Marcos Vergara I. es Médico-Cirujano. Ph.D. Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Adscrito al Programa de Políticas y Gestión de la Escuela de Salud Pública.

Bielsa escapó de Chile cuando se inició el último episodio de degradación del fútbol profesional en el país y le adoran ahora los hinchas del Leeds. Perdimos al terapeuta con que estábamos resolviendo nuestro “complejo de inferioridad” –un cafecito, por favor-. Más tarde escaparía Jadue rumbo a Miami, pero con el dinero del fútbol. Siempre hay avispados, Bielsa lo sabía. Todo mal. Salvo por la reciente exitosa venta del canal del fútbol.

La Iglesia Católica terminó de hundirse después de la equívoca visita papal y cuando el tsunami de antecedentes mórbidos que se vino encima a sus defensores ya no se pudo contener más. La tierra de la pedofilia y del abuso de niños inocentes se había explicitado e instalado en nuestro Chile, mal que les pese a nuestros compatriotas beatos y pechoños que, porfiados e intransigentes, no saben muy bien qué decirnos. ¡El cura de mi pueblo!

Del SENAME ni hablar. Mínimas compensaciones y algo de justicia en la materia. Nada más.

El GOPE de Carabineros de Chile persiguió a un ciudadano mapuche que “escapaba” arriba de un tractor y lo asesinó disparándole por la espalda proyectiles de grueso calibre. Después, la mentada institución nos mintió de manera descarada, como habitualmente ha hecho en los últimos años, pues a sus generales nadie les manda ni les controla. Son autónomos, como las fuerzas armadas. Hacen lo que quieren. Nos abusan. De hecho, se han llevado a casa más dinero que Jadue en el fútbol.

El sistema de pensiones que inventó “pepe” Piñera no se sostiene. Hubo errores de cálculo en su momento, la población envejeció más rápido de lo esperado. Hay “lagunas” que no fueron consideradas en las cuentas, en fin. Pensiones miserables nos acechan, excepto a quienes han podido destinar porciones sustantivas de sus ingresos a la realización de aportes voluntarios. Es decir, nos acechan excepto a unos pocos. Confiamos en que los inmigrantes nos rejuvenezcan en el largo plazo.

¿Educación gratuita y de calidad?. Eso queríamos “los perlas”. Salimos a la calle demandando por ello. Y aquí estamos dándole. Primero, ¿alguien entiende lo que ocurre?. Solo el “club de rectores” parece saberlo, pues al menos reclaman por la prensa con vehemencia por cada cosa que se anuncia y piden más recursos para la educación superior y se prestigian dentro de sus comunidades académicas gracias a tal despliegue. Los demás, colgados de la brocha. No logramos distinguir las aristas de la reforma, ni la dirección de cada una de aquellas ni mucho menos su avance a la fecha. Nada parece responder al sentido común. Las cosas de la educación básica están tal como siempre, si no peor.

La salud. Invariable en el tiempo, pero siempre en “crisis”. 50 años de más de lo mismo. Hospitales públicos administrados en el corset del estatuto administrativo y bajo el rigor de la política fiscal, listas de espera post-ges y una burocracia fría e indiferente frente a los usuarios que ahora reclama ser maltratada por los mismos, que se han empoderado. Una protección social frente al riesgo de enfermar segmentada, robusta y amena para la clase media acomodada y frágil, monopólica e insuficiente para la población de menores ingresos. Ganas de hacer reformas, eso sí, parece que no faltan. Los gobiernos las prometen, los salubristas y la tecnocracia de los centros de estudios celebran los anuncios y se lanzan prematuramente al ruedo. Es de esperar que, de prosperar tales reformas, no pase lo mismo que con la educación y se nos venga la oscuridad y el caos.

Mientras el derrumbe de la institucionalidad se ha hecho universal y crecemos a duras penas, paradojalmente el Trans-Santiago parece mejorar. Llegan los buses eléctricos, modernos, con aire acondicionado y con wi-fi.

Mientras tanto, los políticos, como en el rodeo, están al “aguaite”. Desconcertados pero aparentando estar serenos, lanzan candidaturas, se redefinen, se extienden y se concentran, en forma elástica como el corazón de Woody Allen, suben y bajan, generan nuevas alianzas, buscan su “centro”. Hacen gimnasia parlamentaria. Disimulan bien. Ya se irán de vacaciones. Nosotros quedaremos aliviados, esperando el momento de su regreso, cuando recargados de energía se reinstalen en sus escaños.

En medio de todo este panorama, entonces, iniciamos el 2019 con las patitas metidas en el agua y un trozo de sandía en la mano, echando la talla y preguntándonos: y ahora ¿quién podrá defendernos?