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Cultura

23 de mayo de 2011

“Era hiper introvertido y súper obsesivo»

Parece fome. Está casado hace diez años. Tiene dos hijos. Una casa en Las Condes. Educación católica. Entonces: ¿Qué hay detrás del dibujante de una historia de misterio y fantasía? ¿Qué hay detrás del nominado al premio Eisner -el Oscar del cómic- a mejor ilustrador? ¿Qué hay detrás de un tipo que no se nota en la calle?

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Es la trayectoria de un tipo lais y normal: papá ingeniero, familia católica, Verbo Divino, Arquitectura en la UC, diez años de matrimonio, dos hijos, casa en las Condes.

Es la descripción de un tipo normal: estatura mediana, edad mediana -37 años-, pelo castaño -ni claro ni oscuro-, ojos cafés -ni claros ni oscuros- y chaleco gris.

Es Gabriel Rodríguez, un tipo de esos que apenas se notan en la calle, salvo porque ahora -en un patio de comida- habla casi demasiado fuerte: La primera imagen que tengo de mí es dibujando”, comenta.

Un niño sentado con una bandeja, papel y lápiz en los tiempos de los monos ochenteros sin entregarle nada a la suerte: escoge un programa a la semana – tal vez Transformes, tal vez GI Joe- y al séptimo ya sabe dibujar seis monitos.

Y al séptimo día no descansa porque no descansa nunca. Hace nueve años que dibuja todos los días porque de eso vive y -en los nueve años- se ha tomado seis semanas de vacaciones.

Dos señoras se dan vuelta a mirarlo. Ya habla demasiado fuerte: debe ser un famoso no identificado. “No soy famoso, señora. Soy ñoño”.

Pero a veces sí lo es. En las ComicCon de San Diego, algo así como una Fisa de la fantasía en la que más de seiscientas mil personas van a mirar las nuevas publicaciones de comic, videojuegos, películas y series de magia, y ciencia ficción, se vuelve famoso. Todos lo saben: es el ilustrador del cómic Locke and Key. Y Locke and Key tiene un currículum de los que dan ganas de tener.

Comic historietas

Lo publica IDW Publishing, una de las editoriales independientes gringas más importantes. Está traducido al español, al francés, al alemán, este año estará al checo, y, posiblemente, al japonés. Fox hizo un piloto para una serie que producirá Dreamworks. Y tiene cuatro nominaciones a los premios Eisner, una suerte de Oscar del cómic que se entrega en julio. Una de ésas para Joe Hill -el hijo de Stephen King- a mejor escritor. Y otra para Gabriel como mejor ilustrador.

Nada es suerte cuando las últimas vacaciones largas de la vida -ésas que se dan justo entre el último año de carrera y el primero de trabajo- se convierten en días de encierro y dibujo y encierro y dibujo. Después de los tres meses Gabriel lleva el cómic a Dédalo, una editorial chilena que publicaba historietas en los 90.

En Dédalo hay un montón de sillas sobre mesas y hombres que siguen poniendo sillas sobre mesas. Dédalo está quebrando. Pero un tipo que trabaja ahí le recibe el cómic y lo manda a IDW. Después de un mes y medio de pruebas -la última era hacer un bosquejo de los dos personajes en una hora- termina dibujando para la adaptación de la serie CSI.

Historietas comic

El único problema que tuve cuando empecé a dibujar el primer número de esa serie fue cuando mandé la página tres o cuatro y me empezaron a rechazar una viñeta en la que salía el protagonista. El canoso éste, Will petersen. Y la cosa es que me rechazaron como tres veces el dibujo y el editor ahí me mandaba el rechazo lleno de disculpas porque el que lo rechazaba era el agente del actor. Cuando tú hacís un comic en que sale la imagen del actor real. cada vez que el actor sale dibujado tiene que estar aprobado por su agente. Caché que si le sacaba diez kilos y diez años se acababa el problema. Nunca más me rechazaron una página. Entonces empecé a pensarlo como las aventuras juveniles de CSI”.

-¿Y cachaste solo o te dijo el editor?

En algún minuto el editor me comentó: “Es el problema de trabajar con la vanidad de los actores”. Ahí pensé: “Ah, este hueón está viejo, está gordito, debe tener problemas con el mismo”.

Locke and Key

Después de varios cómics, dibuja Locke and Key: su primera pega que dura más de cinco meses. Y él, un tipo normal, se siente perfecto ilustrando la historia del asesinato del padre de una familia que vive en una mansión, Key House, en Lovecraft, un pueblo inglés que también -no es casual- es un escritor de horror. Una historia de fantasía y misterio que toma como punto de partida la atmósfera de algunas películas de Kubrick, las películas de Hayao Miyazaki y la potencia emocional de los monos simples de Tín Tín.

Él, un tipo de chaleco gris, conoce a sus dos mejores amigos -Joe Hill, el escritor, y Chris Ryan, el editor de Locke and Key – por correo. Parten hablando por cosas de trabajo pero terminan contándoselo todo. Después de cuatro años de escribirse con Chris, Gabriel conoce su rutina y sabe cuando nace su hija. Por eso, la primera vez que se ven tiene la torpeza de la gente que se enamora por chat y se ve en la vida real.

Llegai al aeropuerto y te topai con una cara que no habíai visto nunca. Entonces es súper raro. Porque por otro lado es un tipo al que le sabís todo. Llegué a su casa y saludé a su señora por el nombre porque ya la cachaba por mail. Pero es raro. Como que se produce una especie de momento freak que dura como diez minutos y de ahí conversai como si te conocierai por diez años”, explica.

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Gabriel ha ido dos veces a Estados Unidos. Al menos por trabajo. Todo lo que hace está allá pero no quiere moverse de acá. El hombre que ama las historias de misterio, lo explica así: “No me gustaría criar a mis hijos en el sistema educativo gringo, porque es súper desconocido para mí. Ya ese tema me complica bastante y mi señora y yo somos bastante allegados a mi familia”.

Su familia: es el mayor de siete hermanos (“No, no eran opus dei”) y el más callado. El que, cuando chico, dibuja todo el día pero conversa lo suficiente para no alcanzar a parecer autista.

Era hiper introvertido y súper obsesivo. Tanto que me pasó que un día quedé en blanco. Tenía prueba de biología en la mañana. Me acuerdo que recibí la prueba, vi las dos primeras preguntas y dije: “Ya, bacán, me voy a sacar un siete porque me lo sé todo”, y ahí como que me borré, entregué la prueba sin nada y salí. Después no me acuerdo más. Me fue a buscar mi mamá y dormí como dieciocho horas de una patada”, recuerda.

Dormir dieciocho horas no es como morir y resucitar. No despierta un hombre nuevo. El que despierta es Gabriel Rodríguez, un poquito más cuidadoso de sí, pero parecido a antes. Y en una adolescencia tímida y difícil, el dibujo significa esto: “Un refugio”.

Y luego, ya de grande, puede decir que los dibujantes son la pesadilla de los editores porque nunca entregan a tiempo -pero él no, él entrega porque es ordenado, porque quiere que todo salga perfecto-. También puede decir que cada página de una historia necesita diez horas de trabajo y que ha dibujado 1.400 páginas.

Eso es: 140.000 mil horas en el refugio de un tipo normal. En un refugio tan cómodo como una cárcel.

Historieta comic

Puedes ver el trabajo de Gabriel Rodríguez en www.gr.cl

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