Lectura de foto: Ángel serrano junto a Liliana Cortes, directora de Súmate.

“A esa celebración hay que ir con cajas de Kleneex, con cientos de pañuelos, porque la emoción es grande”, cuenta el licenciado en química Ángel Serrano Almodóvar (59), devenido en profesor de matemáticas por amor a su mujer. Por ella se quedó en Madrid, una vez recibido, en lugar de volver a La Mancha. Así, hizo carrera como maestro hasta convertirse en 2009 en Director General del Centro de Formación Padre Piquer y Coordinador de la Formación Profesional de los colegios Jesuitas de España.

Ahora, Ángel Serrano acaba de estar en Buenos Aires y en Santiago, dando conferencias y clases sobre una de las experiencias de educación inclusiva más exitosas de España, la del Centro de Formación Padre Piquer. Con 50 años de existencia, bajo la dirección de la Compañía de Jesús, el establecimiento educacional congrega a más de mil alumnos, de 40 nacionalidades y 8 religiones. Son hijos de migrantes, de alta vulnerabilidad, que en los años 90 alcanzaron un máximo histórico en Madrid. “Es ahí, cuando un grupo de profesores se planteó la necesidad de cambiar el modo de educar que ya no daba respuesta a la pluralidad que se vivía en las aulas”.

Hoy ese nuevo modelo inclusivo es todo un éxito y se refleja en esa única eucaristía de aniversario que se celebra en febrero y que tiene un carácter ecuménico, de completa integración, según cuenta Ángel Serrano. Un evento al que, como advierte, hay que asistir con cargamentos de pañuelos, porque es emocionante ver a “chavales musulmanes, a chicas gitanas, a muchachas con velo, participar de la misma celebración, con igual entusiamo y compromiso. La inclusión es el pilar básico de nuestro modelo, con el que hemos conseguido un nivel sobresaliente de calidad educativa. La diversidad se entiende como fuente de enriquecimiento para toda la comunidad del colegio y los alumnos se convierten en los verdaderos protagonistas de su aprendizaje y disfrutan con ello”.

Evitar que abandonen

Mientras come una ensalada, en un restaurante cercano a la Universidad Alberto Hurtado, que fue la entidad que lo invitó a Chile a dar clases a profesores, tarea que desarrolló durante cinco días de 4 de la tarde a 9 de la noche, nos explica las claves del Piquer, que es referente de calidad educativa en la Comunidad Europea. “Se trata de que los jóvenes lo pasen bien y aprendan. Así de simple. Pero está muy arraigada en nuestra cultura, en las autoridades, la idea de que la letra con sangre entra, lo he visto en mi país, en Argentina y aquí en Chile. Que el colegio debe ser jeráquico, riguroso, exigente, que las materias entran por repetición y memorización. A partir de los 12 años, no se ve bien que los chicos aprendan y se diviertan haciéndolo. Cuando eso sucede, se genera desconfianza. Hay una enorme falta de miras”.

-¿Cómo se combate esa idea tan instalada?
-Con decisión. Porque también son muchos los que quiere otra escuela, que quieren decir chao a la estrictez, a la rigidez, al trabajar por las pruebas, por el SIMCE o para la PSU, como las llaman acá.

-¿Cómo lo han hecho ustedes?
-Mirando mucho más allá de las pruebas, entendiendo que la educación está al servicio de algo. No podemos trabajar sólo memorizando los libros de textos. Y en los últimos 20 años, poniendo los mejores recursos, los de avanzada, al servicio de los que menos tienen. A todos nuestros niños se les pone un Ipad en sus manos, entregado por el colegio, y lo cuidan con su vida, aunque son chicos que viven en una chavola y podrían venderlos. Esos recursos tecnológicos demuestran que las diferencias que impone la pobreza en todos los sentidos, con un buen proyecto educacional, enfocado en retener, no en expulsar, funciona, logrando calificaciones de calidad altísima.
Ventillas se llama el barrio cercano a la Plaza de Castilla, donde se levanta el Centro de Formación Piquer, a un lado de la emblemática vía La Castellana que cruza Madrid. “Es un sector de pobreza, de migrantes, pero que no se ve, poque eso nos pasa como sociedad, que no queremos ver a los pobres. Al otro lado de La Castellana, se ubica otro colegio jesuita, que es el más caro y cotizado de los de la Compañía en Madrid. Es similar al San Ignacio de Pocuro, que tiene ustedes acá. Ambos colegios están a 500 metros de distancia y tiene realidades sociales completamente diferentes”.

-¿Y no se mezclan? ¿No comparten aprendizaje?
-Ahora sí. El colegio pobre ha cedido al rico muchos recursos y aprendizajes a partir de su modelo. Increíble, ¿no? Es que para cambiar el mundo, hay que estar en todos lados. Piquer tiene una heterogeneidad inmensa y ese es un tremendo valor. No se mira al ombligo; mira al mundo. Estan las niñas con velos, a las que cuando cumplen 16, muchas familias mandan a sus países de origen porque están “prometidas”. Nosotros intentamos retenerlas para que no dejen de estudiar. Eso lo hemos conseguido de a poco, lo que representa un cambio cultural muy fuerte. Ella son hijas de mujeres que ni siquiera saben leer y escribir, y hoy están a la par que las del colegio de enfrente en oportunidades de seguir aprendiendo. Este cambio representa una pequeña rendija en una puerta de libertad que se está abriendo. La verdadera riqueza del colegio es que está en el mundo real.

La Ley Aula Segura

El 80 por ciento de los alumos del Piquer son de alta vulnerabilidad. “No tienen nada, pero hoy, estudiando, pueden conseguirlo todo”. El coste -“costo, como dicen acá”- anual por alumno es de 6 mil euros (más de 4 millones 600 mil pesos). Es decir, una mensualidad de más 500 mil pesos, considerando un año escolar de 9 meses, de la cual sólo un 33% de los padres paga un pequeño porcentaje mensual, cercano a un 12%. “Ese monto cubre el valor del recurso tecnológico, del Ipad”, explica.

-A ustedes que han prescindido de los textos escolares los debe “adorar” Santillana -ironizamos.

Ángel responde:
-Nos aprecian mucho. Incluso Santillana nos financia videos educativos que difundimos acá en Latinoamérica. Ellos se dan cuenta dónde está el futuro en materia de la educación de estas nuevas generaciones.

-¿Cuál es la impresión con que te vas después de haber conocido escuelas en sectores vulnerables y experiencias educativas de inclusión en Buenos Aires y en Santiago, donde conociste los colegios de reingreso de fundación Súmate del Hogar de Cristo?
-Me impresiona que a uno y otro lado del Atlántico el contexto y las miradas sean similares, así como la convicción de que otra escuela es posible. El qué hacer en educación hoy está claro, la divergencia está en el cómo. Nosotros hemos luchado por décadas contra las barreras sociales, administrativas, curriculares, que parecían imposibles de quebrar, pero lo hemos logrado a partir de los resultados.

Ángel se declara impresionado con su percepción de la crisis económica y social en Buenos Aires, pero al mismo tiempo se declara optimista. “Nosotros empezamos a trabajar en la etapa más dura de nuestra crisis económica, y salimos adelante fortalecidos. En la adversidad, surge la creatividad”, declara. Y respecto de Santiago comenta que le llaman la atención las pautas de los noticieros, centradas en lo policial. “¿No hay noticias positivas en este país, cosas distintas a los asaltos?”.

-¿Sabes algo de la Ley Aula Segura, una reacción a graves incidentes de violencia, con encapuchados, armados de bombas molotov, con que han quemado a profesores o han caído en edificios residenciales aledaños a los llamados “liceos emblemáticos”?
-Algo, sí. Me pregunto: ¿Cuántos liceos hay en Chile y en cuántos se han producido estos actos de violencia? Me imagino que estos últimos son muy minoritarios y, en ese sentido, es muy lamentable que se busque resolver un fenómeno tan grave desde la sanción, la medida punitiva, la expulsión, sin investigar qué hay de fondo. Esa es una deuda, porque sabido es que ese tipo de medidas no solucionan nada -sentencia el especialista manchego.