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15 de Agosto de 2009

Una pesadilla con Orozimbo (Mi Matrimonio en San Bernardo)

Por

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Enviado por:
Alfonso Gálvez C / Publicista
Carolina R. / Periodista

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Mi vida matrimonial nació en la ciudad de San Bernardo (el amor, mucho antes). En el mes de noviembre de 1993, comienza mi camino por llegar formalmente a un matrimonio como la Iglesia Católica lo pide, con charlas de por medio. Ya en febrero de ése año habíamos decidido con Carolina casarnos y formalizar nuestro amor… sea en un papel ante el Registro Civil o ante un cura. Así dejábamos contentos a todos nuestros familiares y a una parte menor de nuestros amigos.

Primero tuvimos que participar durante 12 días de charlas matrimoniales (las más extensas de Chile).
Un verdadero suplicio que nos confirmó que las cosas no andaban bien en ese pueblo.

Nunca hubo relatos de experiencias de vida aterrizados sobre una verdadera vida de matrimonio juntos bajo un mismo techo, era pura teoría eclesiástica, apostólica y romana. Nunca una clase de economía doméstica… el único método de anticoncepción que nos enseñaron fue el Billings y más encima al revés (cuando le hice saber de su error al sacerdote, se molestó y nos llamó la atención).

Previo a nuestro matrimonio, pasamos a conocer la ostentosa Catedral de San Bernardo, mucho lujo, mucho mármol de Carrara, mucha obra original de Italia, pedazos de Tierra Santa, etc. Pero al final una construcción fría y triste. ¿Obra de quién? La gran obra en el pueblo de Orozimbo Fuenzalida. Por eso fue que mejor elegimos casarnos en la capilla de un colegio dónde mi esposa había estudiado.

Unos meses antes de nuestra unión mi suegro se acercó para decirme que ellos querían aportar sus luca$ para el evento. Le dijimos que todo corría por parte nuestra, que no se preocuparan, que no gastaran un peso en nosotros -como ha sido hasta el día de hoy-, pero hinchó tanto que le dijimos “¿sabe qué puede aportar? Lo que menos importancia tiene para nosotros, EL CURA. Sí, elija al cura”. Y nos trae la GRAN NOTICIA de que su amigo personal… Orozimbo Fuenzalida nos casaría. Todas nuestras amistades laborales y de universidad querían ir a magno evento casi sólo por un afán periodístico.

Y así ocurrió. En la memorable homilía, partió agradeciendo la invitación de mi suegro y dijo que a ninguno de nosotros nos conocía, y que a pesar de que se encontraba de vacaciones en un regimiento del sur de Chile, el Comandante en Jefe de ese entonces (Pinochet) le había facilitado un HELICÓPTERO PUMA para trasladarse a Santiago raudamente a realizar la misa. LA MISA MÁS TENSA DE MI VIDA PERO INOLVIDABLE.

Después vertió agua bendita y palabras de castigo a nuestros amigos que estaban sentados en primera fila y que debían pagar caros por sus pecados (ya habían separaciones entre ellos, concubinato, relaciones prematrimoniales, puajj!!!, de un cuánto hay). Luego expulsó del altar a mi estimado fotógrafo, el mexicano Juan Carlos Cáceres, que realizaba esforzadamente su labor reporteril buscando el mejor ángulo para que ojalá Orozimbo no saliera en el encuadre.

El remate vino al final… pidió disculpas por no poder asistir a la fiesta de matrimonio (nunca lo invitamos pero mi suegro si lo había hecho sin nuestro consentimiento) porque el helicóptero facilitado por el Ejército lo esperaba de regreso (según sus propias palabras).

Qué pena que no asistió, la música instrumental de Inti Illimani para el cóctel le habría encantado. Semanas después supimos que su búnker sanbernardino había sido asaltado por menores de edad que vivían en los guetos que la dictadura ayudó a generar en el pueblo de Kast.

Mi matrimonio aún flota en las turbulentas aguas de la vida a pesar de las crisis económicas, una hija con discapacidad, una cesantía ilustrada a cuestas… pero acompañado de una mujer que ha sabido aperrar a mi lado y no gracias a las 12 charlas matrimoniales, sino a que hubo compromiso y amor de verdad, con suficiente cultura entregada por nuestros padres y nuestra inteligencia como para poder cuestionar las actitudes de los ignorantes que les meten el dedo en la boca a miles de sanbernardinos que algún dia despertarán de la pesadilla relatada por el Clinic el número anterior, el San Bernardo que José Antonio Kast, Orozimbo Fuenzalida y J. Ignacio González se niegan a reconocer.

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