Las lecciones que los ayseninos deben aprender de las promesas que el Gobierno no cumplió en Magallanes

Las razones de Aysén hoy parecen obvias. Tan obvias como en su momento parecieron las de Magallanes para salir a las calles hace 13 meses y doblarle la mano, al menos aparentemente, al Gobierno y frenar un alza en el precio del gas. Las protestas que el año pasado tuvieron contra las cuerdas al gobierno de Piñera llegaron a ser comparadas con el “puntarenazo” que hizo tambalear a Pinochet y prendieron una luz de alerta respecto al abandono de las regiones extremas y para desactivarlas La Moneda hizo una serie de promesas que a más de un año aún están al debe.

En enero del 2011, el anuncio del Gobierno sobre un alza de más del 16%, movilizó a toda una región y la reacción automática -herencia de un pasado no tan pasado- fue la de las lacrimógenas y los balines. Incluso, el otrora hombre fuerte de La Moneda, Rodrigo Hinzpeter, creyó que invocando la Ley de Seguridad Interior del Estado los magallánicos se bajarían los pantalones ante un drástico incremento de los precios del gas en una región donde el combustible es más que necesario.

Sin embargo, la negativa de negociar y enviar ministros a la zona -como lo ha vuelto a hacer el Gobierno en el caso de Aysén- duró poco con los magallánicos y a los pocos días de que la doctrina Hinzpeter fracasara, La Moneda decidió enviar a su vedette del momento, el ex biministro de Energía y Minería Laurenco Golborne para destrabar el conflicto. Un camino que hasta ahora el Gobierno ha sido renuente a tomar en el caso de Aysén, pero que de seguir las protestas -como todo indica- podría volver a recorrer.

Aunque el descontento popular en Magallanes comenzó por el precio del gas, el malestar por lo que consideraban un alza abusiva en el precio del combustible sacó a flote un sentimiento arraigado en esta y varias regiones aisladas del país: la sensación de abandono por parte del Gobierno central. En esto, el Senador Independiente, Carlos Bianchi, es claro: “el Gobierno menospreció a la gente de la Patagonia. Pensó que por tratarse de un territorio con poca población no íbamos a tener influencia, pero se equívoco”. Las cifras así lo demuestran, ya que en enero de 2011 la aprobación de Piñera (en algún momento altísima tras el rescate de los mineros) comenzó a caer en picada.

Ya con el agua al cuello y tras el fracaso de la política de las lacrimógenas, Piñera anunció medidas especiales para apaciguar los ánimos en la región, comprometiendo la aceleración del Plan Magallanes anunciado por el empresario en su campaña a La Moneda. Casualmente, este es el mismo mantra que han repetido una y otra vez sus delegados para desenredar el conflicto de Aysén.

El segundo compromiso fue promulgar una ley que regule el precio del gas en la XII Región antes de septiembre de 2011.

¿Y a la hora de los quiubos?

Precio del gas: el Gobierno pretendía subir el precio del gas en un 16,8% y ante las protestas los magallánicos lograron que el incremento se limitara a un porcentaje equivalente al IPC anual. Sin embargo la ley que iba a regular el precio del gas en la región, ni siquiera se ha comenzado a tramitar pese a que debería haber estado lista hace cuatro meses. El concejal de Punta Arenas, Mario Pascual, explica que: “lo único que hay ahora, es la mantención de las tarifas por un año más. El Gobierno asegura que no van a subir más adelante, pero en realidad no hay nada que asegure que no va a haber alzas”.

Generación de nuevas fuentes de energía: El Gobierno planteaba comenzar la explotación de las grandes reservas de gas y petróleo que hay en Magallanes pero que no se han aprovechado. Según la tesis de Piñera, como a la ENAP “le falta patrimonio”, los privados son los que deberían invertir en la explotación energética. De momento, ningún nuevo proyecto se ha aprobado. Con la sola excepción de la controvertida mina Isla Riesco. La cual podría lanzar a la atmosfera 6 millones de toneladas de carbón al año. Para Mauricio Vidal, director del diario El Pingüino: “En ese caso el interés de Piñera es claro, ya que hay intereses económicos asociados”. Hasta el día de hoy, el Presidente es dueño de un paquete accionario en Copec, una de las dos empresas involucradas en el proyecto.

Incentivo de los criaderos de salmón y la pesca artesanal: Para el Gobierno, el aumento de la producción pesquera en Magallanes se debe efectuar entregando una generosa cantidad de nuevas concesiones para el cultivo del salmón y creando un plan de “regularización” de los pescadores artesanales, el cual estaría incluido en la controvertida nueva ley de pesca. El plan no es bien visto por los pescadores artesanales quienes estiman que se puede ver afectada la biomasa que ellos pescan.

Un millón de turistas: El Gobierno prometió que potenciaría planes para aumentar el turismo en Magallanes desde 600.000 a un millón de turistas al año. Pero hasta el momento no se ha registrado ningún incremento. Por el contrario, y está vez no es culpa de Piñera y amiguitos, el incendio en las Torres del Paine ha tenido como consecuencia una disminución del turismo en la zona.

Lecciones

Las propuestas del “Plan Magallanes” nunca fueron aprobadas en su totalidad por la Asamblea Ciudadana de Magallanes, tal como ha sucedido con el movimiento en Aysén y las hasta ahora insípidas propuestas del Gobierno. En el primer caso, el acuerdo al que se llegó consistía en que representantes de todos los sectores de la región se iban a sentar a conversar en una mesa conjunta con el gobierno. En las primeras reuniones, estuvo presente Golborne. Pero Laurence se negó a que participara el sindicato de trabajadores de la ENAP. Como está condición no fue aceptada, Golborne dejó tirada la mesa.

Ante el incumplimiento de la mayoría de las promesas, los habitantes de Punta Arenas no descartan volver a movilizarse este año. Sin ir más lejos, está semana los pescadores de Punta Arenas comenzaron con pequeñas movilizaciones que todavía no han sido noticia nacional. Pero la cosa puede ir en grande.

En el caso de Aysén, la mesa aún no se constituye salvo por el encuentro de los ministros de Salud y Transporte con los voceros del movimiento. Al igual que en Magallanes, la estrategia parece ser apostar por que el conflicto se desinfle y pierda la cobertura mediática, especialmente bajo la coyuntura del Festival de Viña. Por eso, los representantes enviados desde Palacio han sido actores de medio pelo, ministros sectoriales y, finalmente, se encomendó el diálogo a la intendenta Pilar Cuevas.

Pero la bomba podría volver a explotar en la cara al Gobierno, y la renuencia a enviar a los ministros de Hacienda y Economía podría cambiar si las protestas mantienen su intensidad. En el caso del titular de Economía, Pablo Longueira, las cosas no serían tan fáciles, pues según cercanos a la UDI, el ex senador habría presionado para no viajar a la zona y exponerse a una situación que le pueda restar puntos ante una eventual candidatura presidencial.

Así las cosas y ante un Gobierno que escuchó a una región pero sólo para desactivar un conflicto, los magallánicos aseguran que podrían volver a manifestarse. Especialmente si no hay señales del proyecto de ley. Un antecedente que los ayseninos deberán tener en cuenta a la hora de comprar cualquier ofrecimiento que les haga el Gobierno.

The Clinic Newsletter
Comentarios