Por Pepe Lempira
Ilustración: Ajab

Las obvias limitaciones de los candidatos presidenciales chilenos ya inspiran algo que va más lejos que la simple impaciencia. En este caso, luego de rabiar, aburrirme e impacientame -nuevamente- ya siento que se puede trasciender a la compasión. Sobre todo viendo el debate televisivo de anoche.

Aplicándose un poco, cualquier periodista de la quinta línea de batalla puede hacer sonrojar, tartamudear y barritar incoherencias a los postulantes.

Sobre todo a Piñera, convengamos… Y agreguemos que alguien que parece vivir en una permanente incomodidad, impostación y sufrimiento, no puede dejar indiferente a quien tenga algo de corazón.

“La ambición te llevará al fracaso”, me decía insistentemente una amiga ante cualquier plan que fuera más elaborado que comerse un whopper. “El problema de Piñera es que siempre lo pillan”, agregaba hace un tiempo Hermógenes Pérez de Arce, simplemente constatando.

Y ahora viene el un conductor de noticias de UCV y lo pilla y hace pedazos con una simpleza tal, que sólo consistía en leer una estúpida contradicción inserta en su programa, redactado por más de 1.500 profesionales repartidos en 12 equipos de trabajo (?). Sebastián, estás prometiendo como gran cosa 600 mil viviendas, pero son 50 mil menos de las que ya hizo Bachelet ¿Explícamelo por favor?

La escena, además de tener connotaciones humorísticas obvias y parecer una parodia en sí misma, me suena casi a un acto fallido del candidato. Un error freudiano sembrado por la esquina más lúcida de su Subconsciente, en intento de salvar al Yo (no digamos al Super Yo, que no se le ha detectado pero puede existir en algún otro rincón cerebral), del camino que ha emprendido a la autoaniquilación y bochorno.

Yo sé que Piñera debe estar muy ocupado , pero le voy a remitir aquí y ahora un consejo, que es una profecía y una maldición a un sólo tiempo. Sebastián, léelo antes de que sea tarde. Estás a un par de días de un punto de no retorno:

Es posible que ganes el domingo, y eso porque la mayoría de las personas ni siquiera leen los programas o ven los debates (y sobre todo porque la Concertación es una mierda). Te agrego que es posible que tus primeros años de sean glamourosos y gloriosos. Todos te amaran por un tiempo, como le pasó a Menem. Es posible que te animes a divorciarte de Cecilia y te puedas casar con la otra Cecilia, que ya se ha metido con viejujos peores. Y es posible que, por eso mismo, todos te aplaudan de pie en un estelar de tu propio canal de televisión, mientras anuncias un bono para que Chile pueda celebrar contigo tu nueva felicidad.

Pero, como dice Charly García, “¿por qué te vas hacia ese lugar en que otros han descarrilado?”. No lo comprendo. Como siempre -también como a Menem- al final te van a pillar… de nuevo. Y va a ser en grande. Entonces desearías haber escuchado a tu Subconciente, que día tras día te hacía esas sabias zancadillas para evitarte el gran bochorno de tu vida. En ese momento te vas a insultar a tí mismo con feas palabras por no haberte conformado con ser un simple multi-mega-millonario.

Pero no desesperes. Es posible que te salves. Que pase lo siempre: que gane ese muñeco de cera que te pusieron de competidor. Aunque sufras ese domingo y se transforme en cana el último vello púbico que tenía color, tu alma saldrá ganando. Y, sí, es posible que a la larga sea lo peor que le pueda pasar a Chile. Pero, créeme, si gana Frei, te libraste por pelos.
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PD: El autor desea aclarar que su intención no ha sido ningunear al profesional del periodismo al que se refiere la columna en un pasaje. En circunstancias que hasta es telespectador semi-habitual de su programa.