THE CLINIC PRESS
Una enorme estatua de Jesucristo ubicada en Monroe (Ohio), bautizada como “Rey de Reyes”, quedó reducida a un montón de fierros chamuscados, luego de que un rayo la impactara e incendiara. Un hecho que ha desatado una serie de dudas teológicas de difícil respuesta: ¿Dios quiso destruir la estatua? ¿Fue mala puntería? ¿La divinidad consideraba esta estatua un adorno de jardín de mal gusto? ¿El Demonio, Buda o Mahoma están involucrados? ¿Es una nueva prueba del fin de los tiempos?

Los fieles locales, inmunes a estos cuestionamientos, consideran el esqueleto de la estatua gigante, que recuerda la última escena de Terminator, como una especie de reliquia. Según un reporte de AP “algunas personas están sacando restos de espuma de la estatua de una charca próxima para llevárselos a casa con ellos, dijo la co-pastora de la iglesia Darlene Bishop. ‘Esto significa mucho para mucha gente’, agregó”. Por lo que se entiende que el monumento estaba fabricado en un material inflamable, semejante al que se usa en los decorados navideños de las grandes tiendas.

La estatua, de 19 metros de altura, fue mandada a colocar frente a la casa matriz de una congregación sin nombre, por cierto pastor Lawrence Bishop, quien hasta hace unos años era comerciante de caballos. Bishop, desoyendo cualquier mensaje implícito en el rayo, ha anunciado que reconstruirá su obra, pero en un material que sea a prueba de fuego.