POR MAX MARAMBIO*

El verano del 2009 lo empezamos bajo el “síndrome Obama“. La elección del primer presidente negro en EEUU, de enorme connotación simbólica por la superación de prejuicios que parecían imposibles, agregados a lo que suponíamos, se dejaba atrás: un periodo oscuro de inmoralidad
política de difícil homologación en la historia anterior. Entonces, desde ese estado de ánimo y como un augurio muchos sentimos que se inauguraba una nueva etapa para la humanidad, nuevas esperanzas donde todo intento era posible.
Sí. Podíamos de nuevo soñar con cambiar mucho, mejorarlo todo. Y en la lógica del atrevimiento ¿por qué no podíamos cambiar Chile, crear una nueva forma de hacer política? ¿Y encantar a los y jóvenes y no tan jóvenes, poner las ideas y convicciones por delante, llamar a las mujeres y hombres libres de nuestro país a soñar de nuevo?
Entonces nos juntamos, por arte de ese imaginario, sin conocernos aún, el pequeño grupo heterogéneo de gente, distintos en edad, sexo y condición social. Transversales de verdad en todo, excepto en el hartazgo con lo políticamente cotidiano. Con las lógicas añejas, con la hipocresía. Cansados de pactos y componendas, los primeros de los muchos que, más tarde, en todo Chile, apoyaríamos a Marco. Y éste, que venía rumiando hace rato la idea de que muchos chilenos estaban hasta la coronilla de todo este fangal, decidió a su vez, al unísono, levantar el dedo y señalar un camino y convocarnos a todos para luchar por hacer las cosas bien. Pero eso fue después. Porque antes estábamos juntos y no lo sabíamos, y éramos el germen que más tarde crecería hasta casi un millón y medio de personas. Y así fue que un día despertamos y supimos que estaba ahí nuestro anhelo, nuestro desafío.
Una proeza al alcance de la mano, con un hombre, más joven que algunos y más viejo que muchos,que la encarnaba y nos decía ¡síganme! ¡Y nos pusimos todos en marcha…!
Mientras, Obama empezaba a enseñar lo que serían las bases de su gobierno, en discursos magistrales y emblemáticos: el levantamiento del embargo a Cuba, un nuevo trato para América Latina, una reflexión histórica, de mano extendida al mundo musulmán, fin de la guerra en Irak, desmantelamiento de Guantánamo y del sistema de cárceles secretas y torturas en distintos países, heredados de Bush como política oficial de su Gobierno; un ambicioso sistema de salud para atender a los millones de personas ajenas a esos beneficios dentro de EEUU.
Acá, Marco empezó a recorrer el país tanteando la temperatura de sus aún desconocidos adherentes, auscultando el Chile que sospechaba, hablando de sus sueños y de sus proyectos emblemáticos: reforma educacional y tributaria y de sus mas queridas reivindicaciones que entonces sonaban a provocaciones: aborto, uniones homosexuales, cambio de régimen político, mar para Bolivia, etc. En taxis azules, dos, para que pareciera que no andaba solo, recorrió Chile de norte a sur hablando con la gente en las esquinas, en las plazas y en las ferias y fue constatando que su percepción era correcta, había mucha gente, tan encabronada como él mismo, con el estado de las cosas.
En el mes de mayo obtuvo 2.8 puntos de mención espontánea en una encuesta.
Tomamos prestado de Obama su lema. “ Yes, güi can.”, fue nuestro primer slogan de campaña. Y lo elegimos como cábala, como un exorcismo para los incrédulos, seguros, ya entonces, que tomaríamos el cielo por asalto. Y recorrimos el desierto, paso a paso, y lo vimos florecer de voluntades.-
Allá afuera, sin embargo, el hombre “que había podido”, en brazos de millones de ciudadanos que soñaron, empezaba a chocar con la realidad de un sistema hecho para que lo esencial no cambie. Y a lo largo del año, sus más nobles intenciones se fueron quedando en el recuerdo delos discursos.
La guerra continúa, en Irak con fechas presuntas de retirada, en Afganistán con más soldados cada día y con muchos miles de víctimas nuevas, el compromiso con el medio ambiente y las medidas para salvar el planeta quedaron sepultadas en Copenhagen con las antiguas formas cuartelarias y las mismas negativas de siempre, y América Latina, que recibió desde algunos foros señales de política de buen vecino, se ha debido encontrar en realidad con una reinaugurada Cuarta Flota dedicada a nuestro continente, siete bases militares en Colombia y un golpe de estado en Honduras, finalmente apañado por el Departamento de Estado. Y del levantamiento del embargo a Cuba, poquito, nada.
Y así fue pasando un año 2009 que comenzó con augurios y promesas que nos dieron fuerzas para ir adelante con esta lucha que continuaremos sin descanso. Lo extraño, la paradoja, es que el hombre que ilusionó al mundo y que nos hizo tener esperanzas ganando una elección imposible en el país más poderoso de la tierra, parece retroceder cada día, que algo le sale mal a diario y diluye el sueño que fue, para decepción de sus seguidores.
Por el contrario, Marco que, por ahora, perdió una elección, obtuvo lo que parecía imposible: la adhesión de un millón y medio de voluntades, un 20% de ciudadanos que quieren seguir adelante, sin miedo, sin odio, con sueños y convicciones. Y la certeza de que hay muchos más que quieren seguir luchando para tener un país mejor donde, al fin, llegue la alegría prometida.
¿Que pensará Obama de sus sueños rotos? ¿De sus promesas incumplidas? Debe ser duro recibir el premio Nobel de la Paz y no poder celebrarlo por los reproches de sus adversarios políticos que lo entienden como un mandato más que como un galardón. ¿Y la permanente caída de su popularidad, será recuperable? Se salvará Obama del juicio de la historia? Podrá con sus inmensos desafíos?
No podemos saberlo. Pero el tamaño de los sueños se mide con un rasero común para todos los seres humanos, más allá de cargos, tamaños y poderes. Si somos dignos, somos gigantes. Y podemos asegurar con humildad que solo las convicciones pueden sostener los sueños y solo el trabajo puro y duro de cada día, más la firmeza y perseverancia en lo que creemos, pueden alejarnos de la irrelevancia. De nosotros dependerá recordar este año como el de la esperanza o finalmente como el de las decepciones. No podemos predecir el futuro de otros, pero si podemos afirmar que pase lo que pase, en nuestro pequeño país, acá en el fin del mundo, una inmensa minoría de mujeres y hombres libres, seguirá luchando por un país mejor y mantendrá con honor, como una bandera en alto, nuestro “ Yes, güi can.”
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*Jefe político de la campaña de Marco Enríquez-Ominami.