Pablo Aguayo, dueño de un sexshop: “Cuando empecé a vender películas porno me pusieron cámaras ocultas para funarme”

Pablo Aguayo es un tipo extraño. Además de ser el dueño del sexshop SoloAdultos, es también coleccionista de flippers (de ahí la foto). Pero el hito que marca su hoja de vida es haber sido uno de los primero tipos en traer películas porno al país cuando todavía eran ilegales. Llegó a construir un imperio basado en VHS piratas que repartía vestido de repartidor de pizza, un trabajo que le importaba una raja. Funado por los programas de reportajes como si vendiera droga, su imperio alcanzó su apogeo con el fin de la censura y tambaleó con la gratuidad del porno por internet. Esta es la historia del que fuera el zar del porno cuando todavía te podían meter preso precisamente por ver videos porno.

Empezaste en el año 1994. ¿Y cómo fue?
-Puta, se traían a la mala po, VHS de Estados Unidos. Yo viví allá varios años. Y a la vuelta le traje unos regalos a mi hermano. No habían rayos x, no había SAG. Te metían la mano en los bolsos no más. Y las traje, no las cacharon, estaban en el fondo del bolso. Y mi hermano, abogado, se urgió y no las quiso. Dijo que no, porque en esa época eran super ilegales. Y como no las quiso, las empecé a vender a mis amigos. Y ahí caché que no había nadie más vendiendólas.

¿Y cuánto sacaste vendiendolas?
-Seis lucas de la época. ¿Serán unas 10, 12 lucas de ahora? Ahí caché que había mercado.

¿Y cuándo trajiste más?
-Yo traía solamente un género, que era hetero, porque las traía de regalo. De ahí caché que necesitaba más. Entonces traje gay, travestis… todas las weás que existían pero que uno no conocía. Ahí comencé a traer más profesionalmente. Me pegué como 4 viajes a Estados Unidos y de ahí a otros lados, como Argentina, Brasil, España…

Ahí vendían más
-Claro, otras producciones, otras marcas. Para un mercado tan chico como Chile tenía miles de donde elegir. Después las empecé a vender como correspondía en el 95. Vendía cientos diarias. Puro VHS. Era un mercado gigante. Ponía avisos en el diario.

¿Cómo las entrabas si traías tantas?
-En esa época, al principio, no cachaba cómo entrarlas. Pero una vez vi unos periodistas, que los weones andaban con pilas y bolsos y cámaras. Después caché y me hice corresponsal de una revista gringa. Entonces me compré una cámara profesional, con iluminación y toda la mierda, y con una credencial de corresponsal. Entonces los weones abrían los VHS, los veían, y cómo parecían vírgenes (porque los traspasaba en Estados Unidos) los compadres me dejaban pasar. Traía así un turro de películas y no cachaban. Era la cagá. Aparte mi pasaporte está lleno de timbres, de verdad parecía corresponsal, entonces al weón ni se le pasaba por la cabeza que eran porno. No era el perfil del weón que trae porno.

¿Cuando partiste habían más tipos que traficaban porno?
-Sí, lógico. Lo que pasa es que a mis películas yo les ponía mi teléfono en una esquina, con un titulador. Si te digo, lo mio era hiper-pro. Y después del ’97-’98, no había ninguna película que no tuviera mi teléfono. Ninguna en el mercado, en los moteles, donde fuera, era todo mio.

Igual te pirateaban entonces
-Sí po, todo, no había ningún otro surtidor. Pero tampoco era tan difícil, porque la calidad era charcha, en el ’95 no había ninguna otra weá.

¿Cómo eran las otras?
– Rayadas, pencas, antiguas, malas. Y mentiras, caleta de mentiras.

¿Cómo mentira?
– Que no tenían nada, que te pasaban el cassete y estaba vacío.

Jaja, se los cagaban
– Sí po, a cada rato. A mi me interesaba ganar plata, no cagarme a la gente.

¿Y qué genero era el que más vendías?
– Hetero y gay. Más que cualquier otra cosa. Después las weás más marginales, travestis, viejas, gordas, sado. Hetero 40%, Gay 30% y el resto de todo.

¿Y después, cuándo te pusiste con un negocio?
-Lo que pasa es que alrededor del 2000 caché que se iba a abrir la censura. Entonces fue más una consecuencia. Y después se abrió y se pudo meter juguetes. Pero tampoco uno en ese entonces se podía imaginar lo que iba a pasar con internet.

¿Y qué pasó con internet?
-Lo que pasó… que dejó la cagá con todo, con los libros, con las películas, con la música. Fue imposible de adivinar.

¿Internet te cagó un poco?
– Sí, a todos, a todo el mundo. Ahora ya nadie compra películas, ¿para qué? Está todo quebrado, Blockbuster… los cines salvan porque es una experiencia en sí ir.

¿Ahora ya casi no vendes películas?
-Poco. Nada comparado con el siglo pasado. Eran la base de la industria del porno en el mundo, no sólo en Chile. Las casetas donde se veían películas en un sexshop eran como el 70% de los ingresos. Metías una moneda, y veías películas porno ahí mismo. Ese era el negocio, pero nunca llegaron a Chile, porque te pedían puras weás para no dejarte funcionar. Ya es tarde, cualquier tipo de cosa audiovisual ya se fue a la cresta desde mi punto de vista.

Y después el fuerte fueron los juguetes
-Sí, claro, en una época sí. Pero ahora está estable, el mercado está más claro que la cresta.

¿Y cuál es el juguete más raro que has vendido?
-Chucha, no sé. Yo no traigo muchas cosas raras porque las dejas botadas meses y meses y no las vendes. Pero el más raro creo, era un globo que te metiai… te metiai… (hace un gesto y apunta a su trasero) y se inflaba adentro. Rara la weá. Eso, y animales inflables, perros…

¿¡Animales inflables!?
– Sí.

¿Pero para culiarselos o para ser culiados por el perro?
-No, para ponerselo po. Habían vacas, ovejas, perros… ¡Raro po! Un hamster traje una vez. Y lo compraban.

¿Oye y el más vendido?
-El consolador clásico, tamaño normal, clásico.

¿No tuviste atados al principio, en los 90, cuando era ilegal?
-Salí en varios programas de cámaras ocultas. Ahora me cago de la risa y lo encuentro una weá prehistórica, no puedo creer que vivieramos en una sociedad así.

¿Y qué canal hacía eso?
-Aquí en vivo, Contacto, todos esos programas de crónica roja. Los tenía todos grabados.

¿Llegaban los pacos?
-Me urgía igual, era pendejo y me podían cagar. Pero nunca pasó. Si no creo que haya sido tan grave como para que te fueran a buscar a la casa. Si eran películas porno, a quién mierda le importan.

¿Oye y al tiro te pusiste a vender películas?
– De hecho cuando empecé, trabajaba en el Pizza Hut, pero era sólo porque mi vieja me obligó a trabajar en algo. Pero cuando repartía las pizzas, iba a repartir las películas, con el letrero de Pizza Hut arriba y vestido de repartidor. Yo llegaba y me decían “Oye si no pedí ninguna pizza”, “No wn, si vengo a dejar tus películas”. Y me demoraba como una hora en repartir las pizzas.

¿Y qué repartías primero?
-Las películas, me importaban una raja las pizzas.

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