Profundizando un modelo en educación


POR CAMILA VALLEJO DOWLING/ PRESIDENTA FECH
La anunciada reforma educativa pocas novedades trae a nuestro sistema educacional. El debate sobre calidad nuevamente ha sido dejado de lado, en tanto que las medidas anunciadas siguen operando bajo la lógica de mejorar el rendimiento de los estudiantes en pruebas como el SIMCE, sin dar cuenta que la educación es un proceso formativo que no se circunscribe a lo medible a través de este tipo de instrumentos.

La reforma, catalogada por el propio Presidente como la “más grande de las últimas décadas”, no tiene mucho de fondo, ya que estas medidas apelan a los mismos pilares que han imperado desde los 80, pese a sus magros resultados: la competencia y los estímulos regresivos socialmente. Ambos benefician a los privilegiados y castigan a quienes, no por elección, no tienen los recursos para aspirar a otra cosa y deben ingresar a la educación pública, la cual nuevamente no cuenta con la voluntad de ser mejorada.

A estos establecimientos nunca va a llegar la inversión si es condicionada a resultados, porque serán otros colegios, los que seleccionan en función de la capacidad de las familias de invertir en sus alumnos, los que se lleven los primeros lugares. Mientras no se inviertan recursos de manera transversal, para profesores y estudiantes, en el resto de los colegios para que obtengan también mejores resultados, no habrá un aumento de la calidad PARA TODOS, porque los bonos e incentivos no han sido propuestos para todos, ni siquiera para la mayoría.

Informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han destacado que ya tenemos un número suficiente de horas de matemática y lenguaje. Que los directores puedan elegir a su equipo y no las comunidades educativas, es poco menos que antidemocrático. Se plantea atraer a los mejores talentos, becando a los que obtengan más de 600 puntos en la PSU, con lo cual se reproduce la lógica de beneficiar y financiar a los que tienen más recursos. Sin embargo, es destacable que se pretenda apoyar a los mil colegios de peores rendimientos.

Por otra parte, no se ha modificado significativamente la municipalización, ni el financiamiento por voucher, ni el aseguramiento constitucional del derecho a la educación, ni las atribuciones fiscalizadoras y de regulación del MINEDUC, ni el rol del Estado. Entonces, ¿qué hay de grande y novedoso en esta reforma?

Son otro tipo de medidas las que debieran adquirir prioridad para subsanar los graves problemas mencionados. Estas deben ir en pos de fortalecer la educación pública, mejorando los sistemas de acceso y permanencia de los estudiantes, democratizando la toma de decisiones en lo que respecta a los proyectos educativos, aumentando los fondos públicos destinados a educación y mejorando las condiciones laborales de todos los trabajadores involucrados en los procesos formativos.

Pero en algo tiene razón el Presidente Piñera al decir que “los grandes protagonistas de la reforma son (…) nuestros estudiantes, esto es para ustedes, pero si no es con ustedes no vamos a llegar a ninguna parte”. La agenda privatizadora no va a llegar lejos, porque no se ha considerado la opinión de los estudiantes organizados, como tampoco al resto de los actores sociales involucrados en la educación. Así que todo hace pensar que no van a estar los consensos, al contrario, existirá un potente despertar social de todos lo que no queremos que nos pasen gato por liebre, que nos privaticen a la educación y que nos disfracen de calidad lo que definitivamente no es.

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