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Los mejores episodios de la vida privada de uno de los grandes intérpretes de Hollywood, que ahora estrena película dando vida a Roosevelt, desde su combate con Chevy Chase a los arañazos del gato Gardfield/Cohen.

1.- Detrás de la barra del bar

Durante muchos años, las malas lenguas decían que Bill Murray estaba recluido en sí mismo. Tras «Cazafantasmas», como publica The Telegraph, fue exigente en sus papeles, nunca fue a quitarle el polvo a la alfombra roja y raramente hacía entrevistas; no descolgaba el teléfono -sabia decisión- así que los posible guiones se los tenían que enviar al fax de una tienda de ultramarinos de su barrio. Pero Bill cambió radicalmente. Ya no era un recluso. Desde 2007 dejó verse más en público: exposiciones de arte, fiestas de Marina Abramovic; con alguna copa de más, estrelló un carrito de golf robado en Estocolmo; fiesta de estudiantes en St Andrews y reinó detrás de la barra de un bar en un festival de cine sirviendo las bebidas con el Wu-Tang Clan. Para más información: billmurraystory.com, donde se glosan más hazañas de Murray: karaoke, robos de chips de un plato en un restaurante, pagándose sus bebidas, socializándose. Incluso mantuvo la calma cuando un invitado en una fiesta de Halloween de Brooklyn lo acusó de «llevar una mala vida». En lugar de alegrarle la tarde al tipo, Murray prosiguió bailando agradeciéndole el consejo cortésmente a su anfitrión parlanchín.

2.- El efecto humano especial

Tras la Premier de Nueva York de «Hyde Park en Hudson», Murray, que interpreta a Franklin D Roosevelt, aceptó preguntas de los curiosos, que le inquirieron sobre una escena en la que un Roosevelt horriblemente marchito muestras sus piernas colgando bajo el agua. ¿Cómo consiguieron que los miembros se vean tan horribles? Murray espetó: «Eso -refiriéndose al miembro- está actuando»

3.- El gato sobre el tejado de zinc de los “Cohen”, y no Coen

Tras ser nominado al Oscar por «Lost in Translation», que Murray aceptara ponerle voz al gato Gardfiel cogió a muchos por sorpresa, teniendo en cuenta que Bill había rechazado la parte de «Buzz Lightyear» en Toy Story. ¿Qué ocurrió? La respuesta llegó seis años más tarde, mediante una entrevista con «GQ». Murray reveló que leyó las primeras páginas del guión de «Garfield», escrito por un Joel Coen, y en ese apellido reconocía el nombre de películas como «Fargo», «Arizona…» y «The Big Lebowsky». Cuando se dispuso a grabar su parte, Bill bramó y rugió. «¿Quién hizo esto?» «Es peor que peor». «¿En qué estarían los Cohen pensando?». Entonces le dijeron que el apellido del guionista era Joel Cohen, con la hache. En 2006, Murray realizó «Garfield 2: una historia de dos gatitos»; y hasta ahora no ha dado ninguna explicación.

4.- Susurro escarlata

Es uno de los grandes enigmas del cine moderno: ¿qué le susurra, exactamente, Bill Murray a Scarlett Johansson al final de «Lost in Translation»? Murray dejó esa voluntad a la directora de la película, Sofia Coppola, y nunca divulgó lo que le susurró a Johansson, a pesar de ser preguntado infinidad de veces. Pero su mejor respuesta hasta ahora fue la que le dio a un hombre que le vio subirse a un ferry en Martha’s Vineyard. ¿Bill, qué le dijiste a la chica rubia?: «Proyecto de ley, lo que diría a ella». En esa escena, Murray comienza a mover sus labios y a gesticular «como queriendo decir algo realmente sincero». En el audio se escucha algo así como: «Tengo que salir, pero no voy a dejar que eso se interponga entre nosotros, ¿de acuerdo?». Otras fuentes aseguran que le dijo: «Francamente querida, todo me importa un bledo menos tú». Bill tiene la última palabra…

5.- Murray vs Chase: el combate del siglo

En 1977, Bill Murray sustituyó a Chevy Chase en el reparto del programa nocturno «Saturday Night Live». Chase era ampliamente detestado por todos los miembros de su equipo (apelativos tan «cariñosos» como «gilipollas» fue alguno de los más amables términos con los que le describían), pero regresaría a la escena de lo que iba a convertirse en un ring de boxeo. Después de una semana de observaciones insolente y desprecios mutuos, saltó la chispa y fue convocado el campeonato mundial de los pesos pesados entre Murray y Chase. Sonó el ring, y antes de que comenzara la grabación se escuchan los primeros golpes. Chase vs Murray. El primero compara la cara de acné Bill con la superficie de la luna, y el segundo le espeta a Chevy que es incapaz de satisfacer a su esposa en la cama. Después de que fueran separada por los compañeros de reparto, Bill lanzó su delicatessen surgida de la «espuma de su boca»: «Medio talento!», le susurró a Chevy, que aún no se ha recuperado de ese croché en el mentón.

6.- Su gel-rosa para iluminar

Apasionado y ávido fanático de los deportes, Bill Murray es el copropietario de varios equipos de ligas menores de béisbol. En el Charleston RiverDogs, él también tiene el título de «Director de diversión». Es una posición que Murray se toma muy en serio. Un empleado recuerda su primer encuentro con el nuevo Jefe. Un día, preguntó: «¿Cuál es el problema con esta iluminación aquí?» Luego decidió: «Vamos a poner algunos iluminación gel rosa aquí, para suavizar el humor». Luego se marchó tras su «parida». El año pasado Murray asistió a un partido suspendido por la lluvia; en lugar de béisbol, la multitud se lanzó a la pista y él también, y todo el mundo comenzó a patinar y darse trompazos sobre el suelo que parecía una pista de patinaje.

7.-Señas, marmotas y cintas de vídeo

Durante la producción de «El día de la marmota», Bill Murray atravesaba por el tortuoso camino de su primer divorcio. Para facilitar la «comunicación» entre la estrella -o sea, él-, director Harold Ramis y el estudio, Murray pidió que contrataran a un asistente personal. Su solución fue emplear una asistente que estaba totalmente sorda y hablaba solo en el lenguaje de señas, que nadie en conjunto – incluyendo a Murray – podía hablar. Ramis confesó a «Entertainment Weekly»: «Bill dijo que no nos preocupáramos, que iba a aprender el lenguaje de señas. Y creo que fue tan incómodo que en un par de semanas renunció a hacerlo». Eso es la anti-communication, sabes, me dijo. No hablemos»