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23 de Julio de 2026El extenso prontuario de “El chino del Cajón del Maipo”: Tiene más de 20 causas por drogas, violencia intrafamiliar, hurtos y usar celular en la cárcel
Detrás del hombre que protagonizó el rescate más comentado del invierno, los registros judiciales muestran casi dos décadas marcadas por la adicción a la pasta base, diagnósticos psiquiátricos, violencia intrafamiliar, amenazas, hurtos reiterados y múltiples condenas.
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El rescate de Magdalena Retamal (31), Martina Núñez (21) y Manuel Orellana (32) —“El Chino”— tras días perdidos en el Cajón del Maipo tenía, en un primer momento, todos los ingredientes de un enigma cinematográfico: un hombre y dos mujeres en la cordillera.
Su pareja, Génesis, se encargó de bajarle el perfil al escándalo: dijo que las “tías” eran educadoras de párvulos que conocían a Manuel hace años, que él sabía moverse en la montaña y que jamás las obligó a subir. Descartó el secuestro.
Pero mientras la lluvia paraba y el país se quedaba con la versión del lío de faldas, las autoridades tenían a la mano otro antecedente: el auto en que viajaban tenía encargo por robo. Y ese dato fue apenas la punta de un historial que acumula más de 20 causas penales a las que The Clinic accedió.
Uno de los primeros contactos de Orellana con la justicia llegó en 2009, cuando su propia madre, Blanca Tamayo, denunció su desaparición en La Florida. Apareció ileso días después, pero ya con antecedentes: ese mismo año fue sorprendido robando tres cremas anticelulitis en un Líder, avaluadas en 15 mil pesos.
Entre 2011 y 2013 El Chino desarrolló un patrón muy específico: bandejas de carne en supermercados Ekono. El 21 de marzo de 2011 fue detenido con siete bandejas ocultas; el fiscal Ernesto Navarro lo condenó a 41 días de reclusión nocturna, pena que incumplió sistemáticamente –su madre alegó que estaba internado por consumo de drogas, mientras los informes de Gendarmería registraban semanas de ausencia–. En octubre de 2013 repitió la fórmula, otras siete bolsas de carne en el mismo Ekono de La Florida, y sumó otros 41 días.
El prontuario también tiene episodios de violencia fuera del hurto. En febrero de 2012 escaló el muro de una casa en Macul y robó monedas; él mismo lo reconoció después ante un psiquiatra forense, atribuyéndolo al consumo.
En 2015 fue denunciado por apedrear la ventana de una vecina sin motivo aparente. Y en 2017 el conflicto llegó al círculo familiar: su suegra lo acusó de intentar entrar a la fuerza a su casa y de agredirla verbal y físicamente; la causa no prosperó porque la víctima cambió de ciudad.
Al volante, el chino tampoco estuvo tranquilo: no tuvo licencia de conducir, pero eso no le impidió manejar. Fue detenido en 2010 por manejo en estado de ebriedad sin licencia, y en 2017 volvió a ser controlado al volante de un camión de 6.500 kilos, esta vez condenado a 61 días de presidio, sustituidos por horas de servicio comunitario.
Un peritaje de 2013 del doctor Rafael Vizuete Barros ofrece una explicación clínica al historial: describe a un hombre analfabeto, con consumo de hasta 300 papelillos de pasta base al día y daño orgánico cerebral. Su madre relató que de niño sufrió convulsiones febriles que le habrían afectado el cerebro, agravado después por la droga. Ya en prisión, en diciembre de 2023 fue sorprendido con un celular y un chip ocultos en el Centro Penitenciario Colina I, lo que le sumó otra condena.
Uno de los episodios más grave del prontuario reciente de el chino, ocurrió apenas un año antes del rescate en la cordillera. El 22 de junio de 2024, alrededor de las 17:00 horas, Orellana llegó bajo los efectos del alcohol hasta una vivienda del Pasaje Chinchorro, en Macul, donde vivía su exconviviente y madre de su hijo, Yasmin Andrea Villegas Lagos. Según el requerimiento judicial, allí inició una fuerte discusión con la mujer que escaló rápido hacia la agresión física: le propinó un golpe de mano abierta en el rostro, y cuando familiares de ella intentaron intervenir, la violencia se intensificó.
En medio del forcejeo, Orellana la habría golpeado con un objeto contundente en la mano izquierda antes de retirarse del lugar, no sin antes gritarle una amenaza que la fiscalía calificó de seria y verosímil: “te voy a pegar, te voy a pescar a balazos”.
La mujer fue atendida en el Hospital de La Florida, donde se le diagnosticó una contusión moderada en la mano izquierda, catalogada como lesión leve. Con esos antecedentes, el Ministerio Público lo formalizó por lesiones menos graves y amenazas en contexto de violencia de género e intrafamiliar, invocando la Ley 20.066. El caso se cerró el 20 de diciembre de 2024, cuando el 13° Juzgado de Garantía de Santiago dictó sentencia: pese a la gravedad de los hechos denunciados, el tribunal absolvió a Orellana de todos los cargos.



