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22 de agosto de 2009

El sheriff de la Plaza de Armas

Por

POR FELIPE AVENDAÑO

Dice que el ajedrez es una guerra y que siempre gana. No trabaja y aunque le han ofrecido pegas no las acepta porque está feliz vendiendo cachureos y jugando en el centro de Santiago.

Dice que cuando juega no piensa las jugadas, que mueve las piezas casi automáticamente. “Cuando aprendís, ya no te ponís a pensar, si es lógica la jugada que tenís que hacer. Agarrai un sistema de juego tuyo, personal, y lo hacís, lo sabís al pie de la letra”, explica.

Fuma una cajetilla al día y, cuando tiene plata, gasta sagradamente luca para almorzar. Le dicen el Sheriff, porque le encuentran cara de mexicano y cuando no anda vendiendo cachureos en el barrio de Mapocho se le puede ver en la pérgola de la Plaza de Armas de Santiago, con su gorro de lana y su mochila. Hace 24 años, en la población José María Caro, fue la primera vez que vio un tablero y en tres meses ya jugaba a la perfección. Dice que el ajedrez es una guerra, que le ha ganado a todos y que lo único que no hay que hacer en el ajedrez es rendirse, pelear hasta el último momento. “No hay ni un jote que me haga el peso, ni uno, son todos unos gatos mojados”, explica. Cuenta que le ha ganado a diez campeones nacionales.

Vive en una pieza y aunque no tiene trabajo estable, no acepta que lo inviten ni siquiera a almorzar, porque no le gusta que le regalen nada. Prefiere, para comer, apostarse un café o un sándwich.

En el tiempo que lleva en la plaza, ha visto toda su evolución, desde cuando tenía más árboles o cuando la pérgola quedaba al lado de las galerías. Se proclama uno de los fundadores del club de ajedrez del centro. Los demás, cuenta, “están todos finados”.

No le compra a los choros de la plaza, porque -dice- “se creen choros y andan puro macheteándole a los maricones” que se prostituyen. Según él, antes era mucho más peligroso. “Antes a uno nuevo lo dejaban al tiro de cuello, en pelota; ahora son pandillas. Antes el choro peleaba solo, ahora no po, peleai con uno y salen 20 hueones de la espalda del hueón”.

No le gusta hablar de su vida, porque tiene los papeles manchados y por eso, se queja, nadie lo contrata. Se quiere olvidar de todo eso. Por eso es que sólo habla del ajedrez.

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