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Opinión

20 de Abril de 2026

Crítica a la película “El drama”: Desde donde juzgamos

Foto autor Cristián Briones Por Cristián Briones

Aunque es mejor entrar a la sala de cine a ver El Drama sin adelantos de hacia dónde va la trama, se puede compartir que es la historia de una pareja -Zendaya y Robert Pattinson- que prepara su matrimonio, cuando la futura novia hace una confesión que parece perturbarlo todo. El crítico Cristián Briones destaca el trabajo del cineasta noruego Kristoffer Borgli, un provocador que en esta ocasión tiene "dos objetivos bastante claros: el primero es reírse un tanto a expensas de un imperio en decadencia y uno de los aspectos más dañinos de su cultura; y la otra es postular que un dilema hoy no se resuelve en un debate, si no en base a un punto de vista ya zanjado, y lo intrincado de ello cuando involucra a nuestros más cercanos", escribe.

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Quizás este texto llegue tarde, porque si está leyéndolo es porque tiene interés por el nuevo estreno de Zendaya y Robert Pattinson, El Drama (The Drama), y muy posiblemente se haya enterado de los detalles de su trama. De no ser así, si en este momento usted no sabe de qué va, deténgase y agende una visita a su sala de cine más cercana. Porque esta es la clase de película que debe ver sin saber un detalle en específico de su historia, que derechamente, será el más discutido, y una de sus mayores fortalezas.

Y no, no es esa clase de plot twist que se convierte en spoiler legendario ni nada por el estilo. De hecho, en el mismo trailer está muy bien esbozado: Zendaya y Pattinson son una pareja preparando los detalles de su inminente boda, cuando en un juego verbal, Zendaya arroja a la mesa una confesión que perturba completamente todo. Y es mejor detenerse ahí. De nuevo, no por el giro sorpresa, sino porque la clave de esa revelación, y su resultado, es el fondo temático de El Drama. Una especie de prueba sorpresa en donde saber el temario inclina a la predisposición, y eso es justamente el punto más alto de la película, no saber qué hacer con esta nueva información.

Esto no sorprende en nada a quienes le han seguido la pista al director Kristoffer Borgli. El noruego tiene inclinación a la provocación, y al poner temáticas en la pantalla, pero muy poca intención de resolverlas. Sus dos largometrajes anteriores, Enferma De Mí (Syk Pike) y El Hombre de los Sueños (Dream Scenario) caminan por el mismo sendero de revisar temas complejos, en clave de comedia negra, sin hacer ningún tipo de concesión al respecto. Y ese fue precisamente el tipo de película que consiguió armar este 2026, esta vez en plan totalmente hollywoodense, en el papel, al menos. Con dos objetivos bastante claros: el primero es reírse un tanto a expensas de un imperio en decadencia y uno de los aspectos más dañinos de su cultura; y la otra es postular que un dilema hoy no se resuelve en un debate, si no en base a un punto de vista ya zanjado, y lo intrincado de ello cuando involucra a nuestros más cercanos.

Y vaya grupo de compinches que reclutó en el camino. Porque Zendaya y Robert Pattinson brillan tanto en esta película como cabría esperar de dos de los mejores intérpretes de su generación. Y aunque para muchos Zendaya es más una celebridad que una actriz destacable por su rango, algo que quizás se deba a su alta presencia en el cine y series de gran presupuesto y mucho foco en sus promociones, eso es ignorar que la nativa de Oakland es capaz de un registro sumamente amplio, basta ver su filmografía.

Y lo de Pattinson está fuera de discusión hace bastante ya, aunque no deja de sorprender que sus últimos dos roles sean de joven esposo, y los dos en lugares tan distintos que ya pareciera que se está imponiendo desafíos. Ambos arman una dupla que funciona a la perfección, siendo por lejos uno de los cimientos de El Drama. Es su relación la puesta a prueba, es lo que uno piensa del otro, lo que imagina y con lo que no sabe si puede lidiar. Deben salirse y entallarse en sus personajes, como si se tratara de una boda comprimida en un par de horas, aunque ese es sólo el último tercio. Son los más socavados por este quiebre en el relato, y son la clase de protagonistas capaces de lidiar con ello de manera brillante.

Sin embargo, hay un detalle en este mismo apartado, el escénico, en donde puede que exista un tropiezo. Y es además, en el que posiblemente será el personaje más debatido: la Rachel de Alana Haim. La madrina de la boda, que resulta ser la más confrontacional ante la confesión de Emma (Zendaya). Situación y carácter creado con una cierta elegancia que, quien suscribe, considera que Haim no logró calar. Porque Rachel está ahí precisamente para que no tengamos la concepción de que es una villana en la historia. De hecho, no está ni escrita ni dirigida como tal, pero Haim la entrega más cercana a la caricatura. Sigue siendo un gran personaje, no podemos equivocarnos en ello, pero la definición temática de la historia pasa justamente por ahí: en la incapacidad de emitir un juicio ante un hecho no consumado. Esa es la gracia del dilema, la ausencia de caricaturas y los juicios desde la trinchera, y Haim lo devela un tanto más de lo debido.

Porque El Drama está pensado para no tener respuestas. O más bien, para tener una respuesta por cada butaca. Y esto, nos guste o no, también requiere de un compromiso de la audiencia. Uno que incluso va más allá de enterarse previamente de la gran revelación. ¿Cómo enjuiciamos a alguien por algo que no hizo? ¿Qué hacemos cuando alguien cercano devela algo de su yo más secreto, tanto que nos hace pensar en que no le conocemos realmente? ¿Cómo manejamos una posibilidad perturbadora en un ser querido? Borgli no tiene intención alguna de contestar ninguna de estas u otras preguntas que surgen durante su narración. Entrega su obra para que un público que mantiene un pacto con su propia madurez decida debatirlas, aunque no necesariamente contestarlas. Es uno de esos escasos ejemplos en estos días, en que el discurso de una obra de arte está pensado para existir fuera de ella, lo cual por sí sólo ya vale para valorar esta película.

El conflicto externo también se genera con la primera de las dos búsquedas en El Drama. Que no es un problema de la obra, pero sí ha levantado una resistencia a la apreciación sobre ella. Porque el cineasta, en su doble militancia de guionista y director, está picaneando una pieza social compleja para los estadounidenses. Y con una desfachatez envidiable. “Es un aspecto cultural de ustedes”, es un diálogo espetado por Charlie, el flamante novio británico interpretado por Robert Pattinson, en el que debe ser uno de los pinchazos más evidentes en la película. De ahí que mucha de la crítica norteamericana ha acusado mal gusto. Es una de las gracias en lo retorcido que es Borgli. Pero como creador, no se queda solamente ahí. El nivel técnico y artístico acá es impecable. Su trabajo colaborativo con el talentoso Joshua Raymond Lee en el montaje, es un recurso utilizado de manera desconcertante. Y ni hablar de las notas desequilibrantes en la partitura de Daniel Pemberton, músico que ya suma dos intervenciones en películas de la productora A24, que aparecían como comedias románticas y terminaron siendo todo un desafío en sus géneros, esta y Amores Materialistas. Ni les digo lo mucho que se agradece encontrarse con autores tan interesados en empujar los límites de su propio arte.

El Drama llega a poner sobre el tapete un momento muy irreflexivo que vivimos. Y lo hace de forma narrativamente irreprochable, El hecho de que en estos días, como audiencias, no estamos haciendo análisis, sino que entregando diagnósticos sobre las obras. Y yendo más allá, esto se ha vuelto un estado sociocultural. Que nos paramos desde trincheras preconcebidas por distintas razones, perdiendo la capacidad de reflexión sobre los temas y las personas. Juzgamos sin querer realmente saber. Curioso que sea justo una película en la que lo mejor es no saber la que lo apunte de forma tan precisa.

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