Un asado asambleístico



Aquí en Patagonia. Vine a un seminario a la Universidad de Magallanes sobre Escritura y Territorio en el marco de la estrategia anti épica de los Pueblos Abandonados que articulamos con algunos colegas, y vine también a lanzar una novela que predica algo parecido. Junto al patrimonial Estrecho converso con alumnos y colegas sobre la necesidad de desarrollar el paradigma educativo como extensión posible de esta perspectiva. Exhibo unos power point y un video sobre algunas acciones interdisciplinarias y fundamentos del trabajo cultural-político con algunos colectivos que aquí hemos mencionado en más de alguna oportunidad, como la Escuela 1, algunas performances artísticas, manifestaciones callejeras, trabajo editorial comunitario, Asamblea Ciudadana, etc. En todo caso, se trata de una lucha zonal contra el gobierno y su proyecto.

Otro de los tópicos lo constituyó el análisis político de la situación y la conclusión fue que no queremos que vuelvan los que se frotan las manos con la hada Michelle y tampoco que sigan los que están, obviamente. El análisis de los últimos episodios, lo del litio y lo del chico Peña, son indicios del nuevo desalojo, cuestión que hasta hace unos días no se veía con tanta claridad. Este análisis surge de las informaciones de los amigos, porque hace mucho rato que no veo ni leo noticias. Antes de viajar estuve encerrado en mi casa cuidando a una pariente enferma y a las gatas del entorno doméstico, más los gatos del radio externo que se ubican en el techo y en el patio de la casa que habito en el tristísimo litoral central.

En este punto, ya estábamos en la casa del Óscar Barrientos en el barrio croata, un escritor yugolote (yugoslavo y chilote) con el que estamos trabajando estas iniciativas político-territoriales. La solución política que establecimos fue la de no votar de modo que las elecciones que vengan, ya sean las municipales o las otras, no valgan la pena y se deslegitimen, en donde ganar sea vergonzoso. Luego se impondría la tesis de la asamblea constituyente. No recuerdo si brindamos por eso, es probable que sí.

Al otro día fuimos a un asado a la población Chaparro, a la casa de Sonia y Javier, en donde ratificamos algunos contenidos, aunque con matices. En general, reconocimos que la Patagonia exhibe un testimonio resistencial que constituye un paradigma de trabajo para otras regiones. En el asambleístico asado estaba un compadre al que le dicen el Gap, un amigo del yugolote, el Pedro, un compadre que trabaja en radio, un cabro anarquista que es músico, el Mauro, un actor, la Alicia, la compañera del yugolote, totalmente croata, y la abuela chilota. En este contexto el Óscar Barrientos dio un informe sobre los pueblos enapinos (de Enap), que constituyen uno de los modelos de pueblo abandonado, y del relato de los mismos asistentes surgieron los nombres de Villa Tehuelche, San Gregorio, Cullen, Cerro Sombrero, Posesión, Puerto Percy, Cameron (comprado por el senador Larraín), etc.

El mismo yugolote, como parte de su análisis de campo, hizo un inventario del patetismo cultural y político del provincianismo, es decir, cuando esta noción tiene un sentido blandengue. Y surgió el Martín Rivas poetizante que va a triunfar a Santiago y que incluso aspira al nacional de literatura. También apareció el Martín Rivas étnico que ejerce de mapuche y todos los poetas rancios amalditados e impostores que aspiran al metropolitanismo. En otra parte de su informe, además de su odiosidad contra los natalinos (los de Puerto Natales), dio cuenta del peligro de que en las redes de televisión regionales (que están siendo clave en los procesos de invención de lo local), muy dedicadas a temas ufológicos y fenómenos paranormales por culpa del patético Salfate, eso dijo, comiencen a hacerse realities con dirigentes vecinales, sindicales y políticos, ratificados por algún farandulero serie B. Finalmente, hicimos una especie de catastro de las ficciones territoriales catalogando construcciones micro épicas como repúblicas. De ahí surgió la República Ballenera magallánica, la República Maderera del sur, la República Minera del norte, la República Pesquera del litoral, etc. En fin, lo importante es que hay que organizar el territorio según los esquemas de la ficción, no es posible hacerlo de otra forma. Sólo la ficción puede salvarnos de la patología bipolar a que nos quieren someter los Escalona y los Longueira y los Teillier y los otros. Creo, estoy casi seguro, de que también brindamos por eso (por el predominio de la ficción territorial).

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