“De pronto estoy emparejado, tengo un hijo y agarré una pega que es full time y de una demanda infinita. Digamos que se trata de una madurez tardía. A mis 43 años, luego de una larga juventud (antes estuvo en el Segundo Piso del primer gobierno de Piñera, fue asesor, analista, director ejecutivo de Horizontal y soltero contumaz) por fin estoy en un proyecto propio, con una casa propia y en un partido propio, que obviamente es un proyecto colectivo, pero muy comprometedor para mí”, asegura Hernán Larraín Matte mientras se acerca a la mesa en que conversaremos tomando vino. Además de político es cantante de cumbias: “canto por el placer de la fiesta. Soy celebracionista. Me gusta el 18, y como no creo en Dios, me importa pasarlo bien en esta vida”.

Las palabras que más repite durante la entrevista son “liberal”, “proceso”, “potente” y “clases medias”. Se reconoce parte de la centroderecha, aunque se distancia sin complejos de su historia. Reconoce que en el pasado esa tribu política tuvo por misión proteger los privilegios de la oligarquía, que apoyó una dictadura oscura, autoritaria y violadora de los derechos humanos y que, junto con sus hermanos, a un cierto punto, encararon a su padre –uno de los fundadores de la UDI y actual ministro de Justicia con quien comparte el mismo nombre- y comenzaron un “proceso” de conversaciones que los llevó a ellos a aborrecer del gobierno militar y a su padre a matizar sus posturas anteriores. Por momentos cuesta saber en qué se distingue la posición ideológica de Hernán de la de muchos izquierdistas.

Aunque no puede decirlo -“ahora que soy padre pienso en otros antes que yo y como presidente de Evópoli no es mi pensamiento el que importa, sino conducir al conjunto de nuestro colectivo”- da a entender que es partidario del aborto libre; se le ve más cómodo que a sus contendores defendiendo la obra de la Concertación y suscribe la importancia de distribuir lo más democráticamente posible el poder al interior de la comunidad. “Las nuevas diferencias entre derechas e izquierdas están en construcción. Lo está viendo el Frente Amplio y también nosotros, que llevamos apenas 5 años como movimiento y 2 como partido”.

Considera que sigue siendo un reto para la centroderecha encarnar en sus dirigentes eso que es parte central de su propuesta: el mérito. “La centroderecha va a ser exitosa en el largo plazo sólo si quienes representan su ideario son espejo de los principios que promueve, y personas que pertenecen a la primera generación de sus familias que acceden a la educación superior son quienes mañana la representen, y no vengan todos de colegios privados, sino del Chile emergente”. Ve al Frente Amplio como su contraparte en el juego político futuro. Entiende que un período histórico termina y que en ese otro que comienza habrá nuevos protagonistas, nuevos paradigmas y un país de clases medias por cuya confianza y complicidad tendrán que competir mano a mano y con propuestas frescas los políticos del mañana.

¿Qué es para ti ser de derecha?
Yo me declaro antes en primer lugar liberal, luego de derecha. Esto lo descubrí a los veintitantos. Antes era de derecha porque repetía lo que escuchaba en mi casa, pero a medida que fui teniendo una personalidad política más propia –lo que ocurrió estudiando ciencias políticas- encontré en el mundo liberal una producción de ideas que me hizo sentido. Entonces hice confluir este liberalismo con la tribu en la que me tocó nacer y crecer, y frente a la cual me rebelaba…

¿Contra qué te rebelabas?
Desde ya, respecto de la posición frente a la dictadura.

¿Tú no fuiste un niño pinochetista?
Probablemente defendí el SÍ en primero medio. Ya en la universidad entendí que lo que había escuchado era muy distinto de la realidad; conocí un mundo de izquierda, familiares de detenidos desaparecidos y todo esto detonó una postura muy crítica. Esta situación crítica estalló en mi casa, con mis hermanos, porque no sólo me ocurrió a mí.

¿Cómo fue eso?
Empezaron preguntas como “¿qué fue lo que ocurrió en realidad?”, “¿por qué nosotros hemos escuchado sólo esta parte de la historia?”. Fue para todos un proceso -para mi viejo, por de pronto- asumir que la dictadura había sido lo que hoy día comprendemos todos. No simplemente un gobierno militar.

¿Te ha complicado llevar el nombre de tu papá?
Me complicó, pero afortunadamente ese trauma lo superé. Cuando más joven sentía una carga y que la gente se relacionaba conmigo como hijo de mi padre.

¿Y políticamente?
Hoy me siento súper liberado y parte de un proyecto político propio, que hemos construido con otros, pero que no tiene que ver con mi padre.

¿Qué tiene en común y en qué se diferencia ese proyecto político del de tu padre?
Por lo pronto habría que decir que él también ha vivido una evolución. Hoy es un ministro de Justicia que está llevando adelante una nueva Ley de adopción que incorpora a las familias homoparentales. Los cambios culturales que está viviendo Chile son muy rápidos y potentes. Y hoy ser político pasa por tener la capacidad de liderar a ese país.

¿Pero te sientes heredero de la tradición política de la que tu padre es parte?
Sí y no. Me siento heredero de una tradición que tiene vocación por lo público, que entiende la política como una actividad importante cuando está siendo muy poco sexy. En mi familia la política es una actividad que, históricamente, muchos han practicado, pero al mismo tiempo me siento bien autónomo al hacerme cargo de los desafíos de mi época y no de otras.

Si tu papá es ministro de Justicia, ¿corresponde que tú, con una historia política propia e independiente, veas vetada la posibilidad de estar en el gobierno? ¿O es un costo a pagar?
Sí, es un costo que me corresponde pagar. Si Evópoli quiere ser consistente con el mensaje que da, y esto es que el mérito genera recompensa y no los privilegios heredados, me parece razonable que si mi padre es ministro no me toque a mí estar en otro puesto de primera línea en el gobierno. Mi padre fue por 24 años senador por el Maule Sur, y cuando se plantearon las candidaturas de Evópoli muchos me dijeron “¡tate!, ándate de diputado a Linares; es muy fácil que salgas”, al interior del partido nos miramos y dijimos “no, porque si queremos defender un ideario meritocrático debemos dar el ejemplo”. Yo he preferido tomar un camino largo, sin atajos.

Sacando las violaciones a los derechos humanos, ¿qué más te carga de la dictadura de Pinochet?
El mundo de la dictadura, visto desde hoy, resulta oscuro no sólo por las violaciones a los derechos humanos, sino porque no había libertades, no podías expresar tus pensamientos, había un orden vertical, militar, no se podía disentir y por lo tanto no había diversidad. No existía pensamiento crítico.

¿Y por qué seguiste en la derecha? Tú dices que te rebelaste, pero estás ahí.
Tampoco encontraba en la izquierda una casa. Y si bien no tenía muy claro lo que significaba ser de derecha y sabía lo que me molestaba, sí entendía que ése era mi grupo de pertenencia. A los veinte por supuesto que me pregunté si acaso no debía ser de izquierda, y tampoco apareció una respuesta clara de por qué debería ser de izquierda. La derecha era mi lote, mi grupo, pero tenía muchas diferencias con ellos; abrazaba la libertad económica, pero había cosas que no compartía, y la verdad es que mi idea de derecha era muy corta en ese tiempo. La izquierda me era una tribu muy ajena. Ninguna de las dos tenía un gran significado, y por lo mismo, el liberalismo sí me fue haciendo sentido.

¿Tú crees en Dios?
Fui educado en una familia católica y fui muy creyente, pero en la universidad comencé a alejarme. Desde hace algunos años me declaro directamente ateo. Todo sucedió muy lento. No fue que leyera un libro y cambiara todo. Han sido procesos debatidos, conversados.

O sea, con la religión sí que rompiste.
Ahora bien, si mis padres pertenecen a la derecha tradicional, mi abuelo paterno era falangista, fundador de la DC, y mi abuelo materno –Arturo Matte- fue socialista, marxista leninista. O sea, también había otras tribus. Por parte de mi vieja también somos parientes directos de Jorge Alessandri. Que mi abuelo haya sido socialista me ayudó a sentir en algún momento que yo podía elegir. No estaba condenado a una tradición: podía preguntarme quién soy.

¿Te tocó algo de la herencia de esa izquierda o es un dato no más?
No fue una experiencia viva políticamente, porque mi abuelo materno murió muy joven, y si bien el otro abuelo era DC y anti pinochetista, la política no era algo muy intenso para él. Manejaban las diferencias con mucha formalidad, a diferencia de lo que le pasó a él con sus hijos, que lo increparon. Mi viejo abrió una conversación. Nos educó en el argumento, en los hechos, en el debate abierto. Algo debe explicar que con mis hermanos hayamos salido políticamente tan diversos. Y en los oficios que hacemos. Mis padres, que son muy tradicionales, permitieron que sus hijos construyeran sus propios proyectos de vida y eligieran sus propias ideas.

Es curioso, pero los UDI no tuvieron hijos UDI.
Eso es bastante así. Los hijos de la UDI han salido bastante más diversos que la matriz de la que provienen. Hay un factor que les es común: todos estos hijos comenzaron a tener conciencia política en el retorno a la democracia, y yo creo que fueron muy conscientes de que sus padres habían pertenecido al régimen, de modo que hay una construcción de personalidad propia en esa generación. Yo, llamándome Hernán Larraín, decía “soy distinto” y “voy a elegir mis propias ideas”.

Lo extraño es que se distancian, pero no se van.
No todos. Mi hermano Pablo cruzó la frontera. Otros que se fueron liberalizando se quedaron, en parte, porque esa derecha fue cambiando. Hoy se puede ser de centro derecha, liberal y pertenecer culturalmente a un mundo distinto de ellos sin abandonar la derecha.

¿Tú dirías que hay una descendencia de esa derecha que de verdad cambió? ¿Que es muy distinta de la de sus padres? Si es así, ¿en qué consistiría ese cambio?
Felipe es hijo de Miguel Kast, yo soy hijo de mi viejo… Hay que tener cuidado con las generalizaciones. Quizás se trate de casos puntuales.

Entonces veámoslo en ustedes mismos, en Evópoli. ¿Son simplemente la derecha joven, como lo que fue Allamand y la pandilla juvenil hace 30 años? ¿O hay un corte?
Intuyo que es un proceso de renovación intelectual y política que emerge desde la propia derecha y que en parte es hijo de su época, de un país que abrazó la libertad y la modernidad en todas sus dimensiones. Nosotros nacimos y empezamos a vivir un proceso con el país entero. Evópoli es un movimiento más liberal y moderno que construye una derecha más diversa, que tiene una conexión con la historia de la derecha, pero que también se hace cargo de sus propios tiempos, y de los desafíos de esos tiempos.

¿Sientes a Evópoli, en ese sentido, tan hijo de la derecha como de la Concertación? ¿Cambia el eje?
Yo creo que hay un cambio de eje.

¿En qué consistiría?
Evópoli se siente cómodo cuando mira a un Ricardo Lagos, un mundo socialdemócrata que hizo una pega potente con la Concertación y nos llama mucho la atención cuando el Frente Amplio y ese mundo denuesta todo lo que se hizo en esa época. Yo creo que hubo mucho coraje en esos líderes y hoy hay quienes tienden a simplificarlos y minimizarlos, o incluso cuestionarlos.

Lagos me resulta un personaje muy valioso, que encarna una izquierda moderna. Yo sí recuerdo cuando apuntó con el dedo a Pinochet, y yo, que era un pendejo, quedé helado. Él fue para mí un tipo que me abrió la cabeza. Fue capaz de increpar al dictador. Y cuando fue presidente habló del mundo, de cultura, de eliminar el divorcio, de darle igualdad a los hijos legítimos e ilegítimos. Hay cambios culturales que trajo la izquierda que son muy profundos y que considero muy significativos.

¿Pero a Lagos lo consideras respetable o ves en él una complicidad de proyecto?
Visto en perspectiva, junto con valorar al líder político que fue capaz de increpar a Pinochet y reconstruir una izquierda, comparto ideológicamente mucho de lo que representa.

El año 1998, cuando era candidato, era el monstruo de la izquierda que volvía.
Era la amenaza socialista.

¿Te resulta lejano lo que representaba entonces la derecha?
Por supuesto.

¿Y esa derecha cambió entera o tiene sólo un brazo joven que cambió?
Yo crecí con una derecha que tenía por única misión contener los avances de la izquierda, pero hoy el gobierno se hace cargo de los movimientos sociales, del feminismo y les da cauce. La derecha ha vivido un proceso evolutivo y Sebastián Piñera y este segundo gobierno suyo hablan de una derecha democrática, que cree en los cambios y no sólo en el statu quo. Veo una capacidad para sintonizar con una sociedad mucho más compleja, y Evópoli es parte de este proceso. No creo que seamos una excepcionalidad, sino parte de este desarrollo de una centro derecha que se ha complejizado y que está volviendo a pensar luego de una transición en que, como dice el libro de Mansuy, dejó de hacerlo.

¿Cómo ve Evópoli el Chile de hoy?
Mi primera aproximación es positiva. Este país ha avanzado a ser cada vez más democrático, más abierto a la diversidad, a la diferencia, abraza los cambios, promueve reformas, no pretende que todos vivan de una cierta manera –o al menos es lo que promovemos nosotros- y creo que hay un triunfo cultural muy profundo que pocas veces se releva, y es que hoy día existe libertad al interior de la centro derecha en materia valórica. No es un mínimo común estar en contra del aborto ni de la ley de identidad de género o del matrimonio igualitario. Hoy los mínimos comunes están en la libertad, la democracia, la economía abierta… Pero en materias culturales hay libertad de acción, y ése es un cambio muy profundo.

Digamos que es un territorio en disputa. No toda la derecha está contenta con los cambios que están sucediendo. Votaron en bloque contra el aborto por las tres causales.
Está bien, pero a mí me parece que la libertad de acción en términos valóricos es irreversible. Hoy la UDI y RN conviven con Evopoli, y al interior de RN hay un grupo liberal y al interior de la UDI existe una generación más abierta y moderna. Entones se complejiza la centro derecha. Ya no tiene una cara, sino varias caras. La libertad que tanto promovió en lo económico terminó teniendo consecuencias culturales en toda la línea.

¿Y cómo puede esta derecha de Evópoli estar aliada con José Antonio Kast?
Es parte de una coalición amplia y diversa que tiene sectores más conservadores y tradicionales, pero donde también hay espacio hoy para los liberales. La diversidad ya es parte de la centro derecha.

¿No hay una distancia que de pronto se va volviendo abismal y que en algún momento habrá que repensar?
Hasta ahora yo no he visto en José Antonio Kast algo que me impida estar en la misma casa con él.

¿Y dónde radica la complicidad para seguir juntos?
Yo creo que la centro derecha tiene un principio común que la diferencia de la izquierda, que es muy profundo: tiene la convicción de que el cambio social pasa primero por las personas y la sociedad, y no por el Estado. La izquierda cree que el motor del cambio es el Estado, y que desde ahí los políticos saben lo que la gente quiere y necesita. Es una visión igualitarista, paternalista, asistencialista, de la cual yo me distingo profundamente. José Antonio hoy es capaz de convivir con sectores liberales, gente que le dice dictadura a la dictadura y que condena las violaciones a los derechos humanos. Esos me parecen mínimos importantes. En todo caso, hablar de la derecha hoy en día no es correcto, porque existen varias derechas. Si a mí me hubieran dicho en los años 90 que la derecha sería un sector abierto, democrático y diverso, con conexión con las mayorías sociales, habría dicho “pago por ver”. La derecha siempre fue una minoría. Su origen es la conformación de grupos políticos para proteger los intereses de la oligarquía.

¿Y dejó de serlo?
Dejó de serlo. Todavía no del todo, pero cada vez está más cerca de defender un ideario.

Un ideario que consiste en…
Los principios que progresivamente van formando parte de este ideario son la democracia, la economía libre, una agenda social potente y la convicción de que las oportunidades deben ser abiertas y para todos.

¿La Democracia Cristiana debiera formar parte de ese mundo?
La DC respondió políticamente a un momento histórico y hoy está viviendo un declive en que no es capaz de dar respuesta al Chile actual.

Mariana Aylwin, Burgos, Andrés Velasco… ¿Los consideras parte de este ideario de la derecha actual?
Ellos jamás van a sentirse de derecha, en parte porque la dictadura marcó a rajatablas diferencias muy difíciles de borrar. Pero yo creo que ellos comparten los principios de un proyecto liberal que hoy está mucho más cercano a una centro derecha moderna que a lo que está ocurriendo en la izquierda.

Creo que, de hecho, al menos culturalmente, somos parte de un mismo ideario.

¿Y hasta dónde llega ese concepto de derecha que te gusta a ti y a Evópoli? ¿Hasta el PPD, Ricardo Lagos…?
El problema de tu pregunta es que utiliza categorías antiguas para responder a variables que se están construyendo.

Lleva la pregunta a tus categorías.
En mis categorías las nociones de izquierda y derecha tradicionales están obsoletas. Son significantes sociológicos que ordenan la cancha en un lado y el otro, como si fuera un partido de fútbol. Pero respecto de las ideas que están en el sustrato de una centro derecha moderna, ellos son parte. Creen en la democracia representativa, en la economía libre, en las reformas, en el gradualismo, descreen del populismo, del estatismo…

¿Si ayer el eje era democracia y dictadura, y antes, capitalismo y socialismo, cuál es el eje de la discusión hoy, lo que pone a unos acá y a otros allá?
Hay una cuestión ideológica bien sustancial entre las nuevas generaciones políticas, y el Frente Amplio, que tiene un proyecto y líderes muy atractivos, abraza un grupo de ideas muy nostálgicas de una izquierda incapaz de renovar su ideario. La pregunta por hacerse es por qué hoy la centro derecha es capaz de hacerle sentido actualmente a una mayoría social. Aunque te aclaro que la sociedad hoy no es de derecha ni de izquierda, sino indiferente a esas categorías. Mi impresión es que las personas quieren construir su propio proyecto de vida, tener más libertad y más reconocimiento, que el mérito y el esfuerzo sean las variables fundamentales y no los privilegios heredados. Estos, creo, son los retos de conducir a una sociedad de clases medias. El punto ideológico es quién tiene las herramientas para darle una mejor respuesta a esa sociedad técnicamente más despolitizada de las categorías izquierda-derecha, pero que sí quiere mejor salud, educación, mejor convivencia, una democracia más transparente, etc.

Yo creo que una izquierda moderna debiera aspirar a repartir el poder de la manera más igualitaria posible.
Y yo comparto esa bandera.

¿Una mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo?
Yo creo que sí.

¿Hasta determinadas semanas de embarazo una mujer puede decidir si tiene o no un hijo?
Estoy de acuerdo con el aborto por tres causales y comparto el principio de que el derecho es de la mujer.

¿Se cuenta contigo entonces para discutir el aborto libre, pro choice?
Aquí te voy a dar una respuesta políticamente correcta: como presidente de Evópoli, debo representar a un partido que es parte de una coalición que está abriendo la cancha, y por ende las conquistas sociales y culturales y de libertades individuales son un proceso, y ya vendrán las siguientes batallas, más allá de mi posición personal. Desde que asumí la presidencia de Evópoli me ha tocado asumir que mis propias posiciones no sean las que se impongan, sino que debo darle conducción a un lote y que todos estén representados.

¿Pero en Evópoli es una discusión posible?
Hace como dos años, Chile Vamos, coalición que estaba naciendo, discutió un documento sobre cuáles eran los mínimos por consensuar, y Felipe Kast, estando en contra del aborto y nosotros a través de Horizontal, dimos la pelea para que el aborto no fuera un mínimo común de Chile Vamos. Fue un modo de abrir la posibilidad a los avances en materia de libertades individuales al interior del conglomerado. Un avance inmenso.

SEBASTIÁN PIÑERA

Tú, que trabajaste con él en el 2do piso y lo conociste bien, ¿podrías describir a Piñera?
El que hoy gobierna, con más canas y menos tics, más jefe de Estado que jefe de gobierno, que tiene más sentido de lo público y se siente menos protagonista permanente en los medios, que cuida de las formas y el lugar del presidente… Yo creo que Sebastián Piñera ha vivido una maduración política muy potente. Sus capacidades son conocidas, lo nuevo es que ha aprendido una dimensión más social y más empática –siendo quien es-, le ha sumado capas al personaje que lo han vuelto más sensible al Chile actual, un país mucho más complejo que antes. El primer Piñera era solucionático, hoy busca empatizar y entender las causas. Está atento a las nuevas preguntas, y lo ha demostrado en relación al movimiento feminista, por ejemplo.

¿Sebastián Piñera representa eso a lo que aspira Evópoli? ¿O es un paso previo?
Desde ya, él es un político que será histórico en la centro derecha, solo por el hecho de haber sido dos veces Presidente de la República. Y durante su segundo gobierno se están construyendo los principios de un ideario que va mucho más allá de la derecha tradicional y que busca abrirse a un sentido común de lo que es el Chile moderno, para darle cauce a eso. Están las condiciones dadas para que esta derecha abra un nuevo ciclo político. Así como la Concertación fue capaz en el pasado de protagonizar un ciclo en que recuperó la democracia, mantuvo políticas que permitieron la reducción de la pobreza y todo lo que conocemos, la derecha debiera hacerse cargo de la próxima etapa.

¿Y suscribes con Chahuán que esta instalación ha sido pésima?
No.

¿Qué le pasó a Chahuán?
Él se equivoca en el fondo y en la forma de sus declaraciones. Si queremos ser una coalición capaz de gobernar, tiene que entender que el Estado no es un botín de campaña y que los partidos políticos deben cambiar su forma de entender al Estado, lo que es muy complejo. Lo suyo fue una muestra muy gráfica del tipo de política que debemos dejar atrás. Debiéramos avanzar –como en Inglaterra, Nueva Zelandia y otros- a que sean cada vez menos los funcionarios que cambian con cada nuevo gobierno. Los países desarrollados hoy tienen estados profesionales que son permanentes.

EL MOVIMIENTO FEMINISTA

¿Qué opinas tú del movimiento feminista que estamos viendo?
Es un movimiento histórico. Estamos viviendo una nueva ola que no sólo es local, sino global, y yo, como hombre, me declaro en un proceso de aprendizaje. No tengo grandes diagnósticos, me he dedicado a leer y a escuchar, especialmente a mujeres que han reflexionado sobre esto. En Evópoli estamos participando de varios conversatorios más que salir a decir qué es lo que hay que hacer.

¿El feminismo no es de izquierda?
Nooo. Las diferencias, las discriminaciones y los abusos son muy anteriores a la existencia de nociones como capitalismo, socialismo, izquierda o derecha, que tienen dos siglos. La mujer ha sido doblegada culturalmente por los hombres históricamente.

¿Crees que son útiles las leyes de cuotas para ir igualando las cosas?
A los liberales en principio no nos gustan las cuotas, y a mí tampoco. Hay que buscar fórmulas distintas, pero excepcionalmente creo que se justifican. Las hemos propuesto, por ejemplo, para el pueblo mapuche en el Congreso, de modo que tenga una salida institucional ese conflicto. Pero es una situación excepcional.

Evópoli sigue siendo un partido bien masculino, a decir verdad.
Gloria Hutt es ministra de Transporte, Lorena Recabarren es subsecretaria de DDHH, y Valentina Verbal, que es una intelectual clave en Horizontal, también es de Evópoli. Nuestra secretaria general es Luz Poblete. Tenemos la senadora Carmen Gloria Aravena, por la Araucanía. Y lo que está ocurriendo obligará a los partidos sí o sí. Yo intuyo que para las próximas elecciones los partidos superarán por mucho la ley de cuotas en materia de mujeres y no cumplirán simplemente de manera formal con la ley. Evópoli tuvo un consejo general el fin de semana pasado, y se elegían 15 cargos para la comisión política, y la gran sorpresa fue que las mujeres, de manera transversal a los distintos grupos, se impusieron en la votación y se hicieron presentes desde una perspectiva de género. Yo creo que esa es una gran señal. Un triunfo del movimiento feminista. Intuyo que en las próximas elecciones los chilenos y las chilenas votarán por mujeres.

O sea, los movimientos sociales son importantes.
Siempre. Los movimientos sociales hablan de democracias que están vivas, que la política no sólo pasa por los partidos. Hay que leer eso y aprender. Distinto es que los movimientos no pretendan únicamente fijar su agenda –que es su misión- sino también definir cuáles son los cambios. Existen instituciones, partidos, electores, votos… Los movimientos sociales son potentes, pero deben tener conducción institucional. Por eso vale la pena relevar que el movimiento del 2011, que pudo tener como resultado un grupo de líderes sociales que se mantuvieran en la calle, terminó con sus dirigentes en el Congreso, que es una institución muy desprestigiada. Chile, finalmente, cree en la política y las instituciones. Ahí están Camila Vallejo, Karol Cariola, Gabriel Boric y Giorgio Jackson.

¿Ustedes se sienten parte, de alguna manera, de eso que nació en 2011?
Después de la Transición, el hito que abre lo nuevo, un ciclo aún en proceso de formación, fue el 2011. Evópoli fija su atención prioritaria en los niños, de algún modo en reacción a ese mundo que quería que todos los recursos se fueran a la gratuidad universal en la educación superior. Eso a nosotros nos parecía injusto.

¿Cómo ves a la oposición hoy en día?
Creo que está viviendo una crisis bien profunda. Creo que no ha hecho la autopsia, que no se ha enfrentado a sí misma, no ha dicho aquí hubo una época, una etapa y entendamos por qué murió. Fue un proyecto que respondió a un tiempo, y Chile cambió cultural y socialmente. Y la izquierda tiene que preguntarse cuál es su nuevo proyecto a la luz de su ideario para el Chile actual. Qué propuesta convincente tiene para estas clases medias. Nosotros cuando perdimos el gobierno nos hicimos una autopsia: ¿por qué perdimos? ¿por qué fracasamos? ¿por qué no nos proyectamos? Y concluimos que la gestión, el crecimiento y la eficiencia son solo parte de lo que significa gobernar, y que es muy importante tener un proyecto político con reformas, con cambios, con agenda social y con buena sintonía con la sociedad presente.

¿Qué personajes interesantes ves en la oposición?
Al interior del bacheletismo no veo nombres con capacidad presidencial o como para conducir esta realidad nueva. Más bien los veo en el Frente Amplio.

¿Te daría miedo que gobernara el Frente Amplio?
No, no me da miedo. Ha demostrado ser democrático, creer en las instituciones, estar en el Congreso y ser parte de una izquierda que acata las reglas, incluyendo al Partido Comunista. Miedo, ninguno. Ahora bien, la pregunta sería cuáles son los líderes capaces de articular una conversación más amplia, con visión de largo plazo, y teniendo grandes diferencias con él, al que veo es a Boric.

¿Y en la derecha?
La pregunta presidencial en la derecha es atemporal. Y en términos de liderazgo, es una cancha abierta, lo que me parece bien, porque habla de cierta vitalidad. Están Lavín, Ossandón, Felipe Kast, Alfredo Moreno, eventualmente ministros que surjan como figuras potentes… creo que Gonzalo Blumel dará que hablar en el futuro. La centro derecha está con capacidad de renovación y tiene una coalición. Si el gobierno va haciendo bien las cosas, estos líderes debieran ir posicionándose. No tengo recuerdo en la historia de Chile de que la derecha haya estado en esta posición: en el gobierno, con varios líderes jugando, etc. Soy relativamente optimista.

¿Y a ti te imaginas postulando un día a la presidencia de Chile?
Nooo. Noo. No. Nunca me lo he planteado. Me parece más interesante ser parte del diseño y la arquitectura de una centro derecha moderna y liberal.