La mañana del 1 de septiembre de 1987, el coronel del ejército Carlos Carreño fue abordado por un comando armado en la puerta de su casa y obligado a subir a un furgón camuflado como transporte de una empresa de servicios sanitarios.

Horas más tarde, un comunicado en el basurero de un baño de un restaurante del centro de Santiago aclararía que se trataba de la “Operación Príncipe”, un secuestro de tres meses realizado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y que dejó en ridículo a los servicios de inteligencia, especialmente cuando Carreño fue liberado en Brasil.

Más de 20 años después, en una entrevista con Chilevisión, realizada por los periodistas Luis Narváez y Pedro Azocar, desde la cárcel de Catanduvas, Brasil, donde cumple una condena de 30 años por otro secuestro, Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro, uno de los líderes del grupo armado y coordinador de la operación, revela la precariedad con que el grupo actuó y burló a los agentes de inteligencia de Chile, Argentina y Brasil.

La entrevista televisiva duró más de cuatro horas, pero solo una fracción de éstas salió al aire. Sin embargo, el juez Mario Carroza ordenó su transcripción completa como parte de la investigación del asesinato de Jaime Guzmán. El texto, cuyas 92 páginas publica íntegramente The Clinic Online, revela sabrosos detalles del día a día del grupo y las duras críticas al Partido Comunista chileno.

Carreño
“Estando en Argentina, tuvimos algunos problemas… de quedar prácticamente en la calle con Carreño. Y nosotros intentamos que él no se diera cuenta… porque iba a perder la credibilidad en nosotros y no se iba a someter a todas las medidas de seguridad… podía pensar en huir, escapar de nosotros o crear algún problema”, relató Norambuena.

El frentista cuenta que estando en Buenos Aires con Carreño secuestrado y buscado por los servicios de inteligencia de ambos países, el comando a cargo de la operación debió abandonar una casa por problemas de seguridad sin tener un plan b.

La solución surgió sobre la marcha. La decisión parecía irrisoria, pero a la postre funcionó: optaron por vendar al coronel de FAMAE, ponerle lentes oscuros y un bastón y sacarlo a pasear por las calles de Buenos Aires, haciendo el papel de ciego mientras buscaban un nuevo refugio.

“Inventamos que (Carreño) iba a salir a tomar aire, porque íbamos a pasar por otra frontera y era bueno que se fuera un poco acostumbrando a estar en la calle… y él estaba pasando como ciego y él aceptó ese papel, le colocamos lentes oscuros y un bastón y andaba en la calle así en Buenos Aires…”.

Según el frentista, Carreño siempre percibió rigor “en el trabajo, en los movimientos y eso hace que una persona diga no, aquí no tengo ninguna posibilidad”.
“Quién imaginaba el más buscado en Chile, en Argentina en una plaza… yo sentado aquí, Carreño en el mismo banco lleno de palomas… y el otro compañero que era Rigoberto y una compañera…”, dijo.

Caja Fuerte
Pero las cuatro horas de grabación, que Carroza guarda celosamente en una caja fuerte con material relacionado con el crimen del fundador de la UDI, no sólo hablan de los detalles de las operaciones de la guerrilla urbana que hizo frente a la dictadura.

En la conversación, Hernández Norambuena acusó a Enrique Villanueva Molina, el comandante Eduardo, de ser agente de La Oficina -Dirección de Seguridad Pública e Informaciones- y, como miembro de la cúpula del grupo, de participar de la decisión de ejecutar al dirigente de la UDI en 1991. Esto derivó en la reapertura de la indagatoria y en procesamiento de Villanueva como coautor del crimen.

“(Con) traición me refiero al caso de Enrique Villanueva (…) él desertó del Frente y fue a trabajar con organismos de seguridad contra el Frente y erigió esa imagen en relación a mí y a Guzman”.

Hernández Norambuena, también profundizó en el ajusticiamiento del ex militante del frente y agente de la oficina (conocido como F-1) Agdalín Valenzuela en 1995. Este último era el contacto que permitió la detención de Ramiro en Curanilahue. Y aún cuando ambos fueron apresados, Valenzuela fue dejado en libertad, lo que confirmó la traición.

Al respecto, el frentista hizo una observación. Sostuvo que un personero calificó a Valenzuela como un héroe de la democracia. “¿Por qué esa democracia no protegió a Agdalín Valenzuela?”, se preguntó.

A renglón seguido relató que una vez detenidos fueron llevados a unos galpones, supuestamente de la Marina, donde Valenzuela tuvo un trato VIP. “Ahí desaparecimos, estábamos desaparecidos… hicieron un simulacro que iban a matar… con total impunidad… y él recibiendo un tratamiento VIP. ¿Qué es eso?”

¿FARC o ELN?
En el documento al que accedió este medio, Hernández Norambuena ventila también la aventura del Frente con la guerrilla colombiana. En la conversación explica su viaje a las selvas de Colombia a comienzos del 2000, acompañado de un grupo de militantes rodriguistas, como él mismo los define.

Si bien no dice textualmente de qué grupo armado se trató, da señales de que los nexos fueron con el Ejército de Liberación Nacional, pues habla de un grupo de ocho mil hombres.

Según su relato, el grupo de chilenos participó de entrenamientos e incluso hace alusión a combates y la diferencia entre la clandestinidad urbana y la posibilidad decaptura y la constante de la muerte en combate.

“Hubo un grupo de rodriguistas que fue a participar a la experiencia colombiana. El rodriguismo se hizo presente en las montañas de Colombia… me fui en 2000 para allá y salí en 2001”, rememoró.

“La fraternidad que los compañeros ofrecieron como retaguardia para nosotros… que nos quedáramos el tiempo que quisiéramos… fue el tiempo de más tranquilidad que tuvimos, aún estando en la guerrilla, porque en cualquier ciudad, siendo perseguido, una vida clandestina, una vida muy solitaria donde en cualquier momento te pueden capturar”.

En su relato, el miliciano habla de la libertad con la dureza que sólo años de cárcel pueden dar. Su experiencia en Colombia, recuerda, fue también un encuentro con la naturaleza, con la selva, con tribus indígenas alejadas de la civilización.

El otro secuestro
Ramiro relató que en 2001 partió a Brasil a conseguir recursos, refiriéndose a su participación en el secuestro de Washington Olivetto, que finalmente fue desbaratado por la policía federal. Desde esa fecha está encarcelado bajo estrictas medidas de seguridad. “Fue tirar el uniforme y bajar la montaña caminando”, analogó.

Casi al final de la entrevista, uno de los periodistas le pregunta qué se siente haber estado en situaciones relevantes para la historia de Chile, refiriéndose el atentado a Pinochet y el secuestro de Carreño, entre otros hechos.

“Dos situaciones que pudieron haber cambiado el destino… debería sentirme un poco privilegiado. Estar en un momento específico de la historia de nuestro país y viviendo y sintiendo esos momentos… No sé. Podría decir que hubiera preferido estar en La Moneda con el Chicho”.

Entrevista completa a Mauricio Hernández Norambuena