En diciembre de 2010 Nicolás Ibáñez, empresario y socio de Walmart Chile, decidió comprar un departamento en Papudo. La construcción de una marina en el lugar, proyecto del cual es socio accionista, lo tiene feliz. “Para un yatista es un sueño hecho realidad”, comenta uno de los 20 socios que le dieron el puntapie económico al proyecto. Y explica: “Para los navegantes que tienen que guardar sus embarcaciones en Higuerillas, una playa al norte de Concón, una marina en Papudo, a 10 minutos del lugar de veraneo (Zapallar) efectivamente es un sueño”.

La imagen es así:

El primero de enero Ibáñez llegó hasta el edificio Marina Club de Papudo pedaleando en su bicicleta desde Zapallar, donde tiene una casa. Aunque el detalle de la bicicleta llama la atención a los encargados de las ventas del lujoso condominio, Ibáñez no es un rostro desconocido por la zona. Menos de un mes atrás recorrió el edificio buscando un departamento para la tripulación de su yate. Esta vez, el primo del subsecretario Cristobal Lira, llegó decidido a comprar. Aunque el departamento que vio en su primera visita ya estaba vendido, los vendedores le ofrecieron uno similar: tres habitaciones, tres baños, casi 130 millones de pesos.

“Me lo llevo”, les dijo, previendo que faltaba poco para que los tripulantes de su embarcación necesitaran un lugar donde alojarse en el balneario donde podría estacionar su bote. A los pocos días un abogado y un constructor civil cerraron la operación, seguros de que el proyecto de la Marina del Club de Yates de Papudo sería un hecho en breve, por lo que el departamento no solo sería útil, sino que se revalorizaría.

Hasta ahora, el empresario y sus asesores parecían tener razón. De hecho, no sólo Ibáñez mira con buenos ojos el proyecto. Hace poco el presidente del Consejo de Defensa del Estado, Sergio Urrejola, compró en el mismo edificio donde además será vecino del presidente de la Coca Cola, Hernán Vicuña y del ex presidente de la Sofofa y de la CPC, Juan Claro, quien adquirió una casa de 1.900 m2 y 500 construidos en uno de los lugares privilegiados para mirar el mar en Papudo y a metros de la futura marina.

La historia parece sencilla: un Club de yates tiene un proyecto: levantar una marina donde los socios puedan estacionar sus botes. La historia oficial habla de una marina deportiva y un muelle público, de un paseo peatonal abierto, algo que será un foco turístico que dará -daría- un impulso a la economía de la zona. Habla de que el apoyo es transversal y dice la historia que con la obra costera todos serán felices, tendrán empleo, sus hijos comerán mejor y habrá paz y prosperidad como si siempre fuera navidad.

Con bombos y platillos anunciaban una inversión que, según ellos, alcanzaría los 3.412.500.000 millones de pesos. Para esto, 17 inversionistas iniciales desembolsarían 1.500 Ufs -30 millones de pesos- para tener atracaderos a precio de costo.

Sin embargo, no todos en Papudo coinciden en que la iniciativa tendrá ese efecto postal que alegan los impulsores y a pesar de que el proyecto ya es un hecho -aprobado en tiempos de la ex presidenta Bachelet- algunos papudanos aún quieren dar la pelea contra el que consideran un proyecto de ricos ajenos al pueblo que va a dañar su costa.

El efecto Pérez Yoma

La idea de construir una marina para estacionar los botes de los socios del Club de Yate viene sonando desde 1993, cuando la organización presentó un imponente proyecto que podría albergar hasta 200 embarcaciones y que fue descartado cuando un informe sobre la dinámica costera según las obras propuestas establecía que una obra de esa envergadura -especialmente el molo de abrigo a la dársena- afectaría el transporte de sedimentos, dejando sin arena la playa.

Según los vecinos que se oponen a la mole sobre el borde costero, la construcción por parte del Club de Yates de un rompeolas para proteger su piscina del mar ya habría ocasionado daños importantes a la playa. Al poco andar, el patrón del oleaje se habría modificado, alegan, y, por eso mismo, una parte de la playa YA perdió su arena y se convirtió en un roquerío inútil en el sector conocido como El Arsenal.

Tras el fracaso, la iniciativa se mantuvo bajo el agua hasta el año 2003, cuando los socios reflotaron el proyecto. Esta vez con otro diseño y reduciendo el número de embarcaciones a 100, según explica a The Clinic Online el presidente del Club de Yates, Pedro Reus, subgerente corporativo de Sofofa. Sin embargo, el tema no era de diseño: el proyecto seguía generando rechazo entre buena parte de los vecinos de Papudo, encabezados por el entonces consejero regional por Petorca, Miguel Misle, quien inició una cruzada para impedir que la marina se concretara en la que fundó el Comité Pro-Acceso Libre al Mar (Proalmar) de Papudo.

“Quienes tienen las capacidades económicas se están tratando de apoderar de los recursos de todos los chilenos, nosotros defendimos a los vecinos por un tiempo, pero ellos, con el nuevo régimen pudieron imponerse”, dice con un tono que mezcla fatiga, rabia y tristeza Misle, desde el retiro.

Cuando el ex consejero regional habla de capacidades económicas sabe de lo que habla. El proyecto de la marina de Papudo, además de Nicolás Ibáñez, accionista de Walmart Chile, comenzó con un grupo de 17 socios (actualmente son 20) que reservaron sitios a precio de costo, aportando finananciamiento para hacer realidad la marina. Entre ellos se encuentran personalidades del mundo empresarial como Felipe Montt Fuenzalida, que ha sido director de empresas como el Scottiabank, Jugos Concentrados S.A y el Centro de Investigación Minera y Metalúrgica, CIMM, entre otras.

Al lado de Ibáñez y Montt se encuentran Ramón Jara, director de Antofagasta Minerals; Cristóbal Lira, subsecretario de Prevención del Delito; Gonzalo Van Wersch, socio director de IM Trust; Patricio Mena, del estudio Mena y Ovalle; Lorenzo Antillo Matta, vicepresidente de Audax Italiano.

Frente a la creciente oposición en el balneario al proyecto del 2003, el club aplicó una serie de modificaciones, incluyendo desistir de pavimentar la playa Las Conchitas, uno de los puntos más conflictivos entre los vecinos y en el propio Concejo Municipal de ese tiempo. La nueva versión, presentada en el 2007, contemplaba un molo de abrigo a la dársena que serviría también de paseo peatonal y reducía la capacidad de estacionamientos a 49. Así, el club se ahorraba también entrar al Sistema del Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental, ya que según la ley, una marina con cupo para más de 50 embarcaciones debe ingresar al sistema.

Sin embargo, el proyecto vuelve a ser modificado, esta vez para dar cabida a 52 embarcaciones, lo que los obligó a entrar al sistema de evaluación mediante una Declaración de Impacto Ambiental, un estudio que encarga el interesado a una consultora externa -pagada- en el que establece que sus obras no afectarán la fauna de la zona ni el patrón de oleaje.

Esta versión final fue presentada el 2008 ante la Comisión Regional de Uso de Borde Costero (CRUBC), instancia integrada por los alcaldes de las comunas costeras de la región, consejeros regionales y jefes de servicios. Sus resoluciones no son vinculantes, pero generalmente sus determinaciones coinciden con las decisiones de la Subsecretaría de Marina, que rechaza o autoriza las solicitudes.

Allí recibió un nuevo portazo que obligó a los encargados del club a replantear su estrategia frente a la comuna, vendiendo a la marina como un polo de desarrollo y empleo, aunque según la declaración de impacto ambiental solo requerirá 30 personas. Además buscaron respaldos específicos, como el de los pescadores, a quienes les ofrecieron un embarcadero público con el que podrían potenciar el turismo. Los pescadores en esta pasada eran importantes, pues ellos significaban un voto en la CRUBC compuesta por 22 autoridades. Además del muelle, durante los dos últimos veranos el club les ha alquilado un bote para que hagan paseos a los turistas.

“Nosotros arrendábamos un bote en Quintero y ellos hacían paseos por la bahía. Se embarcaba la gente desde el Club de Yate… esto desde hace dos años”, reconoce Sergio Serrano, arquitecto y socio del club.

Pero el directorio del Club de Yates de Papudo no sólo se allanó a generar lazos con la comunidad y los pescadores. Las ganas de contar con una marina también los obligó a mostrar sus destrezas políticas y contacto. Fue así como realizaron gestiones políticas para agilizar un proyecto que, según recuerdan hoy en día, estaba sufriendo la demora burocrática del Estado y la negligencia.

Así las cosas, llegaron a tocar las puertas del ex ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, en el 2009. Navegante histórico y vecino de Papudo. Pérez tiene un campo en Cabildo donde pasa el tiempo y descansa.

Según una fuente que conoció las tratativas, las gestiones se realizaron a través de asesores directos del ex jefe de gabinete de Bachelet.

Hoy, después de 2 años y consultado al respecto sobre esta información, Pedro Reus, presidente del Club de Yates, la reconoce. Y aunque no se trató de una audiencia formal, como él mismo lo aclara a The Clinic Online, el lobby permitió que fueran recibidos por la ex subsecretaria de marina, Carolina Echeverría.

“Nosotros nos encontramos en un mometo en una posición bastante menoscabada frente a la subsecretaría de marina, porque por un lado había un gestor que estaba corriendo con los proyectos de manera paralela y nosotros nunca contratamos un gestor, nosotros hicimos como cualquier chileno que va y presenta un proyecto… nos empezamos a encontrar con todo tipo de problemas y en ese clima, dijimos ¿qué podemos hacer? Y ahí fue que…”, agrega Sergio Serrano, arquitecto y director de la obra.

“En esas circunstancias fue cuando la subsecretaria de ese entonces, contraviniendo la normativa expresa, nos exigió, antes de solicitar la concesión, que teníamos que tener el proyecto sometido al sistema de impacto ambiental. Nos cerró las puertas, no teníamos acceso, no nos daba audiencias, entonces nos vimos obligados a recurrir a otros medios para poder romper ese bloqueo”, dice Reus.

Esos otros medios a los que se refiere Reus significaron una reunión con la subsecretaria Echeverría.

“En el fondo fue destrabar y que se aplicara la normativa vigente y que pudiéramos competir en igualdad de condiciones y que no se nos discriminara”, se apura Reus.

“Fue la apertura de la subsecretaria marina la que nos permitió presentar el proyecto”, cierra Serrano.

Y esa apertura tuvo sus frutos:

El 30 de noviembre del 2009, la CRUBC se reunió nuevamente para tratar la solicitud de la concesión marítima del club. La última vez que la entidad había revisado el tema, el 16 de junio del 2008, los socios salieron con la cola entre las piernas y con un no como respuesta. Pero esta vez venían con un impulso de arriba.

Prácticamente sin oposición, la comisión aprobó la concesión por 20 votos a favor y dos abstenciones. Curiosamente, cuando el mismo proyecto se sometió a votación en 2008, el rechazo fue mayoritario.

“El gobernador de la provincia de Petorca, Julio Trigo, que fue un actor muy jugado en la defensa de los bienes de uso público de repente se dio una vuelta de carnero en el aire y terminó votando a favor del proyecto”, explica Eugenio Rau, uno de los principales detractores del proyecto. Según él, la presión de los vecinos hizo que Trigo reconociera que recibió instrucciones del Ministerio de Interior.

La alcaldesa y su esposo

Con 12 años como alcaldesa de Papudo la RN Rosa Prieto masculla su enojo. De voz ronca y con 5 asesores flanqueándola promete las penas del infierno en una de las oficinas del Palacio Recart donde está la municipalidad. Las paredes del lugar fueron rayadas con gruesos insultos que la acusaban de haber puesto Papudo a la venta.

En un hecho inédito, el sábado 29 de octubre más de 200 papudanos, entre los que habían veraneantes históricos como el ex futbolista sub 17 Pablo Herceg, marcharon en contra de la marina exigiendo un plebiscito.

Pero la alcaldesa, como Lavín cuando calificaba al movimiento estudiantil como un grupo aislado, no se inmuta: “No conozco a nadie que esté en contra, son 40 papudanos que mezclan esto con lo político. Es un grupo de 45 personas, no sé quiénes son, que salen en el fait (SIC) (facebook) o en otras redes sociales. ¿La marcha? Eran 85 personas contadas”, explica a The Clinic Online.

Pese a que Prieto subraya que “yo no le hago la pega a los del Club de Yates”, la edil votó a favor de su construcción en la CRUBC.

De hecho, como consta en una de las tantas actas a las que tuvo acceso The Clinic Online Prieto, desestimó una de las mayores preocupaciones de los papudanos: habló de su concepto de playa y dijo que ella entendía esto como el lugar donde uno ponía la toalla y tomaba baños de sol y de arena y como Las Conchitas (una de las playas de Papudo) no cumple esos requisitos, no había problemas que se viera afectada con una construcción.

“Como papudano, creo que entregarles a las personas más ricas de Chile una extensión de mar que nos pertenece a todos los chilenos, me parece al menos una inmoralidad”, dice el concejal PS Benedicto Araya.

Tal como Araya, Verónica Elgueta, papudana e hija del fundador del Club de Yates, no cree en nada de lo que se ha dicho sobre la marina. “La gente que la va a utilizar no va a dejar nada en Papudo, ni una Coca Cola se van a tomar. Se habla de revalorización de las casas, pero todas esas cosas son falsedades. Si la playa se ve afectada, Papudo muere, porque es lo que lo sostiene. Si no hay oleaje, toda la tierra y mugre que viene desde el cerro se va a quedar en la orilla y no se va a mover. La playa se podría transformar en un pantano”.

Pero la alcaldesa se desentiende de estas teorías. Cuando se le consulta en su rol de primera autoridad del pueblo sobre los beneficios del millonario proyecto, le pide a uno de sus asesores la carpeta institucional que el Club de Yate ha repartido en negocios y locales de Papudo para convencer a la gente y lee en voz alta las promesas que han hecho sus impulsores.

La imagen es cómica, pero sus detractores no se ríen. Desconfían.

Víctor Fazio, concejal de Papudo y esposo de Prieto, es uno de los principales defensores del proyecto. Es además presidente del Comité de Inversiones de la Municipalidad, departamento que estudia la viabilidad de las propuestas que llegan y es quien asesora a la autoridad en la toma de decisiones. El problema es que Fazio es a la vez socio del Club de Yates, único ejecutor del proyecto junto con la sociedad Costa Norte, donde está Ibáñez y cia.

Fazio también se ríe. Dice que está cansado de que le inventen historias. Junto a su impecable Mercedes Benz negro estacionado en la plaza de Papudo se defiende: “Hay gente que dice que yo soy socio principal del Club de Yates. Soy socio nada más que desde el punto de vista social, no tengo ni un barquito de maní. Pago una cuota anual, como cualquier persona”, explica a este diario.

Consultado por socios como Nicolás Ibáñez y Cristóbal Lira, Fazio habla con soltura de sus participaciones y dineros. “Van a participar porque tienen un yate. Son 50 fondeaderos, el proyecto es de 8 millones de dólares. Serían 160 mil dólares por persona”.

A diferencia de Fazio, Verónica Elgueta no ve los beneficios: “Para defender el proyecto dicen que son embarcaciones menores de 40 pies. Son 52 yates que se van a instalar en un roquerío hermoso, 52 personas que van a utilizar ese paseo para que estacionen sus juguetitos”.

¿Pero por qué un proyecto que se ha discutido durante años no se frenó antes? “La gente de Papudo vive asustada. La alcaldesa ha manejado las cosas con el látigo, hace favores a la gente que está con ella. Los papudanos tienen susto, pero de a poco han salido de las casas para mostrar su opinión”, dice Elgueta.

La alcaldesa, que llegó a Papudo hace 25 años, coincide con Elgueta, pero desde un ángulo completamente distinto. Enfática lo explica: “No decidí ser alcaldesa de Papudo, la gente me lo pidió. Yo hacía obras sociales para la comunidad, daba apoyo a juntas de vecinos, daba apoyo para adultos mayores, daba apoyo para navidad. En la plaza hay un reconocimiento público para Víctor Fazio. Por ayudar al prójimo la gente me solicitó ser alcaldesa de Papudo”.

Su jefe de gabinete, Wilson Astudillo, un UDI que fue mandatado para colaborar en la instalación de Prieto hace 12 años, pero que se terminó quedando, con entusiasmo comenta que su jefa dona todo su sueldo y paga becas, funerales, bautizos, cumpleaños, etc. “Pero no significa que yo compre conciencias. Yo coopero y ayudo al necesitado, a veces de la Ligua vienen a pedir ayuda. Y agrega: “mientras yo sea una mantenida, puedo ayudar”, se justifica Rosita.

Luis Palacios, el polilla, presidente de los pescadores es otro de los que está a favor de la marina. Al igual que el esposo de la alcaldesa y de los otros cinco concejales, dice que son puras “habladurías. Somos nosotros los que tenemos que ver con el mar. A nosotros nos favorece que la marina tenga también un muelle municipal porque vamos a hacer turismo, un bote de turismo para pasear a la gente. Y para eso lo vamos a ocupar”.

Jaime León, “el profe”, concejal UDI, dice que al Club de Yates le faltó transparentar y entregar más información a la gente en Papudo. Pero que a todas luces es un buen proyecto. De hecho, uno de los beneficios los recibirá él mismo. Hace años que les enseña a sus alumnos en la academia de vela que el club tiene para la escuela pública de Papudo. “El club tenía que abrirse a la comunidad y la escuela ha servido mucho”. ¿Y los beneficios para el resto? “Se van a necesitar mozos, barman, personas que limpien las embarcaciones, mucho trabajo”, dice León.

El presidente del Club de Golf de Papudo, Martín Bernat, también ve a la marina con buenos ojos. “El Club de Yate ha ido hasta a la feria a mostrar este proyecto. Los detalles de aprobación medioambiental los desconozco, pero me imagino que se hicieron de buena manera”.

Bernat comenta que no le gusta la política y como la mayoría de los consultados que están a favor de la Marina, repite una frase de la alcaldesa: “Yo soy del PP, del partido Por Papudo”.

Sin embargo, María Alicia Espina, dirigente vecinal y una de las pocas que se atrevió a dar su nombre para este reportaje dice que el club ha manejado todo con mucho hermetismo. “No fue una consulta ciudadana, como dicen ellos. Lo que hizo el Club de Yates fue poner una maqueta en la feria. La ponían todos los domingos y venía un tipo a explicarle a la gente de qué se trataba el proyecto de construcción de una Marina. Nada más”.

Otras juntas de vecinos consultadas coinciden con Alicia, pero pidieron no ser mencionadas por temor a represalias.

El correteo de los chungungos

Uno de los puntos que más preocupación causó en Papudo el proyecto fue su impacto ambiental. Especialmente en lo que respecta a los chungungos que viven en la zona donde se piensa instalara la marina. Aunque Reus y Serrano minimizan el punto y aseguran que no existen madrigueras de estos animales en el sector, el estudio Evaluación de la presencia de Lontra felina, en el sector del proyecto Marina Deportiva Club de Yates de Papudo, elaborado por la consultora de gestión ambiental CEAMAR, estableció que se avistaron al menos 6 animales en la zona.

“Al menos dos de ellos tendrían sus madrigueras directamente en la zona de construcción y otros dos muy próxima a ella (en el lugar donde se ubican las instalaciones actuales del Club de Yates de Papudo, específicamente en las grietas bajo las piscinas)”, explica el estudio encargado por el propio club.

El estudio recomienda espantar a los chungungos provocando “perturbaciones iniciales de menor intensidad para que las nutrias migren. Esto se debiera realizar al inicio de las faenas de construcción, considera un periodo con perturbaciones de menor magnitud que permita que las nutrias puedan contar con el tiempo suficiente para buscar y migrar a otro sitio con una nueva madriguera”.

Para Gabriel Medina, papudano de toda la vida, la depredación del borde costero de Papudo ha sido descarado y con la construcción de la marina será peor. “Conozco todo el borde costero, lo he buceado todo. Antes sacábamos mariscos, unos parecidos a los langostinos pero más chiquititos, pero las casas que se han construído y ahora este proyecto lo van a destruir todo”.

Gabriel recuerda cuando sacaba corvina con pinches desde la orilla de la playa y ahora con tristeza ve cómo llegan camiones a sacar toneladas de guiro de la playa sin permiso y en las narices de las autoridades.

Amancai, una adolescente de 14 años, no tiene los mismos recuerdos que Gabriel y en vez de rabia, siente temor. “A mi me gusta bucear, lo hago desde los 10 años con amigos. Con ellos tenemos miedo que se acaben las olas. Hemos visto fotos de la marina de Higuerillas y está todo negro, se ve muy feo”.

Para su madre, Alicia, el problema es más profundo: “El problema en Papudo es que la gente es sometida y cuesta que se manifieste. Cuando vienen acá y dicen que nos van a ofrecer trabajo en realidad es sólo para ofrecernos a sacar la pelela de debajo de la cama”.