Bachelet entrega un país mejor que el que recibió en 2014. No más rico, pero tampoco más pobre. El desempleo se mantuvo en los niveles del gobierno anterior. La oposición argumenta que fue así gracias a trabajos precarios, y lo cierto es que en la sociedad que hemos construido son cada vez más quienes se las arreglan por su propia cuenta. Los centros comerciales siempre estuvieron llenos.

Los niños del Sename no están peor que antes, sino enervantemente iguales. La presidenta se va con la culpa de no haber avanzado lo suficiente, salvo en el nivel de furia. Si Piñera consiguiera rescatar la vida de esos niños, se ganaría varias merendinas. El gobierno de Bachelet no se caracterizó por su eficiencia; como diría un analista de la plaza, no cambió “las condiciones materiales de existencia” en la población más de lo que ya habían cambiado. El crecimiento económico fue mucho más bajo que durante el gobierno anterior (1,8% versus 5,3%), pero en casi todos los índices de desarrollo social –salario mínimo, hacinamiento, extrema pobreza, desigualdad- Bachelet 2 superó a Piñera 1. En enero de este año se vendieron más autos nuevos que nunca en la historia. La alta burguesía sufrió la administración que termina como una tragedia. Llegaron a convencerse de que Bachelet era casi Maduro, mientras multitudes de venezolanos llegaban a Chile escapando de él. Fue una pésima coordinadora de fuerzas políticas, y no obstante, mantuvo el país en calma. Mientras a los partidos les costaba cada vez más conversar entre sí, hubo un proceso de diálogos ciudadanos. Más de 200.000 personas se reunieron a discutir las normas fundamentales de su entendimiento futuro, y lo hicieron en calma, con la madurez que por esos mismos días le faltó a la clase dirigente para prestarles atención. A Bachelet sí le interesaban esos diálogos. Es posible que por ineptitud, falta de rigor y desencuentros políticos estas deliberaciones se las lleve el viento. El hecho mismo, en cambio, quizás el día de mañana sea recordado como un ejemplo pionero de participación ciudadana. Lástima que no llegara a puerto. Bachelet consiguió expandir los derechos individuales, la diversidad avanzó en reconocimientos, la educación como un derecho quedó asentada (aunque no resuelta) y parece que sin marcha atrás, cambió la matriz energética, multiplicó las hectáreas de parques nacionales y subió los estándares medioambientales. Difícil defender que hoy estamos peor que ayer.

Cambiando de tema: qué distintos son Piñera y Bachelet. Él procura ganar y rodearse de exitosos, generar riquezas, ser eficaz. Mejorar las cifras. Y por el bien de todos, ojalá lo consiga. Ella, en cambio, parece saber mejor lo que es la fragilidad, en qué consiste perder y llorar. Empatiza más con el débil que con el poderoso. La historia del hijo la tuvo en el suelo. Ya veremos cómo es recordado su gobierno, pero ella estoy seguro que será recordada como una mujer admirable.