Es 22 de junio del 2015 cuando tocan a su puerta. Más que tocar, la golpean fuerte. Tanto, que sale volando, tal como después lo hacen sus dientes. Ese día lunes, según sus propias palabras, cambia su vida. De estar descansando tras un fin de semana de presentaciones en su circo, se ve en el suelo mientras cinco tipos le rompen las muñecas, piernas y dentadura. “Uno me dijo que le pidiera de rodillas. Lo hice, le supliqué por mi vida de que si me pegaba
me iba a morir. Me terminó pegando otro palo. Fue tremendo”, recuerda Mauricio Burgos (39).

Lleva más de 20 años en el transformismo, por lo que quizás pocos lo conocen por su nombre. Tal vez cambie si hablamos de Katiuska Molotov, su personaje con el que se ha presentado en cuanta discoteca hay en Chile. Sus presentaciones consisten en abrirse de piernas, girar en su propio eje y dar volteretas como gimnasta, a pesar de sus más de 100 kilos de peso.

“Lo más gratificante de esta carrera es el reconocimiento de la gente”, manifiesta Molotov en la casa de su hermana en Conchalí, donde vive desde que le dieron dos meses de recuperación después que cinco delincuentes entraran con palos y cuchillos al Circo Show Katiuska, su emprendimiento personal de hace cinco años.

Hoy lleva el pelo largo, rosado y rapado a los lados. Ella cree que su personalidad la ha catapultado a la fama y también, por ese reconocimiento, asume que la asaltaron. “Todos creen que andas con cerros de plata. Una vez me pusieron una cuchilla saliendo de una presentación en Bellavista. Casi me morí”, dice.

SIGUE SIENDO LA MISMA

Sentada en el living de su casa, Katiuska detalla que por dónde se le mire su vida no ha sido fácil. “A mí mamá nunca le conté que era gay. Ella lo intuía, entonces me pidió llorando que si iba a ser maricón debía ser el mejor”, dice.

A sus antecedentes médicos de hipertensión, diabetes e hipotiroidismo, el año pasado se le suma una insuficiencia cardiaca. Además, en un tiempo sufre de bulimia, vomitando cada cosa que come. Eso hizo que el año pasado bajara de peso, llegando a los 100 kilos, muy distintos a los 150 que ostentaba anteriormente. Algunos piensan que se operó para quedar así, cosa que niega.

Lo que sí es verdad es que hoy ya no vomita y no quiere bajar más kilos. “Es mi peso ideal, imagínate que pesaba 100 kilos cuanto tenía 15 años. Nunca bajé de eso, siempre subía. Entonces, ahora estoy súper bien”, asume con orgullo. 

Otra situación difícil ocurre en mayo del año pasado, dos meses antes del asalto y vapuleo. Ya instalada con su circo en Puente Alto, en una ocasión llega un tipo con una pistola en el pantalón. Pregunta por la administradora y ella, con la personalidad que la caracteriza, se presenta. El sujeto le explica que no quiere más ruidos porque vive cerca. Que tiene un hijo enfermo y que no lo dejan dormir. A la primera canción, balazos. Dicho y hecho.

“Pusimos música y llegó con tiros al aire. Nos asustamos y cancelamos la función”, rememora. Ese día no pudo pagarle a los trabajadores, “sus niñas”, porque se cancela de acuerdo a la jornada. Sin saber qué hacer, una le propone que se presenten en la calle. “Maricón cagado de la cabeza”, es lo primero que responde Molotov, aunque después le gusta la idea. Se presentan un viernes en el Persa Juanita de Puente Alto, siendo un éxito.

“El primer día hicimos 150 lucas. Al siguiente, 200. Le pagué a las niñas y decidimos ir el domingo”. Les fue tan bien que vuelven al fin de semana siguiente, mientras surgen las primeras críticas desde el mundo del transformismo.

“Había quienes no entendían cómo estaba trabajando en el persa si yo era del circo y las discos. No veo cuál es la razón de que tienes que estar sobre un escenario para brillar. Mi amor, vas a brillar donde sea. Si voy a ganar 100 lucas por hacer el loco en la calle, lo hago. Que me tiren al suelo y me arrastren”, sentencia Molotov.

A pesar de que asuma el asalto como el momento más trágico de su vida, mira el vaso medio lleno. “Tras los golpes, que me rompieran mis extremidades y me dejaran la boca sangrando, ahora tengo otra perspectiva de vida. Antes era puro trabajo todo el año, mi familia se iba de vacaciones y yo me quedaba en Santiago. Ahora no, quiero vivir mi vida, recuperar todos los años que perdí. Aunque la Katiuska sigue siendo la misma”.

ARTISTA INTEGRAL

En esta nueva etapa se le acaban los dedos para enumerar todo lo que la lleva a ser Katiuska. Ella confecciona todo lo que se pone, comprando tres pelucas para armar una a su gusto. “Cada dos semanas me hago la permanente en las uñas, que son como 16 lucas. No uso maquillaje de calidad, porque te echas tanto que tienes que ser cagada de la cabeza para usar MAC”, aclara. 

Su experiencia la lleva a ocupar trajes excéntricos, como de teletubbie, abeja o chinita. Para Molotov, un buen transformista es el que cautiva a su público, conociéndolo. “Si estoy en una graduación no voy a hablar del pico o de la zorra”, explica para hacer memoria. “Me ha tocado trabajar en casamientos, donde hueveo a los novios. También en la fonda del Chico Trujillo, que se hizo en el Chimkowe con 7 mil personas. Te confieso que me han tocado
despedidas de solteros, pero ahí es otra cosa”, dice con risa picarona.

Desde el asalto trabaja cuando quiere. Explica que, gracias a Dios y a la Virgen, si quiere puede tener trabajo todos los días. “Llamo a los productores, digo que puedo y punto. Por ejemplo, hoy no trabajaba, pero le comenté a uno que estaba en Santiago y listo”.

A Katiuska Molotov sólo le quedan dos lugares de Chile donde presentarse: la Isla de Pascua y la Antártida. Planea hacerlo, aunque hoy su prioridad es otra. “Lo único que quiero es llegar a The Switch y ganarlo”, confiesa con orgullo.

¿Cuáles son tus pergaminos?

Soy multifacética. Si tengo que cantar, lo hago. Si falta el quien tiene que animar, pesco el micrófono. El programa tendría que cambiar su formato porque lo único que buscaban era una cantante y eso no era transformismo. Se debe hacer de todo. Imagínate que llevaron a un cola, que no era chileno, que ni sabía ponerse tacos. Yo no mi amor, a pesar de todo lo que me pasó sigo siendo una artista integral.