La trama de la corrupción en Recoleta, cuya cara visible hasta ahora es el ex Director de Obras municipales, Carlos Reyes, recién comienza a escribirse en la investigación que tramita la fiscal Centro Norte Macarena Cañas.

En la carpeta -a la que accedió The Clinic Online- hay detalles inéditos del actuar de Reyes, quien cobraba coimas a través de la empresa Carpe Diem, haciéndolas pasar por gestiones para conseguir permisos de edificación o recepciones de obra.

Hasta ahora se sabe que todo comenzó el pasado 7 de diciembre cuando el dueño del bar “El otro sitio”, Fernando López denunció al Ministerio Público que Díaz quería una coima de 35 millones de pesos.

Sin embargo, unos días antes el propio López concurrió a la Municipalidad de Recoleta, dirigida por Sol Letelier y reveló este intento de cohecho. Lo particular es que nadie lo pescó y le indicaron que la denuncia debía efectuarla él mismo, aún cuando los funcionarios públicos tienen la obligación de hacerlo cuando se enteran de la comisión de un hecho que podría revestir caracteres de delito.

No es todo, hay personas que le pagaron millonarias sumas a Carpe Diem, cuya dueña era Mercedes Contreras, quien será formalizada en los próximos días por el mismo delito. Un ejemplo concreto lo constituye Juan Carlos Ovalle, un empresario del rubro automotriz, quien declaró como testigo el pasado 17 de abril.

Toy que te creo

Ovalle asegura que pagó más de 17 millones de pesos con tal de que le aprobaran el funcionamiento de su empresa en la comuna y todo, nuevamente, a través de Carpe Diem y Mercedes Contreras.

Como los trámites no avanzaban pese a la gran suma de dinero, Ovalle se puso firme y comenzó a reclamar, momento en que “comenzaron a llegarme partes, en circunstancias que antes de eso sólo se e cursó uno”.

“El funcionamiento de esta mujer y de Carlos Reyes ahora lo entiendo, es que ella dilataba y me pidió miles de papeles, efectuar cientos de trámites, ejecutar montones de obras y reestructuraciones internas, mientras tanto siempre le iba mal, me traía malas noticias y nuevos requisitos y en paralelo se me dejaban caer los inspectores municipales”.

De hecho, Ovalle hizo un pago de 1 millones 500 mil pesos en una ventanilla de la municipalidad, pero el documento de respaldo, asegura, era trucho.
Lo que no cuadra en la versión de Ovalle como una mera víctima, es que en el invierno del año pasado Reyes llegó hasta su automotora. “Me dijo que tenía su auto viejo y en mal estado y que quería irse de vacaciones”, señala.

“M pidió directamente que le prestara un auto; yo me sorprendí y la verdad es que se lo presté… de mi rent a car. Se lo llevó una semana, pasaban los días y tuvo el auto durante 4 semanas y no lo devolvía. Como el auto tiene GPS y puedo desactivarlo a control remoto la partida, decidí desconectar el vehículo y así lo hice. Luego por el GPS pude advertir que estaba estacionado muy próximo a la municipalidad de Recoleta”, siguió Ovalle en su testimonio.

Y continúa: “Me llamó Carlos Reyes furioso, me dijo que el auto se había echado a perder, que no partía, ante lo cual le dije que era un aprovechados, que le había prestado el auto y que de ninguna manera era aceptable que lo retuviera cerca de un mes, a continuación mandé un chofer quien recuperó el automóvil”.

Un caso igual de frescura lo relata el arquitecto Waldo González. Asegura que tuvo un cliente que ya tenía el permiso definitivo del Jamming Club y se lo cerraban “cada dos minutos”, entonces Carlos Reyes a comer gratis permanentemente”.

Frescura al pormayor

No fue el único problema que tuvo este empresario que le “prestó” el auto al ahora principal imputado en esta causa por corrupción. Y nada menos que con la Universidad San Sebastián, que se ubica en Bellavista con Pio Nono -ligada a la UDI- la misma que quería instalar frente a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile una imagen gigante de Juan Pablo II, que finalmente no prosperó.

Asegura que la casa de estudios intentó comprarle su propiedad, al punto de llegar a presionarlo, a través de una corredora de propiedades. La dueña (no señala su nombre) tiene un hijo que es compañero de colegio del primogénito de Nicolás Honorato, precisamente en arquitecto revisor de la misma Dirección de Obras de Recoleta, quien ya declaró como imputado en la fiscalía.

Sucede que Contreras, la dueña de Carpe Diem estaba vinculada con la corredora de propiedades, por lo que cada vez que Ovalle le señalaba que no quería vender, la firma volvía a la carga. Finalmente firmó un documento en la notaría Gloria Acharán, la misma donde se realizaron todos los chanchullos del caso Kodama, renunciando a la indemnización por expropiación de su terreno. El afectado reclamó con un abogado de la municipalidad, “quien me dijo que se hacía en ciertos casos, pero me preocupé de averiguar si esto era aplicable en mi caso y no era así, claramente me perjudicaba”.

El “amigui” de Reyes

En una de las presentaciones que la fiscal Cañas hizo al tribunal de garantía, revela la red de Reyes para blanquear las coimas que cobraba. A juicio de la perseguidora el ex director de obras, tiene a su nombres tres propiedades: una en Los Canelos en la zona de Peñablanca, otra en Rancagua, otra en Buin, tres autos, dos cuentas corrientes en dos bancos distintos y cuatro cuentas en favor de sus hijos. Ambos registran ingresos constantes desde 2009, y su hija sólo registra iniciación de actividades como garzona.

Para establecer los cruces y relaciones para el cobro de coima encubiertas a través de Carpe Diem, la fiscal Cañas levantó el secreto bancario de varios imputados y el listado de las llamadas de sus teléfonos celulares.

En esa línea descubrió que en 2011, de acuerdo a la declaración de la secretaria de Reyes en la municipalidad, Verónica Vergara, un funcionario -Luis Contreras Órdenes- fue destituido porque cobraba coimas. Ironías de la vida, era subalterno directo de Reyes.