Los datos que dan la razón

POR JULIO SÁNCHEZ AGURTO
Director Periódico La Diagonal

Siempre se habla, se habla y se habla. La crítica a los medios de comunicación tradicionales bajan junto a la cascada de los discursos de la otra prensa, la independiente, la alternativa, la popular, o vaya uno a saber cuál calificativo tienen. Que Canal 13, Chilevisión, Mega y hasta TVN, canal de todos los chilenos, están hace rato vendidos al modelo dominante; que le dan tribuna siempre a los mismos centroderechistas de siempre; que los críticos sociales y dueños del intelectualismo cultural under son política y correctamente censurados, es una realidad.
Lo dicen los medios alternativos. Lo dicen las fuerzas excluidas de la escena mediática cotidiana, y también lo dicen los números. ¿No me cree?. El pasado domingo, el cuerpo de reportajes del diario La Tercera hizo pública un interesante estudio del centro Conecta Media Research, donde se revela la cobertura televisiva que los noticieros le dan a ciertos políticos a propósito de la ya encendida carrera presidencial.
Ponga atención. De 336 apariciones en TV de los candidatos, Sebastián Piñera, el mismo dueño de Chilevisión, Colo Colo, Lan, y una lista más amplia de empresas que de enumerarlas le terminaría cansando la vista, cuenta con un envidiable 44% de apariciones. Leyó bien, un 44%, prácticamente la mitad, habiendo 5 candidatos más en la pelea. Si eso no es preferencia de los conglomerados de empresarios comunicacionales… En todo caso le sigue Frei, con un 38% de apariciones. Más abajo, mucho más abajo, continúa la lista Adolfo Zaldívar con un 7%, Arrate con un 5%, y Marco Enriquez-Ominami junto a Alejandro Navarro con un miserable 3%.
Lo anterior tiene varias lecturas. Primero, aquel manoseado discurso de exclusión que distintas fuerzas independientes reclaman hacia la prensa tradicional, tiene más que un buen argumento. Este es el mejor reflejo de una prensa vendida, al servicio del la Alianza, de la coalición gobernante y de las fuerzas macropolíticas dominantes. Los resultados del estudio son impresentables. Es éticamente condenable y contradice todas las enseñanzas de las aulas en cualquier escuela de periodismo.
Y no se trata de pertenecer o no a un determinado grupo político. Esto va mucho más allá, y hacer una lectura partidista de la realidad es propio de un razonamiento básico. Aquí se presenta un dato duro que es el reflejo de una mala distribución de visiones en las informaciones que a diario consumimos. Y aquello, claramente influye en el conocimiento e inclinación de los votantes al momento de meterse en las urnas.
Entonces, la señora Juanita, Marcelita, o la abuelita Sonia, sólo sabrán que existen dos candidatos a la presidencia: Piñera y Frei. Toda esta situación tiene nombre y apellido. Manejo comunicacional. Las razones de todo este escenario son denigrantes, con una libertad de expresión restringida para cierto sector crítico de la sociedad y con propuestas o posturas que son distintas de la convencional, que tácitamente son censuradas. Y lo más vergonzoso, es que luego salen hablando de democracia.
Todo se da mientras comienza una carrera a La Moneda con exhibición de filudos dientes de parte de los bloques que tiene más coberturas. Y los Enriquez-Ominami, los Arrates y Navarros, sumando a los Zaldívares, siguen marginados del debate público nacional que por estos días se tratan en los grandes medios.
Alguien me dijo una vez con rabia y levantando el puño que la prensa chilena miente. Mi respuesta fue negativamente sesgada y asociada al bloque político al que él pertenecía, la izquierda. Hoy, estos datos, hechos por un centro de estudios condescendiente con este modelo tan criticado, le da la razón. La prensa omite, y la omisión, según me enseñaron como periodista, es igualmente una mentira.

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