Hace dos años le llegó un e-mail al filósofo Ricardo Espinosa Lolas (Playa Ancha, 1967) que decía así: “Debo confesar que he leído el manuscrito no sólo con admiración, sino que también con envidia. ¿Cuántas veces habré pensado «cómo puede ser que no llegara yo a esta conclusión crucial»?”. El firmante era nada menos que Slavoj Zizek, posiblemente el intelectual más famoso (y controvertido) de Occidente desde hace una década.

Se trataba del libro Hegel y las nuevas lógicas del mundo y del Estado. ¿Cómo se es revolucionario hoy? (AKAL 2016, Seg. Ed. 2017), volumen que, a pesar de lo académico que puede resultar el título, alternaba humor, pop y teoría de vanguardia para proponer un hackeo al sistema económico que, para él, incluso sus víctimas empiezan a defenderlo. En España a los cuatro meses de salir el libro ya se había agotado y nació la segunda edición; y ya suma más de 25 presentaciones en España, Francia, Centroamérica, Argentina, etc. Una decena de libros (que explora desde Zubiri a Nietzsche) y membresías en instituciones como Goldsmiths (Londres) lo justifican.

En Chile, acaba de publicar Capitalismo & Empresa. Hacia una Revolución del NosOtros (Libros Pascal), donde una banda de superhéroes/rockeros glam (Hegel, Marx, Lenin y Zizek) miran al lector listos para la acción. Forma parte de una trilogía que el propio autor describe como hecha “para desactivar este capitalismo hacendal, vulgar, que nos vuelve soldados de patrones de fundo como Putin, Bolsonaro, Trump o Savini”. Y acaba de salir a la venta en España Zizek Reloaded, libro coeditado (también por AKAL) junto a Óscar Barroso (filósofo español), que sintetiza un simposio en honor del esloveno que terminó siendo su amigo, tal como Antonio Negri (que realiza el Prólogo de Capitalismo & Empresa), otro peso pesado del activismo político y del pensamiento biopolítico o Eugenio García (el Epílogo del libro), cerebro de la campaña del “No”.

Su centro de operaciones es Valparaíso y desde ahí se dispara a Barcelona, París, Buenos Aires, Madrid o Londres, etc.

¿Cómo nos metimos en todo este lío de los Bolsonaros o Trumps?

Vivimos un capitalismo hacendal y militarizado. Ya no es tardío. Es un capitalismo tipo Piñera en la actualidad (aunque hay versiones más horrorosas como la de China y es la que se está ramificando por todas partes: autoritarismo capitalista junto al enjambre de soldados), de patrón de fundo que exportamos al mundo, con personas atrapadas en su subjetividad en el goce individualista (pero Lacan-Zizek se quedan cortos), sin vínculos con el tejido socio-histórico y donde hasta el más pobre se siente emprendedor, hasta el punto de volverse un soldado radical de esta economía ideologizada que nos vuelve en zombis a lo largo de las décadas; y en donde generaciones futuras nacen luego en esta Matrix. De ahí el éxito de empresas digitalizadas tipo Uber, Amazon, FB o Cornershop…. ya son tantas que ni las nombro. Pero también hay una lucha ruda y brutal por el capital, a lo Putin o a lo Trump o a lo Xi Jinping, donde no hay problemas en envenenar enemigos, cerrar fronteras y poner muros. Desde esta hacienda se produce un proceso donde el inquilino anhela al amo y por eso vota por él y defiende valores fascistas, grotescos y rascas como los que encarna José Antonio Kast, Le Pen, Bolsonaro, Salvini, etc. Todos estos tipos son como una liga de la antijusticia. El nivel de nuestros líderes de mono animado rasca a lo Marvel. DC sería demasiado elegante para ellos. Todo proceso de movimiento social y de malestar popular es capitalizada por la derecha y se vuelve en votación ‘demócrata’ para fascismos actuales. Como decía Marx, repitiendo a Hegel en su Filosofía de la Historia: “… la historia se repite dos veces: primero como tragedia, luego como farsa”.

¿Crees que es posible una revolución que termine con esta lógica?

Es posible una revolución (en esto me distancio totalmente de Zizek), pero no analógica como en el siglo XX, sino dicho ‘metafóricamente’ con Smartphone (FB, YouTube, WhatsApp, etc.), porque debemos asumir que nuestra subjetividad está digitalizada. Para eso debemos aceptar también que el capitalismo hacendal lo padecemos todos, pero también hay un escape a través de esta misma tecnología en la forma de nichos de subjetividad: estudiantes, feminismos, agrupaciones LGBT, migrantes, multitudes de todo tipo, etc. El problema es que la izquierda no sabe qué hacer frente a este capitalismo de acumulación infinita y militarizada, donde si te dicen “Chilezuela” todos se asustan y corren a votar por Piñera. Prefieren la “farsa”, como en Brasil y su horroroso Bolsonaro. Ya lo vio claro Marx es su análisis genial de los franceses y su apoyo al ridículo auto-golpe de Estado de Luis Bonaparte en 1851 en su ya mítico “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”. Lo que hay que hacer, entre otras cosas para producir tejido socio-histórico, es generar un modelo empresarial de productividad que pase por el otro que tenemos frente: otro en tanto OTRO. Pelearle el modelo a la empresa extractiva, familiar, narcisa, horrorosa que padecemos a diario. Las palabras son importantes y por eso hablo de NosOtros, no del típico ‘nosotros’ que usamos para diferenciarnos de los demás que siempre está mal y es un mero ‘nosotros’ vacío y abstracto y universal.

¿De qué forma podemos pasar al NosOtros de ese nosotros vacío que ya no dice nada?

Conectándonos del singular al universal. Es decir, reconocer lo material de nuestro pasado histórico: la calle, los lugares donde nos reunimos, nuestros barrios y plazas, las formas en que cenamos, los sitios donde jugamos, donde nos enamorábamos, dónde comprábamos para comer, nuestras escuelas, etc. Eso produce nuevo tejido socio histórico y genera una potencia creadora para armar un modelo distinto: abre futuro. Eso nos hace capaces de disputarle el espacio a este fascismo a lo Kast. Porque el tejido material trae conexiones y nuevas formas de articulaciones; y esto se vuelve imparable. Es como Plaza Brasil de Santiago, donde vemos los juegos de Federica Matta. donde el santiaguino se conecta con lo republicano y todos, los pololos, estudiantes, viejos, niños se organizan.

En el libro te ríes del chileno de la elite, diciendo que él también está empobrecido.

Sí. Le hablo mucho al inconsciente de la elite chilena: es una ironía productiva. Es como si les señalara: “¿No te has dado cuenta que te han cagado? Todos lo sabemos, pero tú mismo que eres de derecha no te das cuenta de cómo se cagan a tu familia, tu país, tus valores republicanos y tus propios hijos, no sólo a través de los curas como Karadima, sino por la misma Dictadura que defiendes con fervor. Desearía que la elite chilena fuese capaz de despertar y darse cuenta del daño que ha generado la Dictadura; y les hizo creer en una guerra que nunca hubo, el bombardeo a La Moneda fue una vergüenza mundial y un dictador simplón, picante, torturador y ladrón. Es exactamente el mismo modelo de la post-verdad y la estupidez de los gobernantes que ahora impera en el mundo. Mejor ya no los nombro, pues son muchos: llegan hasta Putin y Erdogan. Zizek los llama ‘Putigan’. El modelo de los ‘Putigans’ deviene planetario. En el fondo a Slavoj le gusta Trump: es su favorito revolucionario rasca de su capitalismo tardío. Yo lo veo completamente en esto equivocado: el capitalismo no ni tardío, en la actualidad, ni la figura de Trump es revolucionaria en él), Yo no puedo dejar mi malestar por Trump es mayor que por el modelo Putin; será que Trump además es un empresario de segunda y mafioso. Mi amigo Alberto Toscano lo llama el porno-empresario. Entonces, el modelo fascista autoritario vulgar de este capitalismo hacendal militarizado es un “Trumputin”.

También criticas a la DC.

Aunque tengo amigos ahí hago explícito un ataque a un partido que apoyó y agenció al golpe, y luego, la farsa, aceptó el juego mediático para salir de la dictadura (la ‘tragedia’): nuestro propio Luis Bonaparte. Para la DC no existe un NosOtros. Y es un gran reflejo de cómo se gobierna a Chile, desde lo homogéneo, lo aburrido, desde lo ‘políticamente correcto’, desde ‘ a la medida de lo posible’, desde un cierto mesianismo caído de cielo europeo de la social democracia, etc., donde lo único que se busca es gatorpadismo, ser exitoso dentro de los parámetros del mercado-mundo ontologizado por esta ideología hacendal, donde todo el mundo quiere capitalizar y con un nivel de ignorancia que se expresa en casos como el Sename al Litio pasando por Carabineros de Chile, Penta, SQM, Caval, etc. Por eso la salida es, a la larga, construir un NosOtros y tomarse los municipios, las universidades, los medios de comunicación, el Senado, moverse, etc. En la izquierda no queda casi nada: Lagos es un gurú muerto que siguen amando muchos de la elite y que todavía no se enteran de lo que ocurre en los barrios de todo Chile, muy distinto a los laboristas ingleses y su Corbyn. El PC fue el partido más fiel a Bachelet, que nunca se dio cuenta de que estaba en el interior mismo de la gran hacienda chilena (pensaba que era la derecha clásica, fuera de la Moneda), el propio gabinete y ciertos DC (y asesores de ‘Segundo piso’) atentaban y boicoteaban a cada rato contra Bachelet. Es ilusorio pensar que fue la Nueva Mayoría la que destruyó a Bachelet (la derecha estaba en proceso de piñerización y socavó día a día su gobierno (menos el Frente Amplio).

Pero está el Frente Amplio, se supone que ellos estaban llamados a renovar la política.

Ya ni sé cuántos movimientos o partidos incluye; perdí la cuenta. Es un monstruo con demasiadas cabezas: Boric, Jackson, Milosevic, Cuevas, Beatriz Sánchez, Sharp, etc. ¡Está lleno de líderes! Pero está esa cosa de “yo soy de izquierda y tú no!, “yo soy la izquierda verdadera”, “nosotros somos las almas bellas que administramos la izquierda y el resto no, pues están contaminados”, “nosotros representamos al pueblo”, “nosotros sabemos lo que es el pueblo”, “sabemos cuál es su opio”, etc. Yo pienso que este discurso añejo es parte del opio del pueblo; y le da la espalda a lo que acontece ‘materialmente’ al tejido social chileno. Aquí crecen día a día los Kast. Se pelean y se hacen mierda: hasta por Tv (les falta una serie de la línea de Netflix). Se pierden y constantemente caen en lo mismo que critican: se vuelven una casta llena de privilegios, dicen una cosa y hacen otra, generan prácticas capitalistas y la gente de las plazas y los barrios luego no les creen. Es como Pablo Iglesias que le causa miedo a los españoles porque siempre aparece enojado y luego lo pillan armándose un chalet fuera de Madrid. O Errejón, por el otro lado, que habla de “significante vacío” o cita a Gramsci y no se le entiende nada. De alguna forma las peleas del Frente Amplio y la situación de la izquierda en general le da la entrada al fascismo de la nueva UDI Popular y a esta derecha picante de pillos sinvergüenzas haciendo negocios. Aunque siempre les tengo cariño y me siento cercano al FA (es la única alternativa de verdad a largo plazo); y en especial a los autonomistas, porque en ellos veo por una parte trabajo con las personas, trabajo material en las calles y por otra construcción de Idea de cómo hacerlo y, por lo menos, ganas de no repetir errores (pero la tentación de la repetición y ‘farsa-determinada’, Hegel-Marx, es permanente). Se tiene que trabajar como Siriza para llegar al poder, pero luego se tiene que hacer las cosas mejor que los griegos, porque si no se hace luego se traiciona al Día después de llegar al poder a su propia masa votante. Eso es Tsipras en Grecia hoy. Todo movimiento político debe construir y reconstruir el dañado tejido socio-histórico del pueblo: el capitalismo es tóxico y enfermizo; y lo ha destruido y aplanado todo: puro presentismo del emprender (ni el goce lacaniano ya históricamente funciona) y sobrevivir en la máquina de moler carne de la hacienda capitalista militarizada.

El amigo Zizek

Has publicado recientemente, la semana pasada, en España un libro que tiene una larga Entrevista con Zizek (Zizek Reloaded. Políticas de lo radical, AKAL), ¿Por qué no ha venido a Chile, ahora que lo citan desde Carlos Peña a Constanza Michelson y sus videos son linkeados en redes sociales?

Es complicado un viaje transoceánico por su salud (una gravísima diabetes). Él vive en Eslovenia y cuando visita otro país, sólo está un par de días. El libro es justamente un coloquio que organizamos en su honor, varios filósofos, en Granada en 2015, donde entre otras cosas realizamos junto a un amigo, Óscar Barroso, una larga Entrevista, de cómo cuatro horas. Él siente que se volvió un rockstar en el sentido negativo. No le gusta para nada: no se le ve como un filósofo obsesionado con ser el Hegel de nuestros tiempos, sino como un sociólogo-psicoanalista que analiza el planeta, seductor de masas y de chistes a veces groseros. Muy pocos lo han leído, en verdad, sino que se quedan con extractos de conferencias en YouTube, o de textos de medios de comunicación, etc. (su lectura es difícil porque entre otras cosas lleva dentro de sí a dos complejos pensadores: Hegel y Lacan, mucho más que Marx). En Chile llega a ser chistoso y es un poco penoso con su no-lectura, pero siempre se le cita; lo que pasa también en parte con Toni Negri. Zizek lo sabe, por eso se pasa todo el día escribiendo, produciendo pensamiento en su departamento, para reflexionar críticamente lo que acontece: en eso se parece a Marx, que no quería revolución sin antes terminar de escribir El Capital. Y desde ahí cuida su posición política y diagnostica al mundo (el verdadero ‘enemigo’ de Zizek es la propia izquierda o, dicho de otra forma, ciertos discursos de izquierda). Zizek es una bestia, un monstruo al que lo odian y aman. No se es indiferente ante él; le gusta provocar, pero es brillante (una de las personas más brillantes que he conocido en mi vida; y he conocido a muchos de esos ‘top’ actuales del pensamiento). Es un complejo amigo, pero necesario.

Y tú parecer no piensas moverte de Valparaíso.

Es como mi Eslovenia, siguiendo el modelo de Zizek, desde ahí se mueve por Europa y molesta a London, Paris, Berlin. Desde acá se ve a Santiago con distancia y cierta amistad. Es bueno saltarse la mediación de la capital que siempre cree estar representando a Chile y al mundo; no soporto ese modelo vertical de representación al que hay que tocar como ‘monolito Kubrick’ para que te den el permiso de decir y pensar. Tiene que ver con lo que hablábamos del tejido material: es distinto escribir con los cerros, entre cazuelas de ave y vino tinto, y la bahía al lado y entre los amigos y amigas. Más creatividad, reflexión y libertad, menos escolástica, jerarquía, burocracia. Yo en ese sentido me siento más cercano a tener una banda: te vas de gira con los amigos y ellos tocan contigo presentando los libros-ideas Es un modo de revolucionar hoy lo que acontece. Siempre soy optimista, mi lado playanchino; y en el dolor: ¡Afirmar la Vida!

Capitalismo y empresa. Hacia una revolución del NosOtros (Libros Pascal) está disponible en librerías chilenas, en Buscalibre y en la web de la editorial.