¿Qué hay detrás de un polvo en cama ajena?

Para qué negarlo: algo debe tener el sexo clandestino desde que casi la mitad de la población, a juzgar por los estudios disponibles, se ha deslizado (o se desliza) a camas ajenas buscando lo que no se le ha perdido… ¿O tal vez sí?

Pues eso mismo se preguntaron hace poco los magos tras la cada vez más extendida red social Second Love, pensada y creada para que los comprometidos puedan conocer a otras personas y sostener encuentros y hasta relaciones paralelas con ellas. Mejor dicho: para facilitar y socializar los cuernos.

Antes de que me crucifiquen les aclaro que yo ni juzgo ni aplaudo a quienes andan en esas, y que si trato aquí el tema es con el ánimo de dar respuesta a una legítima curiosidad: ¿Qué ganan los infieles con su infidelidad?

Pues el dichoso portal logró que 700 de sus usuarios le respondieran una encuesta sobre el tema, y se encontró, por ejemplo, con que el 41 por ciento de los hombres y el 48,9 por ciento de las mujeres aseguran que adornarles la frente a sus parejas les ayuda a mejorar su autoestima. Mejor dicho, a ellas las hace sentirse más atractivas y valoradas, y a ellos más viriles.

Pero este no es el dato más contundente: resulta que ocho de cada diez infieles califican las faenas amorosas con otro u otra como buenas o muy buenas. Eso sí, aseguran que la puesta de cuernos nada tiene que ver con el desempeño de sus parejas estables bajo las sábanas; es más, dicen que lo que buscan es experimentar sensaciones nuevas. ¿Cómo les parece?

Y aunque no puede faltar quien en cama ajena enrede ese amor que justificaría una “cuerniada”, la mayoría lo hace solo respondiendo a la necesidad que le dicta el departamento inferior del cuerpo. Es decir que si el aquello no estuviera de por medio, no habría razón para ser infieles; de hecho, la mayoría de la gente asegura que sin polvo no hay infidelidad.

Cada quien es libre de hacer lo que quiera; de mi parte pensaré que no hay nada mejor que encamarse con el titular, sobre todo si las ganas vienen del sentir. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO de Colombia

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