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Opinión

7 de Febrero de 2013

Editorial: Se aparecerá marzo

Terminadas las vacaciones vuelve Michelle Bachelet. Para cualquier buen entendedor, lo dijo claramente la última vez que estuvo en Chile: “Hablamos en marzo”. Los que saben, aseguran que le costó un mundo tomar la decisión de ser nuevamente candidata. No era eso lo que le pedía el cuerpo ni el alma. O una parte del […]

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Terminadas las vacaciones vuelve Michelle Bachelet. Para cualquier buen entendedor, lo dijo claramente la última vez que estuvo en Chile: “Hablamos en marzo”. Los que saben, aseguran que le costó un mundo tomar la decisión de ser nuevamente candidata. No era eso lo que le pedía el cuerpo ni el alma. O una parte del alma. Intuyo que simplemente no tuvo la fuerza para contradecir las estadísticas. Sería sumamente exagerado hablar del clamor popular, porque la gente no anda pidiendo a gritos el retorno de nadie. No conozco chilenos, salvo uno que otro político cesante, que considere desastroso este último gobierno. Ha vivido tiempos interesantísimamente movidos, y no supo empatizar con sus protagonistas.

Un imaginario gobierno de Frei -lo apuesto- tampoco habría sabido. Éste, como si fuera poco, cometió infinitas torpezas. La derecha nacional sigue siendo, con excepciones que han surgido a garrotazos, un grupo de pijes con plata, algunos más arribistas que otros, desconectada del mundo social y plagada de conflictos de interés. Nada más lejos que pensar en ella para el paso siguiente. Y resulta que de los nombres encuestados, por lejos el de mayor convocatoria es Michelle Bachelet. Han hecho cientos de estudios y unánimemente lo ratifican. Yo dudo de las encuestas, pero, en este caso, todo indica que es un dato de la causa. A la gran mayoría de estos posibles votantes, en cambio, no les gusta la Concertación. Entienden que Michelle Bachelet es capaz de encarnar otra cosa. La ex presidenta, cuentan, lo sabe. Cuando el mundillo político, acá, continúa veraneando, ¿qué pensará ella, mientras nieva, en Nueva York? (¿O bajo la lluvia, en Caburgua?) Es una militante socialista, es cierto, pero también una ex mandataria que ha recorrido el planeta como autoridad mundial. De seguro, su cabeza ha incorporado nuevas ideas. Me cuesta imaginar que quiera ser, como Frei en la elección pasada, sencillamente la candidata de esa misma coalición. Salvo que estemos ante una zen, han de dar vuelta mil cosas por su cabeza. ¿Cómo hará para contrarrestar la fuerza endogámica de sus partidos envejecidos? Aseguran que ella quiere primarias en la mayor cantidad de elecciones parlamentarias posibles, cosa que no acepta, por ejemplo, la DC. Sus candidatos tendrían que competir junto a la foto de Orrego mientras los otros se dejan acompañar por el aura de la reina Michelle.

¿Será completamente imposible que llegue a un acuerdo con Marco Enríquez-Ominami? En el PC son soldados, y los generales ya firmaron el armisticio. La Fundación Dialoga no se convirtió en el espacio capaz de reunir durante estos años un núcleo dedicado a construir un proyecto. ¿Sabrá llegar a los profesionales que no conoce, y necesita? ¿Cómo hará para conciliar tanta expectativa dispersa? Tiene la obligación de representar al mismo tiempo un cambio, y un camino de estabilidad. Rescatar la experiencia de sus viejos correlegionarios, detener sus máquinas feroces, empoderar nuevos contingentes, escuchar voces desconocidas, dejarse convencer de nuevas cosas, y cambiar de opinión, sin vergüenza, si acaso a eso invitan sus descubrimientos. Le corresponderá ser la segunda ala de una bisagra: Piñera fue la conservadora, esta debiera ser la progresista. Una bisagra que abre la puerta de un nuevo ciclo político: el de una democracia más avanzada. Pero el reto es tan alucinante como terrorífico. Ojalá esté durmiendo bien, porque se le viene un lustro de desvelos.

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