El periodista y escritor argentino analizó el escenario de las próximas elecciones en su país con The Clinic y remarcó: "¿Qué sería mejor para Argentina? Yo creo que sería mejor que ganara Macri. Ahora, es imposible. No es racional que gane Macri".
"Me arrodillaba en las iglesias con la misma emoción con que leía poesía. Entonces tenía fe", dice Patricio Fernández en esta columna.
El escritor escogió a su líder y estas son las palabras que le dedicó.
Genaro Arriagada Herrera –a él le gusta presentarse con los dos apellidos- está muy lejos de ser un beato demócrata cristiano. Si algo lo liga en cuerpo y alma a ese partido, no es la religión, sino muy por el contrario, la descreencia en los discursos redentores. Es moderado, pero no aguachento. Defiende con énfasis y sin medias tintas, que la política es el arte de lo posible. “Pongamos las cosas en perspectiva. Partamos por lo importante”, me dice cuándo me apresto a hacerle la primera pregunta: “¿Qué nos vamos a tomar?”. Vuelve de la cocina con dos vodkas tónica, y frente a la mesa de centro del living de su departamento, donde hay varios libros –entre ellos Recuerdos del Pasado, de Vicente Pérez Rosales- y una lupa que no está de adorno. Genaro fue la cabeza de la campaña del No, pero ya lo tiene aburrido el asunto. Han pasado 30 años y 30 eventos conmemorativos para los que es número puesto. Es obvio que le reconoce al suceso una importancia capital en la historia política de Chile, pero aunque se sabe parte de una generación en retirada, como buen político, el pasado le interesa para entender el presente y el futuro. Hoy le parece que tanta devoción por la epopeya del plebiscito esconde una falta de proyectos. Genaro habla con libertad, sin demasiados cálculos, y eso se agradece.
El fundador de The Clinic se refiere en su espacio en el diario norteamericano The New York Times a la crisis en la iglesia chilena por los abusos de sus integrantes.
Ellis Island fue por décadas la principal puerta de entrada…
Tanto que le ha gustado denunciar inmoralidades y, cuando las tenía al lado, seguramente en nombre de Dios y de su santa Iglesia, las ha dejado pasar. Usted va a perdonarme, pero su discurso moral a estas alturas vale hongo.
Para clarificar las cosas podría ser útil prohibirnos por un tiempo el uso de ciertos términos gastados, hoy convertidos en commodities, y sustituirlos por la definición que cada cual les prefiera dar. Sacar del discurso palabras como “equidad”, “feminismo”, “libertad” e incluso “democracia”, porque como a estas alturas son patrimonio de todos y las usan por igual los miembros de la UDI, RN, la DC, el PC o RD, para rearticular las diferencias, es decir, la sangre de la política, habría que partir renovando el lenguaje.
No aceptan seguir siendo tratadas como minoría cuando según el último censo son 370.000 más que los hombres. De todos los movimientos sociales que han emergido en los últimos años, es sin duda el más abarcador. Ni los estudiantes ni los viejos tienen una audiencia de estas dimensiones. Atraviesa todas las ideologías políticas conocidas hasta hoy.