POR PATRICIO FERNÁNDEZ

A mí Frei no conseguía convencerme del todo, hasta que me sedujo Carolina Tohá. Los suyos son argumentos encantadores y serios a la vez. Contesta improvisando lo que se le pregunta. Las suyas no son frases memorizadas ni la conclusión de estudios de opinión. Piensa de un modo bastante cercano al que uno piensa, sólo que mucho mejor informado y con esos aires de confiabilidad que el simple ingenio no alcanza a concederle a los proyectos. La he visto hablar en público y convencer al auditorio. Es joven sin esforzarse por parecerlo y argumenta de manera tan sensata que sorprende. Matías del Río le preguntó en Tolerancia Cero si acaso creía ella en la “superioridad moral” de la Concertación, ésa que se supone que viene de haber luchado por la democracia cuando la otra mitad de Chile defendía la dictadura, y contestó: “no me gusta usar esa fórmula, pero sí puedo decir que mientras nosotros –los concertacionistas- no tenemos ningún pasado que ocultar, hay otros, los de derecha (no lo dijo así exactamente, pero sigamos), que sí lo tienen”. Como en ese sector no saben pedir perdón -siempre sucede con los machistas-, están obligados a disimular. Todos los esfuerzos de Piñera han apuntado a parecer más concertacionista que la Concertación y, efectivamente, Frei es una mala cara para enrostrarle su atrevimiento. Carolina Tohá, en cambio, encarna perfectamente lo que este conglomerado debiera estar ofreciendo hoy día: simpatía y cordura, apertura y convicción, dulzura y rigurosidad. Dudo que ella piense, en el secreto de su cabeza de niño travieso, que Frei sea el mejor candidato imaginable. Algo tiene la Tohá de mocoso malo, sin perder el encanto de las princesas. Ha de considerarlo el dato obligado para un proyecto que lo sobrepasa por mucho, que reúne a millones de chilenos que saben perfectamente que no es lo mismo un patrón que un empleado, ni un rico que un pobre, ni un privilegiado que un marginal. Podremos hacernos los lesos y decir públicamente, para no parecer amargados ni resentidos, que esas disquisiciones son producto de otro tiempo, cuando la violencia bárbara reinaba entre nosotros, pero sabemos muy bien que, a veces, en medio de la violencia bárbara asoman verdades indesmentibles. Peter Singer, el destacado filósofo judío australiano que defiende amar a los animales como a uno mismo, encontró en un individuo nada de famoso la mejor respuesta a lo que significaba ser izquierdista: “Cuando le pregunté por qué había pasado su vida defendiendo todas esas causas, me dijo sencillamente que estaba del lado de los débiles, y no de los poderosos; de los oprimidos, y no del opresor; de la montura, y no del jinete.” La Tohá le devuelve de manera fresca la dignidad a la política. Si era agradable escuchar al humanista Arrate en los debates, cuando ella habla, es toda una cultura la que se pronuncia disparada hacia delante. Si ella está ahí, yo creo que Frei será más de lo que parece. En cada cosa que dice su jefa de campaña se huele el cambio generacional en curso, y si bien Pato Navia en su comentadísimo mail a Piñera asegura que “al final los capitanes son más importantes que la tripulación”, yo no creo lo mismo que el comentarista: apostaría que un buen equipo puede cambiar el curso de la historia (¿quién comandó la Toma de la Bastilla?), y más aún si el capitán conoce sus falencias. Convengamos que ninguno de los candidatos en concurso es precisamente un líder nato. Ninguno de los dos despierta pasiones arrobadoras, pero mientras Piñera se avergüenza de buena parte de sus huestes, el otro sabe que ahí radica su capital más valioso. Durante estos últimos días he visto revivir el entusiasmo progresista. Salieron del ruedo los viejos vinagres y se apoderaron de la escena los cuadros de relevo, y cuando eso pasa ya no hay vuelta atrás. En la derecha, los que pertenecen a la misma generación de los concertacionistas que jubilan, aún esperan gobernar. ¿Será verdad o hueveo que piensan en Sergio Romero para canciller? La dirigencia de los partidos de la Concertación tardó en entenderlo, resistieron como mulas, y mientras lo hicieron, perdieron. Ahora es el tiempo de sus herederos. Basta verlos en escena para que vuelva el alma al cuerpo. Quienes no cambiamos un parque ni por mil jardines privados, correremos a votar por Frei con muchas otras caras en la cabeza. ¡Qué tontera más grande no haber puesto antes a la Carola en la testera! Ojalá no haya sido demasiado tarde.