“Conversaciones con José Antonio Camacho sobre comunicaciones comerciales y publicidad”; así reza el subtítulo de “Marcas en la cabeza”, el nuevo libro del filósofo Eduardo Carrasco en el que, dialogando con el publicista J. A. Camacho, desentraña el influyente mundo de la publicidad y su relación con la política, la tecnología y la sociedad.

“Camacho: Yo creo que todo lo controlan los medios. Lo que pasa es que los medios no tienen una conducción coherente, hay luchas de intereses. En el caso de Chile, yo diría que las diferencias de mensaje son sutilidades, especialmente en la prensa escrita, que está manejada por dos oligopolios: El Mercurio y La Tercera. Cada uno con sus productos son conglomerados muy fuertes y lo que hacen, lo hacen extraordinariamente bien. La competencia entre ellos la han llevado a límites extremos, pero, a pesar de ello, sólo tienen diferencias formales, porque dicen exactamente lo mismo. O sea, la pobreza en este caso es extrema. A mí me parece que lo peligroso de esto es lo unitonal de la cuestión. En términos del discurso, uno te lo dice más coloquial, otro más solemne, otro más chacotero, pero es lo mismo, es lo mismo. Si yo te leo un editorial de La Tercera –que es donde menos diferencias de tonos hay– y te leo un editorial del Mercurio, sin decirte el origen, te aseguro de que no podrás deducir cuál es de cuál”.

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“(…) Tú comprenderás que en Chile, como en ningún otro país que a mí me conste, los medios son absolutamente monopólicos en la óptica de afirmar que la deficiencia, la falta de transparencia, la falta de probidad, está siempre en el Estado y no en las empresas privadas. Esto, por una lógica elemental, porque, sumado a lo ideológico, viven gracias a las empresas privadas y lo único que no van a hacer es atentar contra sus propios avisadores. Y aquí tú te preguntas si la empresa privada en el imaginario es tan eficiente, y el Estado tan ineficiente como es mostrado cotidianamente. Mi respuesta es que no es así; yo he trabajado toda mi vida en lo privado, nunca he trabajado para el Estado, y veo que el grado de ineficiencia, de falta de probidad, de flojera cupular, en el área privada es alarmante. Si nosotros tuviéramos una Contraloría ética para el mundo privado, si las empresas respondieran ante un Parlamento (risas), la cosa sería escandalosa…
Eduardo: ¿Una Contraloría de la empresa privada dices tú? Estarían todos presos.
Camacho: Exactamente (risas). Entonces, en esta cuestión, el Estado es el flanco más débil donde tirar, ¿te fijas? Y el Gobierno, agradecido por la agresión, invierte más en publicidad donde más lo atacan, en El Mercurio”.