Juan Pablo Hermosilla, abogado de las víctimas en el Caso Karadima: La entrevista completa

    • Hace unos días theclinic.cl publicó un extracto de esta entrevista, simultáneamente con su aparición en la edición impresa. Hoy publicamos el texto íntegro.

POR PABLO VERGARA
Es el abogado de los cuatro denunciantes que acusan al cura Fernando Karadima de abusos sexuales. Es columnista de The Clinic y uno de los mejores penalistas de Chile. Ahora le toca una causa que ya tiene la pradera ardiendo, con uno de los sacerdotes más influyentes del país enfrentando la investigación de un fiscal que indagará, también, si hay otros casos y si hubo encubrimiento por parte de más curas.
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Hace una semana, los clientes de Juan Pablo Hermosilla tenían que enfrentar las críticas de muchos por haber denunciado al sacerdote Fernando Karadima. Tras el Informe Especial del lunes, el abogado siente que las cosas han cambiado. “La fuerza de los hechos han producido una suerte de orden, hoy, creo, está más o menos claro que hay situaciones que investigar a fondo, pero en forma seria y rápida”, dice.

La semana pasada había una defensa férrea en torno a Karadima. Simplemente, esto no podía ser. ¿Qué cambió?
Creo que lo que cambió esa percepción fue ver la firmeza y la humildad con que personas valientes salen a contar las experiencias que vivieron.

¿Cómo se formó este grupo de denunciantes? ¿Cómo coincidieron?
Ellos no eran amigos en la época en que ocurren los hechos, tienen edades distintas. Se ubicaban algunos, pero no eran amigos. Y los fue uniendo el destino. Todos en un momento se dan cuenta que esto está muy mal y que no puede seguir ocurriendo y deciden enfrentar individualmente estos hechos y darlos a conocer al interior de la Iglesia. Aproximadamente hace un año se encuentran, se dan cuenta que están en la misma posición, que sufrieron cosas muy parecidas y que los cuatro tienen la posición de salir a comunicar esto del punto de vista institucional. No se trataba de hacer una guerra mediática ni nada por el estilo, sino de salir a plantear el tema. Y bueno, los acontecimientos se precipitan por la filtración que se produce a La Tercera y a partir de eso, una cosa que estaba en marcha con otros tiempos, se acelera y se presentan las denuncias.

¿Y este encuentro cómo se da? ¿Ellos sabían de la existencia de otras denuncias?
No, en ese momento no saben.

¿Y cómo se juntan?
Se juntan porque empiezan a buscar reforzarse, otros testimonios que avalen lo que están diciendo. Porque, como sucede habitualmente, se sienten cuestionados. Ellos cuentan su versión y creo que de alguna manera sienten las miradas escépticas al otro lado. Y frente a eso, obviamente, buscan reforzar su verdad con las declaraciones de otras personas que hayan vivido lo mismo. Y en ese proceso se encontraron y decidieron, como los tres mosqueteros, que son cuatro, salir a apoyarse e iniciar esto. Se dan cuenta que se fortalecen al actuar en grupo y deciden enfrentar los procesos eclesiásticos así. Y después deciden, no hace mucho, buscar asesoría para iniciar acciones legales.

Porque las acciones eclesiásticas no arrojaban resultados.
Está a la vista que, después de varios años de investigación, la situación está igual que el día 1. No me corresponde emitir opinión, porque no soy experto en el tema. Pero lo que sí está claro es que ellos sintieron la necesidad de que se hiciera una investigación del punto de vista de la justicia civil, no eclesiástica, que permita rápidamente establecer si estos hechos fueron ciertos o no y saber si ha ocurrido con otras personas.

¿De la investigación que no operó dentro de la Iglesia, se pueden desprender responsabilidades legales para la justicia? ¿Obstrucciones, encubrimientos?
No lo sé. Es un tema delicado y me imagino que tendrá que verlo el fiscal Xavier Armendáriz, que investiga esto en todos sus ángulos. Igual es extraño que esto se haya informado hace tanto tiempo atrás y no haya pasado nada.

Extraño, pero pareciera ser más o menos regular en instituciones como la Iglesia.
No sé, no tengo experiencia para decirlo. Pero llama la atención que un equipo periodístico, en este caso TVN, que trabajó poco tiempo en el tema, con las limitaciones que tiene el trabajo periodístico, haya terminado encontrando rápidamente un caso distinto, que corrobora completamente lo que dicen mis representados. Y, por lo tanto, me imagino que no es tan difícil de investigar, tampoco.

Esto se parece a la red Paidos y a la detención de Paul Schäfer, donde equipos periodísticos llegaron a conclusiones antes que las instituciones.
Es un tema bien delicado el de la prensa en estas cosas. Pero creo que en casos como éste sí es útil la libertad de expresión, la libertad de información y el rol de la prensa. Y tengo la impresión que este caso, a futuro, será mirado en forma especial por el rol que ha cumplido la prensa.

Cierto, pero parte de la prensa: la semana pasada algunos medios prácticamente fusilaron a uno de los denunciantes. La Segunda publicó su foto, nombre, donde vivía. ¿Cómo lo vivió él?
Mal. Nuestra idea era no aparecer hablando mucho y tuvimos que salir a defender a James Hamilton, que fue atacado violentamente por el diario La Segunda. Si bien ellos estaban preparados para cuando esto se supiera, porque el “manual de respuesta” de estas cosas es atacar al denunciante. Como dijo elegantemente Juan Carlos Eichholz en El Mercurio, la respuesta tradicional parece ser en estas cosas matar al mensajero. El mensajero acá, además, era la víctima.

Precisamente al día siguiente del llamado de la Conferencia Episcopal a presentar denuncias.
Así es. No deja de ser una paradoja.

LA MANIPULACIÓN

¿Cómo están pasando este momento los denunciantes?
Los veo bien, afectados pero firmes. Serenos. El impacto para ellos es doble. Por un lado, sentir -y es difícil para una persona que no sea religiosa entenderlo- que el poder tremendo de un guía espiritual con las características de Karadima sea usado para hacerle daño a las personas, siendo jóvenes, además, inmersos en una búsqueda espiritual y pensando en el sacerdocio. Eso es tremendo. Y por otro lado, es fuerte la sensación de denunciar y que no se escuche respuesta del otro lado, porque al denunciar en parte se pide ayuda.

Una cosa que sorprendió mucho de los testimonios es que estos abusos se mantuvieron cuando ellos eran mayores.
Se mantienen porque el poder es enorme. En algunos casos dura mucho tiempo y eso tiene que ver con que se traba un vínculo que maneja en este caso una persona que, en mi opinión, es capaz de manipulaciones más allá de lo que uno ha conocido, incluso en el ámbito delictual, que le permiten tomar el control y manipular de forma perversa a estos jóvenes. Y eso se puede prolongar en el tiempo, por supuesto.

Esto me ha recordado a Paul Schaefer en la Colonia Dignidad.
Creo que hay una melodía similar, en términos de las situaciones de poder tremendo que se producen, por una u otra razón, de un individuo con jóvenes, y que se usan para fabricar un espacio para descargar perversiones sexuales. Porque aquí el tema no es la homosexualidad como se ha dicho, o cosas similares. Aquí tiene que ver con perversiones y por eso es que se causa daño. Y un daño enorme, porque no es sólo hacer lo que se hizo durante tanto tiempo, con todo tiempo de justificaciones religiosas, sino que, además, cuando las víctimas se defienden, atacarlas.

Hay una cosa que llamó la atención del testimonio de uno de los denunciantes, cuando lo envían a hablar con otro sacerdote de esa iglesia. Él habla del padre Andrés Arteaga (hoy obispo). No estamos hablando de sólo una persona.
Bueno, una de las cosas que va a tener que investigar el fiscal no es sólo -por así decirlo- estos hechos principales sobre abusos de carácter sexual y religioso que se producen, sino si esto estuvo en conocimiento de otras personas en su época y hay gente que haya facilitado la comisión de estos hechos.

¿Encubriéndolos?
Por ejemplo. O con actividades, para usar un lenguaje penal, de cómplices o de coautores. Eso tiene que ser investigado a fondo.

EL SISTEMA

¿Cómo describiría este sistema que denuncian sus clientes?
Un gran abuso de poder. Imagínese lo que es el poder religioso de ciertos sacerdotes. El caso de Karadima es paradigmático: él tiene el poder propio de la confesión y tiene por lo tanto el poder de liberar a la persona de sus pecados. Es al mismo tiempo el guía espiritual. Probablemente en su momento ellos lo ven como el guía espiritual más importante que hay en Chile, responsable efectivamente de muchas vocaciones sacerdotales. Y esta manipulación parte por el hecho que él escogía a algunos y eso ya era una cosa tremenda. Pero además, cuando se produce una sensación de impunidad completa sobre esto, sostenida en el tiempo, las víctimas quedan completamente expuestas y vulnerables a manipulaciones que están a la vista. Creo que esto se repite efectivamente en estos lugares y por eso que a uno le suena a Paul Schäfer. Es muy distinto en tantos aspectos, pero suena esa melodía parecida. Una situación de poder, con gente vulnerable y joven abajo y que ésta persona que detenta el poder lo usa en forma propia de una perversidad siquiátrica.

El mundo católico de elite está profundamente impactado. ¿Cómo han sentido esa radiación?
Lo siente todo el mundo. Aquí se trata de uno de los principales grupos religiosos de la elite chilena de los últimos 40 ó 50 años. Pero no hay que apresurarse en sacar conclusiones. Hoy la agenda es mucho más simple: investigar los hechos a fondo. Uno de los roles muy bonitos que tienen las instituciones de justicia del Estado es hacer reparaciones simbólicas por la vía de fijar cómo fueron los hechos.

En el Informe Especial, el obispo Ezatti reconoce que tuvo esta información el 2003. ¿Qué fue eso?
Bueno, ahí uno de mis defendidos mandó una carta dando cuenta de su experiencia y por lo que pudimos ver en la televisión parece ser que no tuvo mayor impacto. Y eso, también, creo que llama la atención, obviamente.

Se ha especulado que esto podría estar prescrito, ¿qué pasa en ese escenario?
Bueno, eso no se puede saber. Incluso El Mercurio publicó que yo había dicho que los hechos estaban prescritos y eso no es cierto, nunca lo dije porque además no lo podría decir porque nadie lo sabe. La prescripción opera desde que ocurre el último de los delitos y eso no sabemos cuándo ocurrió. Aquí aparecen hechos con características delictuales que se sostienen en el tiempo durante años, con distintas personas, que no tenemos por qué suponer que dejaron de ocurrir cuando mis defendidos se alejaron de Karadima. Por el contrario: todo indica que había un proceso en marcha y una forma de manipulación con jóvenes que seguía después, y creo que una de las funciones más importantes que tiene el fiscal. Si acá no hay que olvidar de qué se trata esto: más allá de los temas religiosos, políticos, de poder, se trata de seres humanos. Y lo que tiene que hacer el Estado es ver si han existido esos delitos. La prescripción ha sido una discusión instalada con interés comunicacional como para demostrar que esto no tiene sentido investigarlo. No quiero especular, pero puede ser una forma de tratar de frenar la investigación. Y eso no va a ocurrir. Los hechos son tan graves que en muchos aspectos superan el tema legal y pasan a aspectos morales y religiosos puros graves. Como no hay constancia que haya habido una investigación a fondo interna, lo que hay que empujar, como ciudadanos, es una investigación del Estado.

La defensa de Karadima ha hecho un giro raro, diciendo que eran mayores de edad, que no hay abuso sexual a menores.
Eso es discutible porque, si bien técnicamente habrá que ver las circunstancias, no hay que olvidar que hasta hace algunos años, la mayoría de edad eran los 21 años y no a los 18. Y, en segundo lugar, en tres a lo menos de los cuatro casos está claro que ocurrieron hechos antes de los 18. Pero estas discusiones no tienen sentido: acá lo que se necesita saber es si esto fue cierto o no, a cuánta gente abarcó; ¿hubo gente que lo encubriera? ¿Hubo gente que facilitara la comisión de estos delitos? ¿Y habrá otras personas que, aprovechándose de este ambiente, cometieron delitos también?

La Segunda hoy hace la diferencia con el caso Spiniak…
Es que… Hay delitos que son graves. La normalidad es una persona que se encuentra en una situación de poder, o tiene una situación de poder muy puntual, y que abusa de una víctima. Y hay otra situación -y por eso que la analogía finalmente no es con Spiniak, sino, siendo muy distinto, suena a Schäfer- donde existe un poder institucional del cual se aprovecha alguien para cometer estos delitos, que ponen a la víctima en una situación de indefensión mucho mayor de una víctima común y corriente. Esto es mucho más grave que si lo hubiera hecho el profesor de un colegio, porque el profesor no es un asesor espiritual, no es el encargado de decir qué es lo correcto o no que hacen los alumnos del punto de vista ético sexual. El sacerdote confesor, el guía espiritual, es el referente de eso y de tu vocación y de tu proximidad con lo celestial. Y que él, aprovechando esta situación, decida, en vez de dar protección y orientación a las víctimas, transformarse en alguien que desorienta, agrede y puede terminar destruyendo a una persona, es de lo peor que puede existir. Y por eso es que entiendo que se ha producido este revuelo, más allá de quien era Karadima objetivamente.

En Estados Unidos hay abogados que se dedican a estos casos. Cierto vespertino destacaba en tu perfil que eras columnista de nuestra revista, dando algún tipo de intención con eso. ¿Tú te vas a transformar en un caza curas?
No, jamás. No soy una persona religiosa, no soy creyente, pero tengo más bien una relación de afecto con la Iglesia Católica, y probablemente nos pasa a muchos que vivimos la dictadura con una Iglesia que nos prestó apoyo, espacio, protección y nos dio consejo. Y yo por lo menos no olvido esos tiempos. No me voy a transformar en un abogado que se dedique a perseguir a la Iglesia, pero tampoco puede sostenerse que uno la persiga cuando se persiguen responsabilidades personales sobre la comisión de delitos. Por eso hemos sido tan cuidadosos en cómo nos hemos referido, porque mis defendidos y yo estamos lejos de tratar de hacer de esto un acto de agresión contra la Iglesia Católica.

Como laico, ¿qué es lo que más le impacta de esto, aparte del delito?
La Iglesia cumple una función muy importante, de protectora de la gente frágil. Se preocupa de los presos, algunas instituciones se preocupan de los jóvenes adictos a las drogas, marginales. A uno le cuesta integrar en esa imagen espacios en los cuales existe la impunidad para afectar a gente joven que se entrega a la Iglesia como camino a Dios. Creo que eso es lo que más me ha impactado. Pero todavía es tiempo que se hagan las cosas bien por parte de la Iglesia, creo.

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