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Poder

12 de Febrero de 2013

El falso abogado que engaño a carabineros

Durante ocho años, Christian Ortega V. trabajó de abogado para Carabineros sin que nadie pensara que sus credenciales eran falsas. En ese tiempo, se ganó la confianza de todos y llegó a ser Fiscal Militar subrogante. Todo era mentira.

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Como capitán de Justicia de Carabineros, a Christian Ortega Vennekool nunca le hizo falta demostrar don de mando. Su investidura como profesional del Derecho lo dotaba de la solemnidad indispensable para servir como ministro de fe en asuntos de legalidad militar. El estatus perfecto para ocultar que debajo del uniforme se escondía un burlador innato, un estudiante mediocre que supo engañar al Estado con un título falso comprado por unos cuantos soles en Lima.

La ruta del fraude

A mediados de la década de los 90, Ortega Vennekool no era más que un cabro cesante con una gracia particular: una auténtica e inconmovible cara de póker. Ni la mentira, un chiste o una mosca en la nariz le hacían perder el rostro de circunstancia. Partió estudiando Derecho en la Universidad de Las Condes, en ese tiempo controlada por ex altos oficiales de Carabineros, pero al poco tiempo la dejó por su bajo rendimiento académico. Por esos días conoció a Yieninson Yapur, otro supuesto estudiante, mucho más listillo, con un grado mayor de contactos y con una particularidad común: facilidad natural para el fraude.

En compañía de un tercer sujeto, quien hoy trabaja como regente de un café con piernas del centro de Santiago, Ortega Vennekool y Yapur viajaron a fines de 1996 a Perú a conversar con algunos funcionarios de la Universidad Federico Villarreal para comprar un título profesional fraudulento, pero no falso, sino legalmente emitido. Según los registros de Policía Internacional, permanecieron apenas unas semanas en Perú, pero al cabo de pocos meses la Facultad de Derecho de la Universidad les convalidó créditos ficticios y bajo el registro 35.400, el 10 de noviembre de 1998, se les concedió el título de abogado.

Al empresario no le dio el cuero de presentar los papeles falsos y se dedicó, en esos años, al incipiente negocio del café con cola less. Ortega se decidió por las ligas mayores y Yapur, por el ejercicio libre de la profesión.

Con el cartón en la mano, Ortega regresó a Chile e inició los trámites para obtener la aprobación de la Corte Suprema para ejercer la profesión de abogado. Lo primero fue legalizar una fotocopia en la notaría de Laura Galecio y luego se acercó a la Dirección General de Asuntos Consulares de la Cancillería para hacer efectiva la Convención sobre Ejercicio de Profesionales Liberales, que data de 1909 y que permite a los profesionales chilenos, peruanos y ecuatorianos convalidar sus títulos en los países miembros.

En abril de 1999, presentó los papeles a la Corte Suprema y finalmente el 12 de ese mes, el fiscal del máximo tribunal Enrique Paillás, emitió informe favorable y se le autorizó para ejercer la profesión en Chile, a partir de junio de ese año.

Orden y Patria

Después de tramitar causas sin trascendencia en tribunales de Menores y en los antiguos Juzgados del Crimen, Ortega se enteró que el 2004 en Carabineros se había abierto un cupo para una de las destinaciones más codiciadas de la institución: el escalafón de profesionales de la Dirección de Justicia. Presentó sus papeles truchos en Carabineros, la Contraloría los revisó, el presidente Eduardo Frei firmó el decreto presidencial y nadie se enteró de nada. Lo que partió siendo chanta, ahora era más que legal.

Aunque hoy en Carabineros insisten en afirmar que no se sienten engañados ya que la Suprema se compró el cuento primero, sí admiten que algo raro tuvo que haber pasado en la selección. Oficiales de distinto rango reconocen que entrar a Carabineros directamente como teniente (J) es una lucha de padrinos. Quien no es presentado por un oficial de alto rango, con una blusa llena de estrellas, está perdido.

Ortega Vennekool, sin embargo, pareció sólo tener suerte, nadie reconoce haberlo presentado y mucho menos haberlo recomendado. “Concursó con sus antecedentes, como cualquier otro”, dijo a The Clinic el general Carlos Gutiérrez. Pero confrontado al pobre currículum de Ortega, el general observó: “alguien tuvo que haberlo presentado, pero en todo caso yo más no tengo conocimiento, no era el jefe en aquel entonces”.

Afortunado o con pituto, Ortega se enfundó el traje de carabinero y comenzó así una notable carrera como oficial de Justicia. Dentro de sus destinaciones principales se encuentran servir de enlace entre el Ministerio Público Militar y la Fiscalía. Fue también secretario de la Sexta Fiscalía Militar, es decir el segundo a bordo después de la fiscal militar Paula Cofré y abogado de la Prefectura Centro de Carabineros.

Eso, hasta el 6 de noviembre del año pasado. Ese día el capitán Ortega se encontraba realizando sus labores rutinarias en la prefectura cuando repentinamente apareció su jefe, el general de Justicia Juan Carlos Gutiérrez con malas noticias. Ortega trató de lloriquear un poco, insistir en que todo era una mala equivocación de Perú y que siempre su sueño fue ser carabinero. Pidió que le dieran una semanita más, que él lo arreglaría todo. ¡Un carajo! El problema que se venía era mucho mayor que su cargo.

El engaño había llegado a su fin. Y llegó tal como empezó, junto a su amiguito Yapur.

No la vio venir

El año 2008, el empresario gastronómico Jorge Englander comenzó a denunciar que su abogado Yieninson Yapur lo había estafado por más de 40 millones y, para presionar por el pago, se metió en sus asuntos. Descubrió que el título de abogado era falso y lo denunció al Consejo de Defensa del Estado. Pero ¿por qué era relevante para el Consejo las patrañas curriculares de Yapur? Porque un año antes había sido procesado por lavar dinero para el clan de los Massa, los dueños de la casa de cambio Costa Brava, acusados por la DEA y el FBI de lavar dinero para los carteles colombianos del narcotráfico. El jefe de la familia, Luis Massa fue condenado en Estados Unidos tras ser sorprendido en ese país con un maletín con más de 2 millones de euros en billetes, que no pudo justificar.

Mientras esto ocurría, Ortega no quería levantar polvo para que nadie lo relacionara. El mayor problema que tuvo fue a consecuencia de amoríos prohibidos y de su don para la mentira sin muecas. Pese a estar casado, se presentó libre como el viento y se metió con una carabinera también abogada, con quien paralelamente creó el estudio jurídico Ortega y Peñalillo, especialistas en litigios de familia. En la oficina que montaron al lado del Círculo de Periodistas en Amunátegui 31, se presentaban como marido y mujer.

La cosa terminó mal, pero todo quedó bajo la alfombra y Ortega continuó su carrera. Yapur, en cambio, siguió metiendo ruido. De naturaleza temperamental, por aquel entonces tuvo una contienda mediática con Jorge Schaulsohn, otrora defensor de Luis Massa en Estados Unidos, a quien acusó de haber recibido, igual que él, un maletín con varios miles de dólares en la vía pública en Lima.
Había mucho ruido y, claro, la debacle, sólo era cuestión de tiempo.

Gol de media cancha

La Corte Suprema tardó 12 años en darse cuenta que le habían metido un gol de media cancha. En agosto del 2011, el entonces presidente de la Suprema, Milton Juica envió una solicitud a la Universidad Federico Villarrarreal de Perú pidiendo los antecedentes curriculares de Yieninson Yapur Cortés, a consecuencia de la denuncia que hizo el CDE.

Dos meses después, la Universidad le respondió reenviándole un oficio de 2001, en el que las máximas autoridades de esa casa de estudios peruana enviaron a todos los servicios públicos de su país, incluyendo las cortes y el colegio de abogados, poniendo en alerta que los chilenos Yapur Cortés y Christian Ortega Vennekool no podían ejercer la profesión de abogado en ninguna parte del territorio nacional. Estos habían obtenido los títulos de manera fraudulenta, presentando documentación falsa ante la Comisión Permanente de Convalidación y que por lo anterior, se abría una investigación penal en la Universidad.

La Corte Suprema le invalidó el título a ambos burladores. Ortega Vennekool, siendo tan astuto, no la vio venir.

Problemas de proporciones

Si bien Carabineros se defiende asegurando que la Suprema cayó primero, lo cierto es que el máximo tribunal enmendó su error en febrero de 2012 quitándole el título, pero Carabineros recién en noviembre lo pasó a retiro. Fueron nueve meses en los que Ortega cometió delito continuado ejerciendo ilegalmente la profesión en destinaciones tan sensibles como la Sexta Fiscalía Militar, donde ocupó el cargo de secretario, vale decir Ministro de Fe de todas las acciones realizadas por la fiscal titular Paula Cofré.

Ahora el Juzgado deberá analizar las consecuencias legales de todas las acciones y decisiones del fiscal militar que contaron con la firma del oficial trucho. Entre éstas, todo lo obrado con relación al homicidio de Manuel Gutiérrez y de su participación en calidad de autor del carabinero Miguel Millacura.

“Si es eso así, el problema podría ser de proporciones. Por ello es que presentamos todos los antecedentes al tribunal militar para que se pronuncie por la eventual existencia de algún delito”, reconoce el general Gutiérrez.

Ministro de fe

El único documento que tuvo la CancillerÌa para comprobar que Ortega Vennekool estudiÛ en Chile, no fue un certificado de estudios de la Universidad de Las Condes o una concentraciÛn de notas. Tampoco lo pidieron.

Lo que tuvieron a la vista fue un curioso documento firmado por el pro rector (s) de la Universidad de Chile, el bioquÌmico Mario Sapag Hagar, quien en una carta afirmaba ser Ministro de Fe de un documento que le habrÌa enviado José Germán Campos Onfray, entonces director de docencia de la Universidad de Las Condes donde decÌa que el ilustre alumno habÌa egresado de esa Universidad el 31 de julio de 1996. Nunca se pidió autentificar tal declaración.

Hoy, Sapag no reconoce haber firmado esa carta.

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