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Opinión

20 de Julio de 2009

Luis Valentín Ferrada, abogado: “MEO pertenece a la más alta burguesía colonial chilena… y está haciendo la misma obra de teatro que hicieron sus abuelos”

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POR ANA MARÍA SANHUEZA • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Conoce al dedillo la genealogía de muchas familias del Reino de Chile. Por eso no le sorprende la irrupción de Marco Enríquez-Ominami: desde su bisabuelo, cuenta Ferrada, la familia de MEO hace explotar los partidos en los que milita, con la confianza que les da el ser parte de la elite y saber que por eso mismo, sus “locuras” les serán perdonadas. Por eso, para este abogado RN que ha representado a ministros de la Corte Suprema en siete acusaciones constitucionales y también ha hecho una curiosa defensa de Miguel Krassnoff, más interesante que un recambio generacional sería un recambio social. Pero eso es muy difícil: “Chile no tiene más novedad que la que suelen producir de tarde en tarde los militares. El mundo social chileno es manejado por una burguesía alta, donde todos juegan el mismo papel, son los mismos conflictos y personajes desde el siglo XVIII. Yo lo encuentro terrible”.

¿Cómo fue su juventud?
Estudié entre 1955 y 1970. La mía fue una generación formada en un mundo que estaba desapareciendo. Mis profesores habían sido los mismos profesores de mis papás, en el Liceo Alemán de Santiago y pertenecían a un mundo que en 200 años no había cambiado nada. Cuando nos entregaron lo mejor de sí para enfrentar la vida, era lo de un mundo que terminaba.

¿Cómo era ese mundo?
Era un mundo que había estado en una larguísima siesta histórica, gravísimamente interrumpida por la Primera Guerra Mundial, pero cuyos efectos prácticos se vinieron a sentir después de la Segunda Guerra Mundial, que marca la inflexión entre el tiempo antiguo y el moderno. Ése es el momento de la penicilina, la telefonía y todos los grandes descubrimientos.

¿Cómo enfrentaron eso?
Todo lo que mi generación recibió para enfrentar al mundo que venía, era lo propio del mundo que en ese momento moría. Entonces tuvimos que improvisar. Por ejemplo, todo lo que habíamos recibido en lo religioso no valía nada. El Concilio Vaticano Segundo comenzaba todo de nuevo. A eso tenías que sumarle una falta de orientación muy grande porque la generación de mis padres estaba atónita, les habían cambiado las reglas del juego y comenzaba un tiempo de sucesivas revoluciones.

¿Cómo vivió su adolescencia en ese contexto?
Con un pie en el pasado y otro en lo que venía. No nos atrevíamos a muchas cosas, porque en Chile las leyes sociales no escritas son mil veces más poderosas que todos los códigos. Es una codificación social secreta, que es fuertísima y tiene leyes muy absurdas, pero que hace que en Chile exista lo que se ha denominado conservadurismo, que en realidad es miedo.

¿Miedo a qué?
Hay muy pocas sociedades donde existe la vergüenza ajena, pero en Chile es una especialidad sentir vergüenza por lo que hacen otros. El temor al ridículo en Chile es poderosísimo, porque hay un grupo dominante que impone las leyes. En Chile todos van vestidos igual, compran el mismo auto, van al mismo cine. Y los pocos que se atreven siempre han sido los mismos: alguien de la propia burguesía que se siente como parte de la clase dominante y teme menos al rechazo por eso. Puede hacer locuras porque se le van a perdonar, como Enríquez-Ominami. A él yo lo encuentro simpático, refrescante, me parece bien que esas cosas ocurran, pero eso ha pasado siempre en Chile.

¿Sí?
Su abuelo era el vicepresidente de la DC, el senador Gumucio, que arma el MAPU y hace explotar la base de la DC en el gobierno de Frei Montalva. El bisabuelo era el presidente del Partido Conservador, Rafael Agustín Gumucio. Y siendo presidente lo hizo explotar el año 32 y creó la DC. Y la familia Enríquez es de la alta burguesía de Concepción, gente distinguida y de gran valer, a la cual siempre le fue pareciendo poco lo que ocurría. Miguel Enríquez es hijo del rector de la Universidad de Concepción, sobrino del presidente del Partido Radical y de la primera diputada radical que llegó al Congreso.

Más de lo mismo…
Es la misma gente que dominaba socialmente en Chile durante la colonia, la misma pequeña minoría blanca que sigue gobernando en Chile desde la época colonial. Yo estudio estas cosas porque no me gusta que me hagan leso. Chile no tiene más novedad que la que suelen producir de tarde en tarde los militares. El mundo social chileno es manejado por una burguesía alta, donde todos juegan el mismo papel, son los mismos conflictos y personajes desde el siglo XVIII. Yo lo encuentro terrible. Y para terminar, este niño Ominami es también nieto de un señor que era coronel de la Fuerza Aérea. Al final, todo termina en una mezcla entre la vieja burguesía colonial y algún general. Este niño pertenece a la más alta burguesía colonial chilena y está haciendo exactamente la misma obra de teatro que hicieron sus abuelos.

Pero él es presentado como el gran cambio generacional de la política.
Por qué hablar de cambio de generación, mejor hablar de cambio de grupo social. Porque el cambio de generación significa que se va el abuelo y entra el nieto, eso no es ningún cambio. El cambio es cuando tú efectivamente ves, por ejemplo, que don Carlos Ibáñez asume el poder el año 27 y efectivamente aparece un conjunto de personas que venían de provincia y no tenían vínculos. A Pablo Ramírez, Ministro de Hacienda, nadie podía relacionarlo con nadie del establishment que ha administrado el país. Ésa es gente que trae una visión nueva, más desprejuiciada y desprovista de vínculos.

Y esa ausencia de cambios existe también en la derecha…
Esto es universal. La izquierda chilena, en una medida importantísima, está originada en la derecha, no en el pueblo. Don Clodomiro Almeyda y Carlos Altamirano eran ex alumnos del Verbo Divino y Altamirano era sobrino de Jorge Alessandri. Don Raúl Rettig era un cambio, meritocracia total. Gabriela Mistral, Nicanor Parra, también.

¿Usted no se siente parte de esa minoría burguesa?
Mi familia es cien por ciento de origen campesino y el huaso bruto fue siempre la cenicienta de este país. Yo vengo de ahí y ese mundo tiene gracias: tiene menos clases sociales, menos pretensiones, es más sencillo. Tal vez la distancia de la ciudad te permite apreciar las cosas con una perspectiva mayor. Desde allí hablo yo, no desde las familias de clase blanca que dirigen el país. Yo me siento muy orgulloso de la sangre indígena.

INICIACIÓN SEXUAL

¿Cómo era usted a los 16 años?
Como le decía, nos atrevíamos a muy poco porque el viejo principio de autoridad, que venía de la antigua educación, seguía vigente. En mi colegio nos daban castigos a palos y nos parecía lo más normal del mundo. Hoy sería un delito. Que los curas te plantaran cachetadas fuertes, niños de 15 años golpeados por hombres de 60, era parte del juego. Igual como lo era que se permitiera en el colegio que las disputas entre hombres las resolviéramos peleándonos a combos. Otra de las características de esa educación era que los hombres éramos formados por hombres. En los últimos treinta años, los niños hombres son formados por mujeres hasta muy entrada edad, los profesores hombres son muy pocos. No me extrañaría que en la Escuela Militar esto fuera lo mismo. Eso es un cambio completo, porque la formación femenina es tremendamente distinta, son dos tratos y psicologías distintas, dos maneras de aproximarse a la realidad completamente distintas.

¿En qué se nota eso?
Yo no saco consecuencias, pero anoto el hecho. Igual como ahora tenemos una justicia que es mucho más femenina. Defender con un juez es muy diferente a hacerlo con una jueza. Las mujeres son más estrictas que los hombres en un sentido, y más comprensivas de ciertas situaciones y menos de otras. Son dos psicologías de la defensa. No es un problema, es una realidad. A mí no me extraña nada que la Presidenta Bachelet tenga este nivel de popularidad, si este es un país formado por mujeres. Y la Presidenta de la República, al final del día, es la gran maestra, la gran orientadora. Pero Chile no es un país feminista, es maternal.

Volvamos a su juventud… ¿Podían ver pechugas como hoy los adolescentes las ven en la televisión?
Eso era algo completamente impensable. Pero ¿cuál pechuga interesa más al hombre, la que nunca vio o la que está a la vista? Hay mucha gente que sostiene que la que tú te imaginaste es la más bonita de todas, la pechuga que creaste en tu propia mente. Yo te puedo asegurar que nada puede despertar menos libido que ir a una playa en Niza y encontrar a todas las mujeres desnudas, de 80 ó 20 años. Es un espectáculo muy triste, muy duro. Hay una pechuga joven entre mil quinientas, a las que habría que pedirles que nunca se desvistieran. Además, de tanto verlas y con tanta facilidad dejan de llamar la atención. Es muy difícil que tenga hambre el que está lleno de comida.

¿Entonces, su generación por ver menos “comía” más?
Yo tengo una teoría sobre cuánto se acostaba la gente o cuán bien o mal hacían el amor, hoy, ayer o hace mil años. Yo creo que siempre debe haber sido lo mismo, porque la población mundial va siempre en aumento y eso se hace de una sola manera.

Pero hoy los niños inician su vida sexual en el colegio…
La iniciación sexual en el pasado fue mucho más temprana que hoy. Nuestras abuelas se casaban de 14 o menos, por varias razones. El tiempo de vida era menor y a los 35 años las personas eran súper adultas. Se pensaba que la primípara añosa constituía un peligro para la salud del bebé y de ella misma. Y se buscaba que la reproducción empezara con las madres jóvenes, porque tenían entre 7 y 15 hijos, que tenían que tenerlos antes de los 35 años. Entonces, no es cierto que hoy hay una iniciación más temprana. Ahora, antes era peor, porque se casaba a las niñitas de 14 con hombres de 25 años que tenían un camino ya recorrido.

¿Cómo eran sus fiestas?
Estaban llenas de convenciones. Las mujeres dominaban una gran cantidad de técnicas para manejar los bailes apretados, para hacer palanca para que uno no se acercara mucho, se cruzaban la cartera. Los hombres usábamos la técnica que mejor funcionaba: la del encanto.

Pero era la época de la época liberación sexual y la píldora anticonceptiva.
Era mucho más irresponsable mi época, no tomábamos precauciones. No existía el sida, pero la sífilis todavía era un gran problema. La penicilina tenía un desarrollo muy reciente, tenía apenas diez años en Chile.

¿Tenían sexo en esas fiestas?
Hay que distinguir entre distintos ambientes. En los populares había una suerte de bestialismo terrible, producto de las formas muy tristes en que vivía el pueblo. El hacinamiento hacía que se produjeran relaciones sexuales entre hermanos o padres e hijas, que no estaban determinadas por la inmoralidad, sino por la falta de educación, por la incultura, por estados de primitivez que hoy día no se observan. En la juventud de los colegios particulares de Santiago, formada por curitas y monjitas, que era el uno por ciento de la población, había estas convenciones que hacían muy difícil ver la pechuga, porque la niñita se ponía la cartera por delante. Yo tenía mala fama, de pololo, no era muy santurrón, pero mi nivel de diabluras era naif. Pero mirada la sociedad en su conjunto yo creo que el país ha experimentado un enorme progreso

¿En qué sentido?
Llevamos una vida más ajustada a órdenes de una mejor civilización. La madre como figura central en la casa popular media chilena, tiene hoy un rol infinitamente más importante que el que tuvo hace mucho años: protege más a sus hijos, es más cercana. Los padres lo mismo. Antes, los hijos medio que se criaban solos. La labor de los colegios también es muy importante.

¿Qué piensa de los pokemos?
No me asusto porque son manifestaciones características de una época de transición. Ahora los veo pokemones y años después están en la universidad, les va bien y llevan una vida normal. Si uno le preguntara al padre Hurtado sobre los niños de 12 años que él recogía a la orilla del Mapocho, estoy seguro que también hacían sexo. Hay toda una parafernalia con esto del sexo. Cada cultura y cada tiempo ha tenido sus formas de hacerlo. Yo tengo una muy buena idea de la juventud actual

¿Por qué?
La encuentro con más personalidad de la que teníamos nosotros, con más claridad de lo que viene por delante, la veo saliendo de la transición, mucho más parada sobre sus pies. También es cierto que va a llegar el tiempo en que van a reponerse algunos antiguos principios que hoy parecen muy sueltos. No existe sociedad que pueda vivir sin un principio de autoridad que se haga respetar. Sobre el respeto cayeron una gran cantidad de escombros y algunos fueron buenos, porque se respetaba cosas que no tenían por qué ser tan respetadas. Y también cuestiones que sí debieran ser muy respetadas en todo tiempo, como la figura del profesor como autoridad moral de las nuevas generaciones, el respeto hacia los padres, hacia las leyes. Pero hoy la juventud es más respetuosa con la naturaleza, nosotros no teníamos noción de que debíamos ese respeto. O el respeto por los DDHH, que ha costado una enormidad.

¿Y nada negativo en la juventud de hoy?
La cantidad de alcohol que está cosumiendo es INCOMPARABLE a lo que tomábamos nosotros. El alcohol nuestro era la cerveza, el vino tinto, una cura más ingenua y entre hombres principalmente. Era muy difícil ver a una chica borracha.

¿Y las drogas?
De drogas nosotros no oíamos ni hablar. Pero en el caso de gente que consumía droga, morfina principalmente, no era un tema reprochable. Hubo un senador de la República, distinguidísimo, uno de los valores intelectuales y morales más altos que haya tenido Chile en el siglo XX, fue candidato a Presidente de la República, un gran profesor universitario. Y todo el mundo sabía que se aplicaba morfina y nunca nadie hizo de esto ninguna cuestión, porque se le daba una connotación distinta. Pero yo creo que hoy, la droga no tiene la magnitud que se le ha querido atribuir. Yo he preguntado a los jóvenes si tienen amigos drogadictos y nunca me he encontrado con testigos. Haber probado la marihuana no significa nada, porque la curiosidad es algo muy propio de la juventud. Decir que eso es drogadicción es una especulación muy dañina.

Tiene una visión optimista de la juventud entonces…
Yo veo que hay una explosión de chicos que se esfuerzan por ir a la universidad, cómo va a ser eso un lugar de drogadictos, eso es un absurdo.

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