La despedida ayer del destituido titular de Educación, Harald Beyer, fue, como estaba previsto, un funeral de Estado en la que participaron ministros, parlamentarios y los candidatos del sector y que fue encabezado en La Moneda por el Presidente Sebastián Piñera quien fue pródigo en elogios hacia el economista.

Tras recibirlo a las 11 horas en su oficina, el Mandatario hizo un punto de prensa en que aseveró que la aprobación de la acusación constitucional, que inhabilita al ex consejero del CEP de ejercer cargos públicos por cinco años, “fue una tremenda injusticia porque se condenó a una persona que es inocente”. “Yo sé que no es la primera ni la última vez que se condenen a un inocente, pero no por eso deja de producir ese inmenso dolor, esa gran impotencia”, aseveró el gobernante.

Tras los abrazos y aplausos de rigor y las declaraciones en contra de quienes apoyaron el libelo, las autoridades de Gobierno iniciaron una larga jornada de conversaciones en Palacio para dilucidar quién será el sucesor de Beyer.

Contra todo lo previsto, Piñera decidió no acelerar el proceso y ayer en Palacio afirmaban que el nombramiento podría dilatarse para el día lunes, ya que aún no se define el perfil del cuarto ministro de Educación del Gobierno y las opiniones están divididas entre quienes creen que se debe buscar a alguien capaz de enfrentarse a los movimientos estudiantiles, al estilo Evelyn Matthei; alguien que pueda tender nexos con el parlamento como Pablo Longueira o Carolina Schmidt; o alguien que sea la copia fiel de Beyer como es el caso de David Gallaguer.

Piñera manda

Horas después de la destitución de Beyer, se estimó que era lógico hacer un traslado de algún secretario de Estado a la cartera de Educación, al descartar el ascenso del subsecretario Fernando Rojas.

En momentos en que primaba la crispación, varios miembros del gabinete vieron con buenos ojos la posibilidad de que la sucesora fuera la ministra del Trabajo, conocida por su carácter frontal. Cuando los ánimos se fueron calmando, sin embargo, surgieron reparos a esta alternativa que implicaría “incendiar” aún más la convulsionada cartera ya que minaría cualquier posibilidad de diálogo, y de sacar por lo tanto adelante la agenda piñerista en el sector. Con todo, hay quienes sostienen que esta sería una buena forma de no dejarle todo solucionado a la oposición en un eventual mandato de Michelle Bachelet.

Otra posibilidad que suena con fuerza es la de Longueira, impulsor del acuerdo para reformas políticas de 2003 y quien, literalmente, salvó a la DC de desaparecer del mapa electoral en 2001 cuando el partido no presentó a tiempo los papeles necesarios para inscribir a sus candidatos parlamentarios. Con este currículo, afirman en el Ejecutivo, difícilmente la concertación podría arremeter contra el Secretario de Estado.

La carta de Schmidt, en tanto, es una apuesta a un liderazgo con alto respaldo ciudadano –pero bajo porcentaje de conocimiento- para enfrentar un año sumamente movilizado.

Desde fuera del gabinete, en tanto, el nombre que concita más apoyos es Gallaguer, aunque en Palacio admiten que es difícil que un profesional de su categoría se arriesgue, tras el juicio político a Beyer, a ingresar en la política.