Vía El País

El pianista Dave Brubeck, uno de los más famosos e influyentes músicos de jazz de todos los tiempos, ha muerto hoy, justamente un día antes de su 92 cumpleaños, en el hospital de Norwalk en Connecticut, según ha informado su representante y productor Russell Gloyd.

Célebre sobre todo por el trabajo desarrollado en los cincuenta y sesenta al frente del cuarteto que colideró con el saxofonista Paul Desmond. Compuso o interpretó canciones inmortales, como Blue Rondo a la TurkIn your own sweet way o, sobre todo, Take five (escrita por Desmond), que convirtió el álbum del mismo nombre, publicado en 1959, en uno de los más vendidos de la historia del género. El tema devino rápidamente en todo himno popular estadounidense, que lo mismo se empleó para sintonías televisivas que para multitudinarios eventos deportivos.

Representó un cierto acercamiento intelectual a la composición de jazz, para lo que a menudo empleó patrones rítmicos propios de otras músicas, como 5/4 o 9/8 (llegó a experimentar con un 11/4, e incluso un 13/4). Nacido en California, alcanzó notoriedad como parte de la generación de músicos blancos que desde la Costa Oeste ofrecieron un contrapunto más fresco y luminoso al imaginario nocturno y dependiente del blues de las escenas de ciudades como Nueva York o Filadelfia.

Su primer público fiel fue precisamente el de las universidades, donde grabó algunos de sus primeros discos para el sello Fantasy, antes de convertirse en 1954 en el primer músico de jazz moderno en aparecer en la portada de la revista Time. Impulsos como este hicieron de él también el primer intérprete en vender un millón de copias de un disco.

Los años a caballo entre los sesenta y setenta fueron los de las giras mundiales y los reconocimientos. También, los de cierto acomodamiento a un estilo efectivo y extremadamente exitoso.

Nunca dejó de componer trabajos orquestales o piezas jazzísticas. Tampoco cesaron las distinciones: Bill Clinton le concedió la Medalla de las Artes en 1994, mientras que Barack Obama fue su introductor en el centro Kennedy. Contaba con una estrella en el paseo de la fama de Hollywood y un Grammy a toda su carrera.

Le sobreviven su mujer, Iola; cuatro hijos y una hija, así como una legión de nietos y nietas.