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28 de Junio de 2026El desafío de generar una cultura de prevención inclusiva: cómo actuar ante emergencias con personas con discapacidad y/o dependencia
Organizaciones que trabajan en inclusión advierten sobre la necesidad de avanzar en una cultura de la prevención que contemple a grupos prioritarios mediante apoyos reales. “Una emergencia no es el momento para improvisar. Si una persona usa silla de ruedas, tiene discapacidad visual, auditiva, intelectual, está en situación de dependencia o requiere medicamentos permanentes, el plan debe estar conversado con anticipación, adaptado a sus necesidades y conocido por sus redes de apoyo”, explica María José Escudero, directora de Incidencia y Desarrollo de Fundación Ronda.
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Más allá de nuestra realidad como país sísmico, los recientes terremotos que afectaron a Venezuela –que ya dejan más de 1.400 muertos– ponen una vez más sobre la mesa distintas interrogantes en torno a qué tan preparados estamos para enfrentar diferentes emergencias.
Y dichas interrogantes son especialmente relevantes cuando se ponen en el centro a las personas con discapacidad o en situación de dependencia. Así lo advierten organizaciones que trabajan en inclusión.
“Los recientes terremotos ocurridos en Venezuela nos recuerdan que Chile es un país sísmico y que necesitamos avanzar hacia una verdadera cultura de prevención. Eso implica que los planes de emergencia no solo existan, sino que incorporen la variable de grupos prioritarios y contemplen apoyos reales para personas con discapacidad o en situación de dependencia”, explica al respecto el director ejecutivo de ONG Inclusiva, Carlos Kaiser.
En la misma línea la directora de Incidencia y Desarrollo de Fundación Ronda, María José Escudero, sostiene que “una emergencia no es el momento para improvisar. Si una persona usa silla de ruedas, tiene discapacidad visual, auditiva, intelectual, está en situación de dependencia o requiere medicamentos permanentes, el plan debe estar conversado con anticipación, adaptado a sus necesidades y conocido por sus redes de apoyo”.
En concreto, desde ambas organizaciones cuentan con una serie de recomendaciones para que familias o grupos que cuenten con personas con discapacidad o dependencia las incorporen en sus respectivos planes de emergencia.
- Conocer los riesgos del lugar donde se vive: no es lo mismo estar en borde costero, donde puede existir riesgo de tsunami, que vivir en zonas de cerros, quebradas o montaña, donde pueden ocurrir derrumbes, remociones en masa o aluviones.
- Definir una red de apoyo: establecer quién avisa, quién acompaña, quién ayuda a evacuar y quién confirma que la persona llegó a un lugar seguro.
- Asignar roles concretos: cada integrante de la familia, comunidad o equipo de trabajo debe saber qué hacer para reaccionar de forma rápida y coordinada.
- Revisar rutas de evacuación: identificar zonas seguras, vías de escape accesibles y alternativas si la salida principal queda bloqueada o no se puede usar ascensor.
- Capacitarse y practicar: no basta con tener un plan escrito; hay que saber cómo actuar antes de que ocurra la emergencia.
- Adaptar la comunicación: acordar cómo se entregarán instrucciones si la persona no puede oír una alarma, leer un aviso, comunicarse verbalmente o comprender indicaciones bajo presión.
Ante ello, María José Escudero advierte que “muchas veces la diferencia está en medidas simples: saber quién ayuda, tener medicamentos a mano, revisar una ruta accesible o acordar una señal de aviso. La inclusión en emergencias no es un tema técnico ni lejano; es una forma concreta de proteger vidas”.
En el caso de personas con discapacidad intelectual o con altos niveles de dependencia, los especialistas remarcan que la anticipación es clave. Así, se debe explicar qué podría pasar, practicar pasos simples, definir una persona de confianza y mantener rutinas de apoyo. Todo ello puede contribuir a reducir la ansiedad, la confusión o una posible descompensación.
“Cada persona puede tener necesidades distintas según su tipo y grado de discapacidad, su dependencia de terceros, su salud o los apoyos que utiliza. Por eso, prepararse no es solo tener una mochila; también es capacitar a la familia, conocer el territorio, reducir riesgos y actuar de manera coordinada”, argumenta Escudero.
Empresas, instituciones, comunidades
La elaboración de planes de emergencia inclusivos no es solo una materia que deben trabajar familias que tengan a personas con discapacidad o dependencia entre sus integrantes. También es una obligación para empresas, instituciones y comunidades.
“Adaptar los planes de emergencia no es solo una buena práctica: también es un tema de derechos. Si una comunidad, empresa o institución no considera a las personas con discapacidad en sus protocolos, está dejando fuera a quienes pueden requerir más apoyo en una situación crítica”, advierte al respecto Carlos Kaiser.
Cabe consignar que Fundación Ronda y ONG Inclusiva lograron incidir para que el recientemente promulgado Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados considere la priorización en emergencias y desastres de las personas titulares del sistema. Esto incluye a personas con discapacidad y/o en situación de dependencia, personas mayores, personas cuidadoras, niños, niñas y jóvenes.
En ese sentido, ambas organizaciones hicieron un llamado al Gobierno para que se tomen desde ya medidas preventivas junto a las instituciones correspondientes, incorporando accesibilidad, apoyos y coordinación territorial en los planes de emergencia.



