POR CLAUDIO PIZARRO, ENVIADO ESPECIAL • FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
Imagínese una ciudad en medio de los cerros llena de periodistas que protagonizan una de las esperas más largas de la historia. Una educada jauría provista de armas de alta tecnología y que todos los días tienen que sacar una noticia. The Clinic, en un esfuerzo técnico y humano, se unió al despliegue de la noticia del siglo en Copiapó. Esto es lo que encontramos.
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SÁBADO EN LA NOCHE

El ascenso por el camino Galleguillos, la única vía de acceso a la mina San José, es una verdadera boca de lobo. Son las tres de la madrugada y todavía no llegamos al yacimiento. Llevamos 14 horas de un viaje demoledor en una westfalia del año 81. Estamos pal hoyo. Luego de media hora de trayecto, detrás de unos cerros, se observa un inmenso haz de luz. Parece un concierto al aire libre en pleno desierto de Atacama. A lo lejos se observa una bola luminosa gigantesca en el cielo con el escudo de Carabineros de Chile. En cuanto llegamos al control de acceso al campamento Esperanza, entregamos nuestros carnés y comenzamos a buscar un espacio para instalarnos. Todo está repleto. Hay casas rodantes, cientos de motorhomes y una infinidad de carpas. La música de fondo la ponen los cientos de generadores que aún funcionan a toda máquina. El único lugar disponible que encontramos es un espacio que está demarcado con cintas de plástico. Es nuestra única opción.

Instalamos las carpas, un toldo, remojamos el gaznate y nos vamos a dormir. Tres horas más tarde nos despierta una voz desde afuera que dice: “hola, hola, buenos días, disculpen, este espacio lo tenemos reservado para instalar un satélite de la televisión japonesa”. Cuando salimos de las carpas, todos legañosos, nos encontramos con un tipo alto, algo macizo, secundado por un grupo de nipones. Es el clásico productor local bilingüe. El tipo insiste en que el terreno es de ellos y que lo abandonemos lo más pronto posible. La conversación comienza a caldearse, el muchachote arquea las cejas y dice: “Ya, se acabó la diplomacia, me sacan todas las huevás altiro”. Es el primer indicio del clima laboral que se avecina. Los nipones hacen guardia como samuráis. Optamos por no pescarlos. Después de una hora se aburren y se van. El sitio es nuestro.
Acabamos de instalarnos en la ciudad de los periodistas.

DOMINGO: “¿Y LOS LEONES?”

Son las diez de la mañana del domingo y el campamento Esperanza es un hervidero humano. Se estima que hay más de mil periodistas y 230 medios acreditados. 180 son extranjeros. Las más grandes cadenas de noticias del mundo están aquí. Basta una pasada por la calle principal para percibir el ambiente babélico. Las lenguas se confunden en una batahola infernal. La mina San José, por estos días, se ha transformado en la meca del periodismo mundial. Una suerte de Woodstock mediático con sus propios códigos y peleas.

Las carpas de los familiares pasan atestadas de cámaras y ya se escuchan voces de protesta. Vinka Ticona, hermana de Ariel Ticona, encuentra que todo esto es un circo. “Faltan los puros leones”, dice.

-Uno de repente se está tomando una taza de té y entran con la cámara. Si uno le abre la puerta de su casa a la persona que quiere, no es llegar y entrar -comenta algo ofuscada.

Cada día que pasa la lucha entre los medios se torna más encarnizada. Hace ya varios días que están construyendo enormes tarimas para despachar en vivo y hay camarógrafos de punto fijo apuntando a la mina.

La competencia comenzó cuando al equipo de TVN se le ocurrió instalar una plataforma de madera delante del terruño de CNN-Chile. La cadena noticiosa acusó el golpe y se vio en la obligación de construir otro palafito más alto. “Nos taparon el mono así que tuvimos que contactar a un carpintero de Copiapó que se ha hecho el pino en el campamento”, cuenta un productor del medio. El hombre se llama Ramón Vergara y ha fabricado alrededor de 3 tarimas de madera.

-El lunes pasado empecé a trabajar acá, cobro 120 mil pesos por tarima y trato de sacarlas en el día –cuenta.

Desde entonces, el campamento ha crecido verticalmente. Cada cima de roquerío ha sido ocupada por estas enormes estructuras. Todas, a lo menos, tienen una altura de tres metros. El medio que llegó tarde a la cita se ha visto en la obligación de construir una tarima más grande que la que tiene al frente. A lo lejos parecen enormes galerías de estadio pobre. Son detalles que han hecho del campamento un terreno, a ratos, surrealista.

La altura de las tarimas son un peligro. Un fotógrafo de AP se cayó de una y se golpeó la cabeza. Terminó en el Hospital de Copiapó.

En la ruta ha habido otros accidentes. Un equipo de Canal 13 se volcó camino a Caldera y resultaron con fracturas leves. Otro grupo, español, se volcó en la camioneta que les había prestado el dueño del lugar donde arrendaban habitaciones. Los españoles se habrían comprometido a pagar los gastos del seguro.

En el campamento la vida sigue. Cerca de mediodía, llega Don Francisco. Las cámaras se agolpan, el animador saluda a la gente con el rito afectuoso de los que saben sacarle partido a las imágenes. Luego se escabulle entre la multitud y desaparece. La semilla sembrada por el ministro Golborne ha calado hondo en algunos reporteros. Álvaro Sanhueza, de MEGA, es casi un miembro más de la familia de Darío Segovia. Pasa horas en la carpa, echa la talla y palmotea a medio mundo en la espalda. La otra vez se le vio tocando unas tumbadoras. Más allá, a un costado de la sala de prensa, se escucha la risa estridente de José Miguel Viñuela que acaba de llegar, con unas gafas enormes, a saludar a otros colegas.

Los fotógrafos están podridos con el ambiente. Hace una semana podían capturar imágenes decentes, hoy todo es decepción. Nicolás Wormull, ganador del salón nacional de fotografía de prensa el año 2008, comenta resignado: “Hoy día me sentí como un vil paparazzi, ya no se puede trabajar bien, siento que se está pasando a llevar a las personas y que es casi imposible establecer contactos”. Lucho Hidalgo, fotógrafo de Reuter, dice que “es un culo trabajar así”.

-Ahora tomas una foto y aparece un micrófono, un huevón con cámara o uno con una grabadora. Tomar huevás limpias, o que ya no hayas tomado, es difícil. Se repiten muchas situaciones -comenta.

Hidalgo lleva más de un mes en el campamento y asegura que casi todos los tiros de cámara están hechos. A no ser, asegura, que alguien se cuele a la mina. “Falta un huevón más audaz que se disfrace de operario, con casco, y entre abacanado con otros huevones y se ponga a hacer fotos adentro”, sueña.

Pero la osadía, hasta ahora, no ha llegado a tanto. Cada cual ha intentado asegurar su espacio. Los puntos de prensa están repletos de trípodes encadenados. Los camarógrafos hacen turnos extenuantes a pleno sol. Juan Carlos González, de Chilevisión, asegura que la otra noche pasó en banda. “Nunca pensé que fuera tan sacrificado”, dice.

Los lentes J-15, J-18, y J-33 parecen fusiles de asalto y permiten a los camarógrafos captar imágenes a más de 400 metros. El único problema, sostiene Mario Bravo de Canal 13, es el viento. “Hay que tener un buen trípode, una buena base, cosa que la imagen esté lo más estable posible porque si sopla viento uno igual corre riesgo”, explica.

Las otras dificultades se han resuelto con estoicismo. Los baños químicos, que en un comienzo no superaban la decena, hoy se encuentran diseminados por todo el campamento. Hay de distintos colores, modelos y prestaciones. Al principio todos eran públicos pero a medida que comenzaron a instalarse los medios grandes optaron por arrendar. Por eso es frecuente ver algunos con candados. El arriendo semanal de uno simple, sin cadena, cuesta alrededor de 100 mil pesos. Los públicos, de color verde, son los más flaites. Raúl Muñoz, empleado de la empresa Vardor, es uno de los encargados de extraer cada día los miles de metros cúbicos de mierda que se acumulan en el campamento. Los periodistas, al parecer, cagan harto. Y a veces bastante hediondo.

-Llegamos todos los días como a las nueve de la mañana y sacamos de cada baño alrededor de tres metros cúbicos. Hay algunos que incluso se han rebasado- detalla Muñoz.

La efervescencia no sólo ha tocado los baños. Han llegado personajes extraños que nadie sabe cómo se han colado. Esta tarde en el campamento hay poetas, cantantes, maratonistas y ciclistas. Cada uno quiere ofrecer su homenaje a los mineros y, de paso, hacerse parte del gran show. Y como hoy domingo la cosa no está muy entretenida que digamos, siempre hay una manga de periodistas que se cuelga de todo lo que huela a novedad.

Guillermo Araya, un profesor de Ovalle, anda repartiendo fotocopias de un poema titulado: “Perdidos, sin embargo, no olvidados”. En la hoja, abajo, entre paréntesis, dice: “Un Poema Bicentenario”. Como el chauvinismo campea a toda hora en el desierto más árido del mundo. Una de las estrofas finales del poema de Araya reza: “¡Oh patria! ¡Oh bandera! Qué sublime, flameaste en los cerros despojados. Ya vendrán tus hijos desde el fondo de la tierra”. Luego de un rato pasa nuevamente por mi lado y pregunta: “¿Has visto a Amaro?”. Le digo que no y continúa con su peregrinación preguntando por el español de voz engolada.
Al principio de la calle principal están las prédicas evangélicas. Una vez que terminan, el pastor presenta al payaso Rolly. “Invito a todo el pueblo de Dios a bendecir el nombre del señor y dar la bienvenida a los payasos”, dice.

Llega la noche y los improvisados set sobre los palafitos comienzan a encender sus focos. Son pasadas las 10 de la noche y Don Francisco conversa con algunos familiares de mineros en directo para canal 13. De fondo, obviamente, aparece la súper perforadora petrolera. Todos los set apuntan hacia el mismo lugar. Poco después de la medianoche el programa termina y Don Francis baja a duras penas del improvisado escenario. Tras bambalinas la gente acude a saludarlo. De pronto un palo del entarimado cae pesadamente rozando la cabeza del animador. Se escuchan risas nerviosas. Nadie sabe qué decir. Pero Don Francisco anda relajado y no hace mayores atados. El flaco Ronny, de The Clinic TV, lo graba justo cuando el animador le dice a uno de sus ayudantes: “Aprovechemos de tomarnos un copete, hace más frío que la chucha” y se encamina entre las piedras rumbo a una “motorhome” de Univisión que lo espera. El vehículo está estacionado casi al lado nuestro. Se nos olvido decirle que en el campamento hay ley seca. Salud.

LUNES: LA CÁMARA VIAJERA

El lunes amanece nublado. El campamento luce aún más atestado de gente y ya casi no hay espacio para ningún vehículo más. Los rezagados comienzan a instalarse en una explanada ubicada antes del cruce de Carabineros. Al bajar a la calle principal, nos percatamos que aparte de los funcionarios de la PDI existe un grupo importante de periodistas uniformados. Los de canal 13 usan una polera negra con el logo en el pecho y los de Mega, polerones plomos. Pero lejos los más llamativos son los de Terra que llevan puesto unas vistosas chaquetas anaranjadas. A lo lejos parecen hinchas de Cobreloa. Si hasta en su base tienen banderas naranjas por todos lados.

Al rato llega a nuestro sitio el dueño de la motorhome gigante donde durmió Don Francisco. Se llama Vito Ortiz y nos invita a conocer el monstruo de 11 metros de largo, motor Caterpillar de 7 mil centímetros cúbicos, la más grande de todo el campamento.

-Me llamó Univisión, Miami, y le ofrecí un paquete completo con cocina, dormitorio, equipos electrógenos, catering, revestimiento con madera de cedro interior y el único baño con ducha privada y aire acondicionado del campamento -relata.

Las cadenas grandes tienen por lo menos tres motorhome funcionando en el campamento. El arriendo oscila entre 100 y 180 mil pesos diarios. En la región están todas agotadas. Ha sido tanta la demanda que Atacama Chile, un operador turístico de Copiapó, comenzó a arrendar domos en una explanada. 150 mil pesos sale el costo diario. Los 6 que existen en el campamento están ocupados.

En la calle principal todo sigue tal como siempre. En el camino está Santiago Pavlovic haciendo una entrevista. El escenario de fondo, plagado de piedras y tierra, parece una postal de Irak. El hombre ancla de Informe Especial está en su salsa. Las reminiscencias televisivas no paran. Al rato aparece Don Francisco en escena, micrófono en mano, entrevistando a un joven calameño que compuso una canción a los mineros. El muchacho canta entusiasmado. Don Francisco pone la misma cara que hace tres décadas cuando aparecía en Sábados Gigantes con la famosa cámara viajera. No hay manera de escapar del pasado. Esto cada vez se parece más a un parque temático. Y pasan cosas realmente extrañas. En el jardín inaugurado por Lavín, que no es más que un container repleto de juguetes, hay dos carabineros jugando volley-fútbol con un grupo de niños. Son el teniente Fabrés y el cabo primero Guzmán. Es raro ver a dos pacos cabeceando una pelota con la gorra en la mano y pelearse los puntos con tanta pasión delante de las cámaras.

-Fuera -dice el cabo Guzmán tras un pelotazo largo de su colega.

-¿Cómo que mala? Acuérdate que soy tu teniente- grita Fabrés.

Al otro costado de la improvisada pichanga se empieza formar una inmensa cola afuera del boliche del Negro Dolores. El negocio ya es un clásico en el campamento. Hacemos la fila como todo el mundo y nos zampamos un feroz churrasco marino. Debemos admitir que no sólo los familiares comen gratis en el campamento. Cada vez que se acerca una cámara encendida a la fila los periodistas son los primeros en dar vuelta la espalda. Me incluyo.

EL JUGUETE

La única calle del campamento amaneció este martes toda cercada con vallas para asegurar el tránsito de las ambulancias al momento del rescate. La fauna reporteril está más entusiasmada que nunca. Personaje que llega al lugar tiene que hacer una posta de entrevistas a medida que avanza. La primera en llegar con el micrófono en ristre es, casi siempre, Constanza Santa María de Canal 13. La prensa extranjera, en este sentido, es mucho más cauta. A los entrevistados generalmente los preparan con antelación. A algunos incluso les pasan un cuestionario tres horas antes de entrevistarlos para que estudien metódicamente sus respuestas. Casi siempre ensayan las tomas una y otra vez. Los ingleses en ese sentido son los más perfeccionistas. Cuesta verlos abalanzarse en manada. Por lo general acuden de manera discreta y conversan con los familiares.

Hay rumores en el campamento. Se cuenta que algunas cadenas noticiosas -se habla de un diario alemán- habría ofrecido 40 mil dólares por una exclusiva a uno de los mineros. Para ello habrían convencido a su esposa, quien habría camuflado un contrato en las palomas y que éste habría vuelto firmado desde el interior de la mina.

Lilianet Ramírez, esposa de Mario Gómez, el minero más viejo de la mina, cuenta que han llegado a hablar muchos medios extranjeros con ella y les han ofrecido “una buena cantidad de dinero. No te puedo decir cuánto, pero te voy a decir lo mismo que le dije a ellos: ‘yo acá soy el pilar de mi familia, estoy esperando que salga él; si él quiere dar entrevistas, que la dé; si quiere viajar a Europa, es su decisión’. Yo prefiero que se preocupe de su salud y de ahí, recién, si quiere, que hable con la prensa”.

Los cahuines de ofertas millonarias desde el extranjero abundan en el campamento. Unos con más puntería que otros. Lo cierto es que, al parecer, también existirían fotos tomadas por los propios mineros a más de 700 metros de profundidad. La esposa de uno de los trabajadores, que por razones obvias no quiso identificarse, me aseguró que su marido tiene en su poder una cámara fotográfica.

-Al principio mi marido me comentó a través de las cartas que estaban revisando todo y que tuviera cuidado. A mí se me ocurrió mandársela entremedio de unos calcetines. Las fotos van a servir como medios de prueba ante posibles indemnizaciones. Ahora, cada vez que nos carteamos y hablamos de la máquina, lo hacemos en clave. Le decimos el juguete- cuenta la mujer.

Todos los rumores, a la luz de los acontecimientos, tampoco parecen tan infundados considerando que la Secom, secretaría de comunicaciones del gobierno, ya habría vendido las grabaciones de las imágenes registradas al interior de la mina a la cadena de televisión HBO para la realización de un documental. Surreal, la productora del cineasta Cristián Leyton, es la empresa encargada de registrar y archivar todo el material recopilado. Se especula que existirían alrededor de 500 horas de grabación. Tan sólo una mínima parte habría aparecido en los distintos medios de comunicación.

Rumores más, rumores menos la prensa estaría haciendo su pega y los mineros también. De ahí que resulte aún más extraño ver todo lo que sucede afuera. Seguramente habrán muchas cosas que se destaparán en el camino. El resto es show.

La guinda de la torta el día del rescate fue la visita al campamento del negro Piñera. Papurri, como de costumbre, llego con su clásica boina y vestido entero de negro. La bienvenida, sin embargo, no fue tan auspiciosa para el hermano del Presidente. En cuanto apareció en el campamento un grupo de familiares lo increpó duramente. “Que se vaya, no queremos más farándula en el campamento”, comentaron unas señoras a viva voz. El negro no se dio por aludido y se acercó a la familia Bugueño donde gritó un viva Chile. A continuación pasó al sitio de al lado y se quedó largo rato conversando con los parientes de Mario Gómez. Allí le comentó a todos que tenía planes de sacar un disco tributo para los mineros con varios músicos chilenos haciendo una especie de “We are the world”.

-Ojalá que no sea como el que le hizo a Ceratti- comentó una persona en voz baja.

Piñera luego fue entrevistado en inglés por una cadena gringa.

El negro Piñera no fue el único que llegó a “homenajear” a los mineros. También estuvo Yingo, con su animador Mario Velasco, que anduvo largo rato de la mano de una niña para entrevistarla.

EL RESCATE

El rescate es apoteósico. Parte con la repartición de pulseras a los periodistas acreditados, dos por medio, para entrar a la explanada y presenciar la salida de la Fénix. El resto debe ver la salida de los mineros por pantallas gigantes instaladas en el campamento.

El cerco de vallas impide transitar por la calle. La gente se agolpa detrás de las rejas a la medianoche. Se parece a Juan Pinto Durán.

Una comitiva boliviana, bandera al hombro, llega a acompañar a los familiares de Carlos Mamani, prisionero en el fondo de la tierra. De Evo Morales no se sabe nada.

Piñera sí está en el campamento. Y como maestro de ceremonias da inicio al proceso. Antes, aprovecha de cantar en un guitarreo improvisado con Golborne Arriba en la cordillera. Manuel González, rescatista, baja al rato. A las 00.13 de ayer miércoles comienzan a salir los mineros. Los reciben gritos y el Himno Nacional y periodistas emocionados.

Al cierre de esta edición, continuaba el rescate en Copiapó. Aún no salía el minero Johnny Barrios, el hombre que ha protagonizado una polémica familiar que recién esta semana los medios nacionales empezaron a contar. Mientras duró el encierro, se supo que Barrios tenía dos mujeres: su esposa, Marta Salinas y su actual pareja, Susana.

Geraldo Casos, fotógrafo free lance y colaborador de EFE fue testigo del cahuín.

-Yo estuve con la actual pareja de Johnny Barrios, Susana. Susana me dijo que eran pareja hace seis años, que él se separó de su señora. El día que fue el accidente, la esposa fue a la casa a decirle que le llevara todas las cosas que había comprado el Johnny, porque le correspondían a ella, porque Johnny había muerto en la mina. Ahí comenzó todo este lío. Un día domingo me encontré con Marta en el altar a Johnny en el cerro.

Después llegó Susana y le puso un cartel a Johnny con la foto de carné del hombre y otra de ella de perfil, tirándole un beso. Después llegó la esposa y me dijo que no tomara fotos. Está bien, le dije. Ella rompió todo, dejó el altar pelado. Después habló con Cecilia Morel y le dijo que este señor tenía una amante y que cómo era posible que ella tuviera más beneficios, porque Susana es la que pasaba a las videoconferencias, aunque los cheques del sindicato los recibe la esposa.

Barrios es de los pocos mineros de los que se tiene certeza acerca de su futuro post encierro. Casos pronostica:

-Me imagino que al salir el Johnny va a tener un lío de platas. Susana, la amante, me dijo que Johnny era buena pareja, muy atento, me dijo que los fines de semana veían películas en su casa, que él cocina. No es parrandero, dice, una buena pareja. Que el tipo gana bien. Que los mineros son muy solitarios.