POR PABLO VERGARA • ILUSTRACIÓN MAX BOCK
El escándalo sobre Fernando Karadima amenaza con extenderse a toda la Iglesia. Ahora no son sólo las acusaciones por abusos sexuales que pesan en su contra, los misteriosos pagos a testigos por una presunta extorsión a un sacerdote de su entorno, empiezan a complicar la red que durante años instaló en la curia nacional. Hoy en el arzobispado se discute si se hace o no una investigación sobre el origen y uso de las platas en la parroquia de El Bosque y los fiscales siguen su indagatoria. La nueva clave es, como en las películas, “sigue el dinero”.
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Al cierre de esta edición (The Clinic nº 352), en la Iglesia de Santiago las cosas estaban que ardían por culpa del Caso Karadima. No sólo por los abusos que se le imputan al muy influyente párroco de El Bosque. A partir de la semana pasada, al escándalo se le ha agregado un nuevo ingrediente: el dinero. Y el martes, en la cúpula del clero santiaguino, se escuchaba insistentemente la versión de que se iba a iniciar una investigación interna para aclarar el origen de los millonarios montos que se ha acreditado se pagaron desde el entorno del cura Karadima a gente que lo rodea y a un hombre que denunció haber sido objeto de abusos sexuales por parte del también sacerdote Diego Ossa, uno de los más firmes defensores del ex párroco.

El impacto tiene como telón de fondo la conflictiva sucesión del cardenal Errázuriz, prevista para fines de septiembre y en la que las fuerzas conservadoras y liberales ya empezaron a enfrentarse. Y en el centro de la pelea, el Caso Karadima: las denuncias en contra de un sacerdote que ha formado a cinco de los 33 obispos en ejercicio que hay en Chile y a un buen número de curas. Algo que revuelve a la Iglesia.

“Ellos son una congregación de facto –dice un laico cercano a la curia-. Lo que no consiguieron en el Vaticano lo hicieron de hecho. No hay en Chile una congregación que tenga cinco obispos en sus filas”. Un poder, añaden otros, que fue forjándose al amparo de Angelo Sodano, en sus años de nuncio en Santiago. Y que luego se consolidó cuando Sodano regresó a Roma para ser Secretario de Estado del Papa Wojtyla. Un cargo que sólo dejó en el 2006, al asumir Benedicto XVI. Hoy, Sodano es decano del Colegio Cardenalicio y en Roma se le cuestiona como uno de los hombres que protegieron al más que polémico Marcial Maciel, fundador caído en desgracia de la Legión de Cristo.

El poder del grupo de Karadima trascendió, por supuesto, a la Iglesia. La prueba palpable de ello está en un Top Secret que hace algunas semanas publicó el diario La Segunda, una especie de Quintas de Recreo del vespertino. En el texto se daba cuenta de la reunión de un importante empresario con el Fiscal Nacional Sabas Chahuán. El empresario pidió la cita preocupado por la investigación a Karadima, a quien conocía y había hecho aportes para su parroquia durante años. Según nuestras fuentes, el potentado sería nada menos que el dueño de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, Eliodoro Matte. Consultada la Fiscalía Nacional, no desmintió ni confirmó el encuentro.

LA PÍA SOCIEDAD

Alguna vez Fernando Karadima quiso fundar una congregación pero algo no resultó. El grupo se llamaría Pía Sociedad y terminó siendo la razón social con la que se administró la parroquia. Algo que se dejó crecer y que hace algunas semanas llamó la atención a la Iglesia de Santiago, que avaló su decisión de intervenir la parroquia, entre otras cosas, en la escasa rotación de curas que ha habido en ella.

Entre los miembros del grupo, dicen fuentes de la Iglesia, se encuentran dos personajes claves: Rodrigo Polanco, ex rector del Seminario Pontificio Mayor y actual vicedecano de la facultad de Teología de la UC y Samuel Fernández Eyzaguirre, decano de la misma facultad. Durante años, la UC fue la única facultad de Teología. Paso obligado para sacerdotes y religiosos.

La suma de los dos, dicen en la curia, aseguraba que la mayoría de los sacerdotes de Santiago se formaran según los cánones de Karadima. Algo que el propio párroco se encargó de dejarle claro al fiscal de la zona oriente Xavier Armendáriz cuando éste le tomó declaración la semana pasada en la casa parroquial de El Bosque.

El resto de los miembros del grupo está disperso por Chile. En parroquias y en cargos claves. Los principales son los cinco obispos: Andrés Arteaga, obispo auxiliar de Santiago y vicecanciller de la UC; Horacio Valenzuela (Talca); Juan Barros Madrid (castrense); Felipe Bacarreza (Los Ángeles) y Tomislav Koljatic (Linares).

Por el lado de los sacerdotes, la lista es extensa y variada: Gonzalo Guzmán Karadima (Quilicura); Antonio Fuenzalida Besa (San Vicente de Paul, La Florida); Samuel Arancibia Lomberger (Santa María de Las Condes); Jorge Barros Bascuñán (La Pincoya); Andrés Ariztía de Castro (Renca); Eugenio de La Fuente Lora (Quinta Normal); Cristián Hodge Cornejo (Renca); Eugenio Merino Reed (Lampa); Juan Ignacio Ovalle Barros (Renca); Jaime Tocornal Vial (Pudahuel); Rodrigo Magaña Venegas (Puente Alto); Francisco Herrera Maturana (Pudahuel); Cristóbal Lira Salinas (Lo Barnechea); Julio Söchting Herrera (Pudahuel), Sergio Della Maggiora (Colina) y Diego Ossa (El Bosque).

Hay más. Si uno revisa el mismo listado, aparecen varios de los nombres que han estado saliendo en medio de este escándalo, como Francisco Walker, el secretario del tribunal eclesiástico que filtró la existencia de una acusación en contra de Karadima.

No es el único. Aunque para eso hay que hablar del último episodio del escándalo que rodea a Karadima: los pagos a un panadero llamado Osvaldo Osbén, que de Renca pasó a “la parroquia más elegante de Santiago”, como le dijo a La Tercera el martes.

EL PANADERO

Los nombres del listado que se repiten en este episodio son los de Diego Ossa y el obispo Tomislav Koljatic, aunque éste último tangencialmente.

La historia partió cuando el sacerdote Fernando Ferrada, de la iglesia Jesús Carpintero de Renca, se enteró por boca de un ex empleado de la parroquia de El Bosque, de apellido Espinoza, que el sacerdote que lo había antecedido en Renca, Diego Ossa, estaba siendo objeto de algo que parecía una extorsión por parte de Osvaldo Osbén, un panadero radicado en Linares. Ferrada contó esto ante los fiscales y ante encumbrados miembros de la propia Iglesia. Y se encendió la mecha.

Oscar Osbén resultó ser una especie de “hijo espiritual” de Ossa. Ambos se habían conocido en otra iglesia de la misma comuna y Osbén siguió a Ossa cuando éste se instaló como párroco de Jesús Carpintero. Se hizo conocido en el lugar y le entregaron las llaves de la parroquia. Dormía allí cuando Ossa se ausentaba, especialmente en los veranos, cuando el sacerdote acompañaba a Karadima a Europa.

Con el tiempo, Osbén se casó. Y el cura de la ceremonia fue Ossa. La fiesta se hizo en El Bosque y la pagó el sacerdote. Osbén se fue a Linares con su familia y allí armó una panadería.

El negocio se fue a pique este año. Y Osbén, por consejo de un amigo, recurrió a Ossa otra vez. Para pedirle la ayuda que en otras ocasiones ya le habían proporcionado.

Y en esta parte de la historia es que todo se enreda:

Porque el amigo del consejo a Osbén dice que los dos recordaron que a una de las cocineras de la parroquia, Karadima le compró una casa y una camioneta. Todo por unos 60 millones de pesos. Ellos, dijo el amigo ante los fiscales, acordaron pedir el doble. 120 millones. De las tratativas para conseguir el dinero, hay constancia en correos electrónicos, aunque Osbén ha dicho que no se trataba de una extorsión (y Ossa ha hablado de “ayuda fraterna”). Los pagos incluyeron un cheque personal del propio Karadima entregado en septiembre del año pasado por el obispo Koljatic en un sobre sin abrir, de parte de Ossa.

El mismo Osbén ha reconocido cinco pagos. Y tres de ellos hechos por uno de los abogados de Karadima, Juan Pablo Bulnes, con quien se citó en el Parque Arauco y en una clínica. Diez millones en total, que incluyeron el pago de deudas y efectivo, en billetes de 20 mil pesos.

¿Y qué dice en los correos Osbén que ocurrió con Ossa? El comerciante relata un episodio que habría sucedido en el verano del 2003, cuando tenía 23 años, y que recuerda algunas de las acusaciones que pesan sobre Karadima, con masturbación y posterior envío a confesar ante otro sacerdote “pecado a la pureza”. La misma estructura de las denuncias presentadas en abril contra el mentor del padre Ossa, Fernando Karadima.

El episodio Ossa es complicado para el cura de El Bosque, que ante Armendáriz calificó los hechos de “extorsión”. Esto, pese a que el martes en la parroquia se estaban ordenando todas las platas entregadas en el último tiempo a laicos para demostrar que los giros correspondían a “labor social”.

Como sea, lo más probable es que Armendáriz abra una investigación por los pagos a eventuales testigos, lo que le daría pie a seguir indagando sin enviar la causa madre –los abusos sexuales- al sistema penal antiguo. Y esto, sin contar con que las críticas que se levantan en la Iglesia al grupo de Karadima terminen en una investigación interna sobre cómo se manejan los dineros en El Bosque. O el inevitable cuestionamiento que vendrá de los laicos que apoyan económicamente a Karadima frente a la existencia de estos pagos.