Vía Vice.com

Cualquiera que haya crecido durante la Guerra Fría recordará el terror extremadamente plácido de cada día, que venía con una constante amenaza de aniquilación nuclear global. Hoy en día tememos que un dispositivo nuclear caiga en manos de terroristas o de un estado corrupto. No sería el fin del mundo. La humanidad podría sobrevivir a un ataque terrorista nuclear, o dos, por muy devastadores que fueran. La destrucción mutua asegurada era otro tipo de movida, y en cierta manera era un tipo de miedo más apetitoso. No tenías que ser converso para creer en el Armageddon; todo el mundo sabía que estaba a la vuelta de la esquina.

Berlín, particularmente, era un sitio surrealista donde vivir durante la Guerra Fría. La ciudad, con bloques de fuerzas occidentales y soviéticas mirándose a la cara literalmente, era un lugar a punto de explotar en una Tercera Guerra Mundial. Los ciudadanos del Berlín Occidental sabían que eran prescindibles: si los soviéticos invadían, el plan de la OTAN era un retirada estratégica, seguido del despliegue de 23 ojivas nucleares tácticas. El canciller de la Alemania Oeste, Helmut Schmidt, firmó este plan, dando luz verde a la obliteración total de los alemanes en nombre del dominante comunismo.

La ciudad de Berlín Occidental construyó 23 búnkers nucleares, empleando a cientos de científicos e investigadores para diseñar y construir estas instalaciones. Paradójicamente, estos refugios sólo ofrecían espacio suficiente para menos del 1% de la población. Era un plan de contingencia de placebo, para que el gobierno pudiera afirmar que estaban haciendo algo.

Actualmente, en la estación Pankstrasse de la línea de metro U-8 en Berlín, puedes aventurarte en un refugio construido para 3.000 personas. Aunque técnicamente sigue siendo funcional, se duda de que esta instalación pudiera ser usada en una emergencia. Las cañerías, por ejemplo, no han sido revisadas en más de 40 años. La función práctica del refugio es ser un destino para turistas y amantes de la historia.

En un hipotético caso de guerra nuclear, unas puertas enormes cerrarían las entradas del túnel, así como las entradas a la propia estación. El mismo refugio abarca la plataforma U-Bahn, la cual se convertiría en un dormitorio enorme, y el laberinto de túneles detrás de los paneles metálicos en las paredes, contiene baños, cocina, zonas de almacenamiento y un generador eléctrico con motor diesel. Las primeras 3.000 personas serían admitidas en orden a una cámara de descontaminación, obturada al aire, bajo la supervisión de guardias cargados con ametralladoras. Entonces, una persona detrás de un cristal indicaría que los supervivientes se quitaran toda la ropa. Después de una ducha helada para descontaminar, las masas de personas tiritantes y aterradas podrían entrar. Al ingresar al refugio, a cada persona se le facilitaría un chandal de poliéster amarillo chillón.

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