El sociólogo Eugenio Tironi presentó el libro “Piñera, historia de un ascenso”. Tironi, uno de los encargados de la campaña de Frei el año pasado, desmenuzó la personalidad del actual Presidente. Estas son sus palabras.

Por Eugenio Tironi

El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman «allá».” Seguramente lo reconocerán. Así comienza “A Sangre Fría”, la célebre novela de Truman Capote. “El asesor sonrió ante aquel cuadro perfecto. Hacia el fondo se veía una tranquila plaza de provincia salpicada de árboles, mientras en un primer plano destacaban unos jubilados disputando un partido de ajedrez.” Así comienza “Piñera. La Historia de un Ascenso”, el libro de Loreto Daza y Bernardita del Solar.

No tengan cuidado: este libro no termina como “A Sangre Fría”, con el detective Dewey deambulando en el cementerio de Holcomb por las tumbas de la familia Cutler. Pero está tan bien escrito como el libro de Capote. Por momentos, más que una “investigación periodística” uno cree estar leyendo una “novela de no-ficción”, como Capote bautizara a su obra. Está escrito con sentido y con tiempo dramático, y por lo mismo agarra como toda buena novela. Un logro mayúsculo.

El libro se puede leer como el proceso a través de cual se va forjando lo que hoy conocemos como Sebastián Piñera (SP). Pero también se puede leer -y es lo que a mí me resultó más llamativo- como la crónica de lo que ha sido el mundo de los negocios, y sus vínculos con la política, en el curso de los últimos ya 30 años.

Aunque quizás esa es una distinción meramente formal. Como este libro lo deja claro, Sebastián Piñera representa precisamente la convergencia de ambos mundos. Él ha sido, sucesiva o simultáneamente, el máximo exponente de la “nueva forma” de hacer negocios, que se inaugura en los 80, y ha sido el máximo exponente de la “nueva forma” de hacer política, a partir de la consolidación de la democracia en los 90. Ahora, lo que pretende es inaugurar la “nueva forma” de gobernar.

Carácter

Dicen las autoras, basándose en rumas de documentos, testimonios, y en largas conversaciones con el mismo, que SP “se ha pasado la vida compitiendo”. El “placer de vencer”, dicen, sería para él una pulsión más potente que el poder o el dinero. O mejor dicho, el dinero y el poder no son más que dos modalidades diferentes de saciarla.

¿De donde viene ese deseo? Daza y Del Solar lo imputan al “ambiente de lucha constante que reinó en su hogar familiar”. Era un hogar, señalan, donde los hijos “competían entre sí por las notas, por la comida, por la mesada y …por los afectos”.

Yo no dudo de lo que afirman las autoras, que está en línea con la “historia oficial”. Pero no puedo creer que baste con eso para que alguien sea rehén por vida de una misma pasión. Tiene que haber algo aún más profundo.

Lo que sabemos es que Don Pepe, el padre, fue un personaje, a decir lo menos, excéntrico. Sus extravagancias, que hicieron el deleite de sus amigos y conocidos, deben haber sido difíciles de encarar para sus hijos. Esto me lleva a pensar que esa pulsión de SP de hacerlo todo bien, y antes y mejor que los demás, controlando férreamente sus demás impulsos hasta lograrlo, es una reacción frente a ese padre que antes que contenerlos y cumplir con la función de proveerles un orden normativo, se divertía haciéndolos competir entre sí. Me imagino, también, que hay un ansia por satisfacer las exigencias de su madre, una representante selecta de esa severa aristocracia castellano-vasca que ha poblado nuestra clase dirigente desde tiempos inmemoriales, quien buscó seguramente en sus hijos varones una compensación a la fragilidad de la figura paterna.

Los sicólogos usan el término “sobre-adaptación” para referirse a la necesidad de llamar la atención haciendo las cosas antes que alguien siquiera se las pida, de hacerlo mejor que nadie, y de buscar que se le mire y se le aplauda por lo alcanzado, con un grado de exageración que a veces linda en lo grotesco. Roland Barthes se refiere a esto último cuando describe cómo opera el catch, donde lo que prevalecen son los “gestos excesivos, explotados hasta el paroxismo de su significación, (llevados) a su máximo de evidencia”.

SP tiene algo de esto. Las escenas escribiendo la frase aquella en alemán, o con el papel de los 33, son ejemplos de este síndrome. Por eso mismo, pedirle que “no se preocupe más de las encuestas”, como algunos le recomiendan, o antes, que se “despreocupe de ganar dinero” es pedirle algo que está más allá de sus fuerzas: él necesita ganar y ser admirado al igual como una flor necesita del sol. Y esto se traduce en dos cosas: hacer buenos negocios y ser popular.

Aquello quizás es lo que explica también otra de sus manías: reinventar su propia historia. Héctor Abad Faciolince denomina “confabulación de la memoria” ese trastorno que lleva a la “aparición de recuerdos de experiencias que en realidad nunca han tenido lugar”. SP padece de algo de esto. Es tal su necesidad de presentarse a sí mismo como el más rápido, el más inteligente, el más desprendido, que se ve obligado a acomodar los hechos a ese relato, y emplearlo luego para sus fines.

La investigación de Daza y Del Solar provee innumerables casos de este tipo. Es algo que reconocen sus propios amigos. Y con esto me desvío a algo que me impresionó mucho en el libro: gestos que en una persona corriente serían juzgados duramente, SP ha logrado sanitizarlos por la vía de conseguir que se hable de ellos como extravagancias que no logran opacar sus virtudes, como son su inteligencia, su tesón y su generosidad.

No sé, francamente, si es un acto de valentía o de candor, pero lo cierto es que el libro expone con una crudeza que jamás había visto un mecanismo que me ha perturbado, y que recuerda el caso de su propio padre. Me refiero a la relación que establecen sus amigos y sus familiares hacia SP, la cual es semejante a la que se establece con un niño, al que se le perdonan y hasta se le celebran los “malos modales” porque, al fin y al cabo, es un niño.

Nueva forma de hacer negocios

Dejemos hasta aquí lo del carácter de SP. De esto ya se ha hablado demasiado, y no es lo que más aprendí leyendo el libro. Lo que no sabía, y el libro me reveló, es el protagonismo que tuvo en el mundo de los negocios en todo ese turbulento período que va de 1978 a mediados de los 80, que es cuando la economía chilena emprende el rumbo que sigue hasta ahora, y él echa las bases de su fortuna. Esta parte del libro es algo así como la sección “economía & negocios” de “Oír su Voz”, la novela de Arturo Fontaine.

Mientras otros jóvenes profesionales volvían con sus Phd. bajo el brazo para dedicarse a las políticas públicas, fuese desde el gobierno, desde organismos internacionales o desde los centros de estudios de oposición, SP se dedicó rápidamente a los negocios. Pero no para repetir lo que se hacía, sino para quebrar con la tradición patriarcal de origen agrario e industrial previa a 1973.

En efecto, él fue quien introdujo una lógica que no se conocía, como es la de hacer fortuna no en base a la renta o la producción de cosas, sino en base a la provisión de financiamiento, tanto a consumidores emergentes como a empresas en problemas. En esto fue un as, por su audacia, su frialdad y su inteligencia. Y formó en torno a él un círculo de jóvenes economistas que son hasta hoy grandes referentes en eso que llamamos “el mercado”, y que constituyen su círculo más íntimo, acompañándolo fielmente en todas sus aventuras políticas unidos bajo una versión ad-hoc de la conocida máxima de Von Clausewitz: la política no es más que otro negocio por otros medios…

La irrupción de SP en la constelación empresarial creó muchas resistencias. Éstas no venían del hecho de ser filo DC –como el propio SP se ha encargado de contarlo mediante la “confabulación de la memoria”-, sino de su “nueva forma” de hacer negocios.

Los núcleos empresariales tradicionales no podían creer lo que veían: como estos muchachos se hacían millonarios sin pisar jamás un campo ni una fábrica. De otra parte, los “Chicago Boys” que hacían el “servicio militar” en el gobierno veían con irritación como Piñera y sus Boys aprovechaban las oportunidades de negocios que ellos no podían tomar. Al final el mundo empresarial ha aprendido a apreciar la “nueva forma” de hacer negocios. Más difícil ha sido la adaptación para aquellos que, por trabajar para Pinochet, no entraron en la lista de la revista Forbes, y quedaron inhabilitados para llegar a La Moneda. Por esto comprendo su rabia cuando esos mismos que especulaban en las mesas de dinero cuando ellos operaban en las mesas del poder del régimen militar, ahora vengan a dictarles cátedra sobre la “nueva derecha”.

Nueva forma de hacer política

La entrada de SP en la derecha coincide con la yuxtaposición entre la lógica de la política y la lógica de los negocios, y la salida, con ello, de los políticos de viejo cuño, tipo Sergio Onofre Jarpa. Esto potenció a tal grado las pasiones, las intrigas y las traiciones, que la época anterior, aquella política de derecha basada en ideologías, miedos, caciques, compadrazgos y arreglos de salón quedó en los anaqueles de los cuentos infantiles.

El libro de Daza y Del Solar resulta algo así como “La Guerra de Galio”, de Aguilar Camín, en versión 2.0.

Este describe con precisión episodios que a uno se le habían olvidado, y que mirados hoy resultan iluminadores –o estremecedores, depende: cómo se gesta su candidatura a senador el 89; los planes de la “patrulla juvenil”, formada por él mismo, Allamand, Mathei y Espina; el episodio de la Kioto de Ricardo Claro, y cómo SP descubre quien está detrás de esa operación para dar vuelta a su favor a la opinión pública, lo que finalmente consigue; sus diversas candidaturas a presidente o senador, que luego deja en el aire, junto a la gente que le había apoyado; sus tórridas relaciones con Pablo Longueira; la OPA que lanza sobre la candidatura presidencial el 2005, al ver que las acciones de Lavín estaban a la baja; y muchas otras operaciones por el estilo.

En estos episodios, y muchos más relatados en el libro, lo que se observa es el hibridaje perfecto entre la “nueva forma” de hacer negocios y la “nueva forma” de hacer política. Por lo mismo, no resulta extraño que los demás miembros de la “patrulla juvenil” –me refiero especialmente a Allamand- quedaran en el camino, pues no tenían los medios para competirle a SP en esta cancha. Y lo mismo ocurrió con la UDI. Esta ha vuelto al gobierno, pero ahora no de la mano de las FF.AA., sino de SP, quien se jacta de haber sido opositor al gobierno militar, al que gran parte de sus dirigentes entregaron lo mejor de su juventud, y de haber hecho fortuna mientras ellos se quemaban las pestañas en los ministerios. Duro.

Ahora SP se ha puesto una nueva meta: así como lo hizo en el caso de la política, extrapolar ahora la lógica de los negocios a la gestión del Estado. Esto significa, por ejemplo, prestar más atención a las oportunidades que a los programas; poner más atención a los episodios que al “relato”; cumplir metas antes que crear instituciones; y por sobre todo, como el luchador de catch de Barthes, no temer al exceso por miedo a la vergüenza. Pues bien, veremos ahora si en el manejo del Estado SP tiene el mismo éxito que tuvo en los negocios y la política.

El próximo ascenso

Está muy bien puesto el título del libro: “Historia de un ascenso”. Ascender, sobresalir, ganar: esto es lo que mueve a SP. Se trata de pulsiones que lo han acompañado toda la vida, y que lo acompañarán mientras le quede un hálito de fuerza. Él simplemente no puede dejar de ascender.

Porque dejémonos de cosas: la jefatura de Estado no es la cima para SP: para él la cima propiamente tal no existe. Es más: la Presidencia de la República ya le debe estar quedando estrecha. Apuesto a que ya está pensando en ir por más.

Ya tiene dinero. Ya conquistó la Presidencia. Pues bien: ¿con quién está compitiendo ahora?; ¿a quién quiere ganar? Las autoras señalan que la nueva meta de SP es lograr que la derecha gane el 2013; que otra cosa “equivaldría a una derrota”. Me temo que en esto Daza y del Solar se contradicen con lo que ellas mismas demuestran a lo largo del libro: que las cimas que lucha por ascender SP son personales, no colectivas. Y esto no es trivial: creo que si supiésemos en qué está depositando su ansia de admiración, podríamos descifrar mucho mejor la conducta cotidiana del Presidente de la República.

Como sea, nunca antes un personaje público chileno había sido sometido a un scanner tan exhaustivo como el de Daza y del Solar sobre SP, con datos y testimonios incontrovertibles. Este libro rompe, así, con los tabúes que impiden en Chile el juicio sobre nuestras elites. Lo que queda en la retina es un protagonista central de nuestra historia contemporánea. Un personaje novelesco: una mezcla de ilusionista y embustero, de aventurero y oportunista, de ángel y demonio; y es esta tensión lo que le vuelve tan fascinante, pues expresa en forma estilizada y radical una mezcla que todos llevamos dentro.

Piñera, historia de un ascenso

De Loreto Daza y Bernardita del Solar.

Debate, 2011