POR CATALINA MAY • ILUSTRACIÓN: MAX BOCK
Gonzalo Rojas nació en Lebu y actualmente vive en Chillán. Desde allá evalúa la situación del sur a dos meses del terremoto y próximo a empezar el invierno. Asegura que los penquistas están “cagadillos” y que las mediaguas son parte de Chile. No pesca al gobierno de Piñera y agradece a la Concertación y al pavimento que puso Lagos. No le cree a los curas, dice que el fútbol es para los tontos y que lo descorazona la cagada que hay con los profesores. Y habla de su primer libro, “La miseria del hombre”, a punto de ser reeditado por Ediciones UDP.
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¿Cómo está el sur?
-El sur de Chile está de acuerdo con los famosos terremotillos. Pero no es tan pavoroso. Yo ayer fui a Concepción de Chile, una ciudad que alguna vez tuvo vida -¡y apariencia de gran vida!-, pero está muy dislocada y fea. Sucia también. Pintosa, pero fea.

¿Y cómo vio a la gente allá?
-¿Usted puede escuchar palabras de hombre? ¡Cagadillos los encontré! De miedo, de fastidio y de pena. Pobre gente. Señorillos que hasta hace algunos meses tenían cierta prestancia -y para mí presumían demasiado-.

¿Se estaban agrandando los penquistas antes del terremoto?
-Sí, pero no lo vaya a decir con sorna. El terremoto vino a corregir las desmesuras -pobrecita gente-, porque la gente tira para arriba con mucha frecuencia, en circunstancias que Chile es un país que tiene sus límites y sus problemas. Yo he vivido en Concepción 25 de mis 93 años .

¿A usted el terremoto lo pilló en Chillán?
-Claro. Estaba acostado, como casi toda la gente de Chile, ¡y vino un sacudón! Volaron los treinta mil libros que tengo en mi casa. A mí me divirtió el horror, esa es la verdad. Sentí aquello como una situación irremediable. Y cuando eso pasa, en lugar de llorarla -como dice el huaso-, uno la aguanta, la soporta. Chillán tiene su tradición terremótica.

¿A su Lebu natal ha ido?
-Fui y me horrorizó. El río donde yo aprendí a nadar -y usted tiene que saber que Lebu quiere decir río-, no sólo estaba seco, sino que era un lagarto. ¡Reseco! Y ahí donde había carbón hermoso, nada. Pero los dioses se encargan de mudar el mundo, y vuelve el agüita de a poquito por dentro. Me dicen que está empezando a fluir.

¿Y la gente?
-Esos son los más valientes, porque como son del mar… Yo he aprendido en mi larguísima vida, que ni los mineros -que yo respeto mucho- ni los campesinos tienen el coraje, la dignidad, la hidalguía del hombre del mar.

¿Qué le parece que caracteriza a este terremoto en comparación con los que usted ha vivido antes?
-El que sea tan ancho, tan abierto. Se desarmó la cosa.

¿Y los saqueos los había visto?
-Eso es el mierderío chileno. De los pesados, que son tan tramposos y tan necios. ¡Cómo se les ocurre en medio del oprobio salir a robar! Y no sólo los pobrecillos, sino los otros también. Todos robando. Yo nunca lo había visto.

¿Qué vaticina que va a pasar por esos lados cuando llegue el invierno?
-Va a ser odioso, pero no va a ser peor que los otros inviernos, que por aquí se padecen más que se viven. Me llama la atención en estos días que hay mucho sol, espeso, pesado, tramposo. ¡Yo no creo en ese sol! Yo soy del agua.

Pero con tanta gente viviendo actualmente en mediaguas la lluvia va a ser dura.
-Las mediaguas, en las que yo me crié, son parte de la fiesta difícil del bellísimo país de Chile. Los necios les tienen miedo. Claro que no me gusta que los señoritos no le resuelvan la situación al pobrerío. Pero siempre se ha vivido de este modo.

¿Qué llamado le haría al gobierno desde el sur, antes de empezar el invierno?
-Que se hagan hombres. ¡Y que aguanten la mecha! No querían gobernar…

LAS PIERNAS DE LA VAN RYSSELBERGH

¿Qué le ha parecido la respuesta del gobierno de Piñera al terremoto?
-Es que yo no sé quién gobierna hoy. Sólo sé que hay una mudanza y que el actual patrón trata de hacer algo, pero no sé qué, porque aquí no se ve.

¿Qué le parece la nueva intendenta de su región, Jacqueline van Rysselbergh?
-Dicen que es bonita, que tiene lindas las piernas. Eso es lo único que yo sé.

¿Que piensa del Chile eficiente y exitoso que representa el actual gobierno?
-Cuando yo vivía en Estados Unidos se hablaba del jaguarismo. Pero cuando volví a Chile era una verdadera trampa, porque no coincide.

¿Le recomendaría alguna lectura a Piñera?
-Claro, le hace falta volver a leer. A leer por dentro, el pensamiento grande de la filosofía oscura y medio difícil. Que lea bien la ciencia, que se meta en el laberinto científico y tecnológico de veras. Que relea, como decía Borges. ¡Pero para releer, hay que haber leído!

¿Qué balance hace de los años de la Concertación en el poder?
-De eso sé un poco más. La idea de que los desposeídos o pobretones pudieran recibir alguna ayuda y ser bien atendidos en la línea de la salud, supongamos, eso es bueno. Fueron veinte años de verdadera prestancia. Hay dos vocablos que le caben a la Concertación: dignidad y coraje. Yo los vi valientes. ¡No a todos! Hubo algunos pelafustanes y tramposos. Pero hicieron mucho de mérito y de gracia.

¿Se le ocurre algo en especial?
-A mí me toca ir mucho por los caminos de Chile y uso el pavimento, que antes era un destrozo. Este país sin pavimento era una caca. Y la gente dice: ‘Se lo debemos al Lagos’. No sé en qué medida, pero él condujo la cosa. Y el pavimento es una cosa seria, real. Entre lo mucho de horror que vi ayer en Concepción, no sólo los ladrillos estaban sueltos, sino también los adoquines. ¡El seso de Chile está suelto! No funciona bien, no hay coherencia ni cohesiones.

LA ERÓTICA

¿Qué le parece el caso Karadima y todo lo que está pasando en la Iglesia Católica?
-Estos curas están todos picantosos. ¿Por qué no se casan y agarran mujer como todos nosotros? Es una tontería. Pregúntale a los apóstoles, ¡a los grandes, niñita, los de Jesús! Esos tipos no andaban con ningún enredo.

Los religiosos dicen que suspenden las pasiones de la carne en pos del amor de Cristo.
-¡No les creo! ¡No se me da! Es tan falso. El Lutero parece que anduvo más fresco, el Calvino, todos esos muchachones del XVI, XVII, que tuvieron la gracia de ser fieles al primer pensamiento de la cristiandad. Aunque yo de estas cosas no sé nada, niña linda.

De lo que sí sabe es del erotismo, tan presente en su poesía.
-¡La érotica! De eso se vive, mujer.

¿Qué sabe de la pederastia?
-Ah, no pues. No tuve ninguna afición. El fornicio existe y si les gusta el montaje en hombre o en mujer, allá los que hacen la operación. Pero con niños es una vergüenza. A las criaturas hay que dejarlas, pobrecitos, son tan preciosos, aunque son bandidos.

¿Cómo ha vivido usted el erotismo después de los 90 años?
-Igual que antes. No se pierde nada. El oficio funciona y es sagrado en uno. Funciona. Nunca tuve ninguna de esas aficiones, los objetos que se usan para estimular el baile, porque no nomás. No hay que presumir tampoco, pero no anda uno mutilado, hay que ser muy huevón para eso.

¿Qué piensa de tanta chiquilla con poca ropa que se puede ver hoy en la tele?
-Me parece chabacano, ordinario. Yo estoy contra la ordinariez de este mundo, en todos los planos. Es una mierda nomás, qué quieren mostrar esas criaturas. El puterío no tiene remedio y no es cosa de hoy, es cosa de siempre. El puterío de mi adolescencia remota era tan encantador, aunque de repente uno se descuidaba y algunas niñas le pegaban a uno alguno de esos daños. Pero los daños de hoy son peores, esas cochinadas que andan por ahí, los males de la eroticidad que se contraen por esas vías.

“EL PREMIAJE ES PARA EL HUEVONAJE”

Usted escribió el poema “Fútbol sin parar”. ¿Le gusta el fútbol?
-Me gusta, no lo niego. Me futbolicé de muchachón, como todos los niños de estos países, pero no soy fanático. En esa poesía me he burlado de eso y digo: “¿Por qué no se leen también a los griegos, que además de ser grandes deportistas tenían luz en la cabeza?”.

¿Es tonto el fútbol, dice usted?
-El fútbol es tonto y se ha cultivado para los tontos, para la eternidad de los imbéciles. El horror de la plata repercute en los puntapiés y en los talones de la gente. Una lata. Yo me crié con el boxeo. Todos teníamos que saber pelear, mijita, con los puños firmes.

Se va a reeditar su primer libro, “La miseria del hombre”, que tuvo re malas críticas cuando se lanzó.
-Hubo un tipo que se llamaba Alone -medio maricueca-, que dijo una frase que me llenó de gracia y me estimuló para ser en buena medida lo que soy como escritor. Un domingo hizo mención a mi libro que acababa de aparecer: “Al paso que van, las letras nacionales no prometen nada bueno”. Yo me estaba lustrando los zapatos en Valparaíso cuando lo leí y me encantó, porque me hizo bajar del caballo de la altanería, de la trampa, de la presunción de los escritorcillos mediocres que quieren, con el primer libro, ser inmortales. Le agradecí después cuando nos encontramos por la calle en alguna parte.

¿De verdad no se sintió mal?
-Como todo es coincidente, yo vivía en Valparaíso en esos días y trabajaba en el Deutsche Schule. Había unas gavetas donde ponían las cartas que nos llegaban y yo me encontré con un tarjetón. Lo abrí y era de la Mistral, desde Xalapa, México, y me decía todo lo contrario y me hacía un salud realmente portentoso. Pero así como no lloré con mi detracción, no me envanecí con el estímulo mayor.

¿A quién le daría este año el premio nacional?
-No, es que no sé, los que me gustan están muertos. El premiaje es parte del huevonaje. Mis premios me fastidian. El premio del rey, ¡nada! El premio de la reina, ¡nada! Ella encantadora sí, mi reina linda. El Octavio Paz, ¡cero! Yo tendré 15, 20 premios de los grandes. Y esas trampas de premiaje académico: doctor honoris causa, causa honoris doc. Qué lesera más grande.

¿Qué le parece la mala calidad de los profesores que han revelado las últimas evaluaciones?
-Eso me descorazona, porque efectivamente yo fui en mi viejo liceo alumno de profesores de veras. ¿Sabes qué quiere decir el abolengo de alumno? Viene de alere, que quiere decir alimentarse. En esos años los profesores nos daban de comer en serio. Hoy hay un destrozón mayor. Qué extraño, casi no lo entiendo. Yo tuve profesores fuertes, fieros, casi feroces.