1. Asegurarse de que nadie cache

La culpa puede no existir pero lo que siempre existe es el miedo a que te pillen. Mientras más miedo, más culpa cree uno que tiene. Pero no hay que confundir: es miedo, puro miedo y se pasa haciéndola piola. No en bares, no en la discoteca, no en la calle, no contarle a nadie -ni a la mejor amiga-, no zamparse a un/una saico-killer que después le suelte todo al pololo/polola, no darle la clave del correo al pololo/polola, no andarse agregando a facebook. En fin. Sentido común. Pero -lo dice la sabiduría popular y lo dice Pilar Sordo- como el sentido común es el menos común de los bla bla bla, es mejor hacer lo siguiente:

2. Irse a una disco sin señal

Uno puede decir que no tiene señal. Uno puede decir que se le acabó la batería. Uno puede decir que se le quedó el celular en la casa. Pero esto se trata de tranquilidad espiritual y es mucho, mucho mejor si es verdad. El túnel El subterráneo.

3. Convencerse de que es un acto de justicia (I)

Pensar que tu pareja es como el hoyo. Te trata mal, te hace llorar, no le importas. Y, mejor: tener una pelea feroz, cerrar la puerta como debe ser -de un portazo- y no sentirse responsable por nada de nada de lo que pase después.

4. Convencerse de que es un acto de justicia (II)

Pensar que el novio-novia te pone el gorro así que qué tanto. Uno está equiparando, no más.

5. Hacerse el pobrecito

Mago Valdivia: “Yo estaba pasando por un momento de crisis matrimonial”.

6. La excusa universal (I)

Es típico. Uno dice: “es que estaba muy curado”. Lo importante no es haber estado muy muy ni darle una explicación al pololo/polola (te va a odiar igual). Lo importante es que uno, realmente, se crea que lo hizo sólo por eso. Se crea que el alcohol corrompe un alma pura.

7. La excusa universal (II)

La regla de los no sé cuántos kilómetros. Cada cual ve si vale para Mendoza o Nueva Zelanda. Y si uno es quién se queda en Chile, se puede combinar con la de hacerse el pobrecito (“Ella me dejó. Sufro”).

8. Rendirse ante la belleza

“La hago sólo si la mina es muy rica”.

A veces, son todas ricas.

9. Rendirse ante la fama

Lo saben todas las minas que se han comido a Leo Rey.

10. La bala pasada

Te enamoraste en primero básico de la niña más linda del curso. No te pescó. Seguiste enamorado en segundo, tercero, cuarto, quinto, séptimo, octavo y -así- hasta que te dijo que no iba a ir contigo a la graduación. La perdiste. Entraste a la universidad y nunca más te habló. Saliste de la universidad, entraste a trabajar e -intuyes- te aceptó de amiguito facebook por pura compasión. Pero, tampoco es tan terrible: tienes una polola. Un día te encuentras a la más linda del curso en una fiesta-bailable en la que ella no conoce a nadie. Está obligada a bailar contigo, conversar contigo, darte besitos y quién sabe. Pase lo que pase, no te sientes culpable: era un amor de toda la vida.