POR CLAUDIO PIZARRO • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

“El Cisarro” se ha transformado por estos días en el niño símbolo de la delincuencia, acaparando portadas de diarios y abriendo los noticieros nocturnos de televisión. Poco se ha hablado, sin embargo, del grupo de amigos que lo acompaña en sus correrías. Lo único que se sabe es que son tan niños como él y que comparten miserias. Aquí va un recuento detallado de sus partners, una suerte de prontuario social tan impresionante como sobrecogedor.

“Cuando los detenemos, se les acaba la choreza y se transforman en unos pobres niñitos. Algunos, incluso, llegan llorando al cuartel. Pero cuando salen, enfrentan a las cámaras y empiezan a hacer gestos. Es parte del juego”, explica el subprefecto Omar Matus de la Bricrim de Peñalolén.

Lo que el policía describe es el día a día del grupo de niños que en la comuna se han agrupado alrededor de C, de 10 años, conocido como el “Cisarro” y que la prensa tildó como el delincuente más precoz de Chile.

“Cisarro” es hasta ahora el más conocido de todos. Pero con su captura la semana pasada y su “rescate” desde el centro del Sename de Pudahuel, el resto de sus amigos también han quedado en las portadas de los diarios. El mismo “Loquín”, el niño de 13 años que encabezó la acción en el CTD el sábado y que dicen andaba con una pistola, ha alcanzado los mismos ribetes. De hecho, al cierre de esta edición se había escapado de un centro del Sename en La Pintana donde se encontraba a la espera de exámenes mentales y neurológicos.

Los dos no son más que la muestra de una juventud criada en poblaciones, en la marginalidad, que se ha puesto en la noticia tras los vanos esfuerzos del Estado por contenerlos. Son hasta materia de discusión política (ver columnas).

LA “BANDA”

Fuentes policiales consultadas por The Clinic ordenan un poco el panorama de lo que ocurre en Peñalolén. De lo que estamos hablando, dicen, es de niños cuya edad promedio es de 14 años, con apodos como El Chure, El Garra, El Peruano, El Gorila, El Poto Rico, Chispamón, El Ceja, El Guarén y muchos más. El detective Matus asegura que el grupo bordearía los veinte miembros.

-Provienen de La Faena, la Villa Cousiño, Lo Hermida y Macul, generalmente los detenemos por asaltos, robos de autos, tiendas, cogoteos, microtráfico y robos en casas que realizan en Las Condes, La Reina y Peñalolén- detalla el detective.

Sus vidas son terribles y todos han pasado por las manos del Estado:

El Chure tiene 16 años y vive junto a su abuela, su madre y una tía en la Cousiño Macul. En septiembre del año pasado fue detenido por robo y derivado a Tiempo Joven, el centro del Sename de San Bernardo. Allá terminó séptimo básico. Ahora está libre y, según su familia, “más tranquilo”. Su abuela, doña Florencia, culpa a las malas juntas de las andanzas de su nieto.

-Acá hay muchos papás que trabajan y los niños quedan solos, se van a las plazas y se juntan con cabros más vividos que son los que llevan a la perdición a estos críos chicos -dice.

El Chure, como otros en el barrio, prácticamente se ha criado en la calle. Su tía Sandra recuerda que al “Cisarro” lo veía callejeando desde los seis años y guarda una imagen bastante más benévola de la que ha salido en la prensa.

-Cuando era más chiquitito, se veía tierno, era un niño amoroso, pero se veía falto de cariño y de atención -cuenta.

La mayoría de los niños ya no van al colegio. Cuando les preguntan, dicen los policías, se declaran adictos a alguna droga.

E.S., de apenas 16 años, cada vez que cae preso culpa a la droga. Roba, dice, para saciar su adicción. Su consumo diario, ha llegado a confesar con exageración infantil, bordearía los $80 mil. A su corta edad ya tiene problemas cardíacos. Su hermano, E.A.S., de 14 años, registró seis detenciones el año pasado por ilícitos en Puente Alto, Lo Barnechea y Las Condes. Uno de esos delitos lo habría cometido con el Chure.

El Gorila, otro del grupo, tiene trece años. Su hermano, de doce años, pasó por un tratamiento siquiátrico por hiperactividad y su padre, quien ha pasado un tiempo en prisión, trabaja esporádicamente en una feria libre del sector. El Gorila dejó el colegio en quinto básico y, sólo en el año 2008, registró siete ilícitos en distintas comunas de Santiago. Su partner de tropelías es El Garra, el líder natural del grupo. El subprefecto Matus lo recuerda perfectamente.

-El Garra fue dominante en su momento porque se le atribuyeron delitos de mayor violencia y gravedad, incluso violaciones- asegura.

LA EDUCACIÓN

En la mayoría de los casos, los niños entran al mundo delictual por familiares y amigos. N.J., de doce años, se habría iniciado junto a su hermano Ricardo en la banda del Garra. Lo mismo sucedió con el “Cisarro”, que siguió tempranamente los pasos de su hermano, F.C.M., de 14 años, que apenas alcanzó a terminar el primero básico. “Cisarro” y su hermano viven junto a su madre y otros cuatro hermanos.

Algunas veces, dicen en el barrio, los niños empiezan a meterse en delitos para proveer en sus casas, donde no hay otra entrada.

Otros son mantenidos por un abuelo, como “El Chispamón”, de 16 años, que vive junto a su hermano de la jubilación del anciano. El padre de los niños de vez en cuando aporta recursos y con su madre prácticamente no se ven.

Los niños no sólo heredan el compromiso delictual de sus hermanos: a veces también sus apodos. Es el caso del “Poto Rico”, con antecedentes de robo con fuerza en lugar habitado, que le traspasó a su hermano menor el mote, no muy decoroso, de “potito rico”. El menor de los “potitos”, de 17 años, estuvo detenido el año pasado en Tiempo Joven por hurto. Ambos hermanos se criaron con sus padres en la villa Cousiño. La madre es asesora del hogar y el padre, chofer de camiones.

El Loquín, que hoy vendría a ser el yunta más fiel de “Cisarro” vivía con su abuela luego de ser abandonado por su madre a muy temprana edad. Una casa que es, dicen las fuentes consultadas, un hogar completamente desarticulado. La carrera de Loquín, de hecho, ha sido recuperar a su