierto que éste sea. La defensa de la gratuidad y no el arancel diferenciado o la negación a una AFP por estatal que sea, son ejemplos concretos de discusiones reales que se han dado al interior de las organizaciones sociales, y que decantaron debido a la experiencia colectiva de las mismas. Son justamente estas vivencias las que han permitido algo que hace pocos años parecía imposible: imaginar una sociedad más allá del neoliberalismo.

Incorporar tales propuestas es también una definición política. Pues un programa no es simplemente un menú de ofertas para que el ciudadano-cliente escoja. Es fundamentalmente una guía, un horizonte, que debe ayudar a resolver las diversas coyunturas que aparezcan durante un período de gobierno. Es un compromiso que adquirimos como Frente Amplio de entrelazarnos permanentemente con el mundo social organizado a la hora de discutir cómo enfrentar las diversas coyunturas. Un mismo programa puede interpretarse de distintas maneras cuando hay coyunturas específicas. Un ejemplo relevante es lo ocurrido en la discusión educacional durante el presente gobierno: son conocidas las distintas posturas que hemos tomado al interior del Frente Amplio en tales discusiones. Avanzaremos mucho hacia la unidad del futuro si nuestras decisiones deben responder no solamente a nuestras orgánicas, sino que también a quienes han protagonizado los procesos históricos que permiten que algo como el Frente Amplio hoy exista.

Fundar algo realmente nuevo y alternativo implica construir formas y prácticas de hacer política distintas a aquéllas que la Concertación nos enseñó como las únicas posibles. El Frente Amplio ha iniciado un proceso que tiene niveles de apertura inéditos para lo que acostumbran los partidos políticos chilenos. Sin embargo, debemos asumir con humildad que la organización social y sus luchas concretas es lo que ha convocado y politizado a cientos de miles. Concebir la participación como algo más que el ejercicio individual, sino que siempre priorizando la organización colectiva y asociada. Convocar no solamente a los “educados” para la vida política, a los de siempre, sino que incluir también a todos y todas los que han dejado la piel en cada uno de estos procesos de lucha. Esto también se juega cuando construimos programa.

Más aún. Lo que da relevancia al Frente Amplio no es su historial probo, ni las ideas más creativas o mejor trabajadas para transformar Chile. Tampoco lo es su juventud. Lo que nos distingue es que nuestra escuela política fue la lucha por nuestros derechos, que forjamos nuestras convicciones al calor de la movilización. Que cuando las papas quemaron, fuimos parte de los que estuvieron organizando asambleas, discutiendo petitorios, convenciendo a compañeros y compañeras de salir a marchar, craneándonos como torcerle la mano al gobierno, y llevando esas mismas ideas a la institucionalidad estatal. Tal trasfondo es nuestra identidad y es lo que convierte a nuestro proyecto en uno con potencialidad histórica.

Por estas razones como Izquierda Autónoma asumimos el proceso de construcción de programa del Frente Amplio con el objetivo de que en él se expresen los principales contenidos de los principales sectores organizados del país, el germen de una sociedad dispuesta a dar una batalla por la democracia y en contra de la mercantilización de los derechos. Que allí estén representadas las peleas por el derecho universal a la educación, por los plenos derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, por la salud pública y por un nuevo sistema de pensiones. Que se incorporen las demandas de la disidencia sexual, del nuevo sindicalismo y de las organizaciones ecologistas y regionalistas. Participar en el proceso es fundamental para fortalecer al Frente Amplio, pero al mismo tiempo, disputar sus contenidos es necesario para que nuestra participación electoral sea un paso adelante en socializar la política.