Más allá de “confiar”: Qué hacer en el presente con el conflicto educacional

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Junio es un mes que amanece lleno de Universidades y liceos en paros o tomas. Como Confech, junto a los demás actores sociales de la educación, hemos convocado a una nueva marcha nacional por la educación este jueves 13 de junio. Curiosamente, fue por estas fechas, el 16 de junio, cuando se realizó la primera marcha de más de 100 mil personas el año 2011, siendo la convocatoria masiva a las calles más grande desde el término de la dictadura y que remeció al país entero.

Serán ya dos años marchando y desplegando fuerza, alegría y esperanza estudiantil por todo el país. Dos años de eventos masivos que, de acuerdo a todas las encuestas habidas y por haber, representan el sentir mayoritario de la ciudadanía. ¿Por qué seguir haciendo lo mismo si queremos avanzar más de lo que hasta ahora hemos podido? No se trata de inercia ni de cumplir con un ritual.

Hoy, en junio del 2013, el escenario tiene una característica propia: la última cuenta presidencial del 21 de mayo marcó, en los hechos, el término del gobierno de Piñera. Sus ministros renuncian para hacer campaña, la oposición prefiere esperar al próximo presidente ante la expectativa de cambiar los roles con el oficialismo y, ante la débil conducción que el propio presidente ha significado para su coalición, no cabe esperar una mejoría en los meses que le quedan. Evidentemente presionaremos para que los proyectos de ley heredados por Beyer no se aprueben. Especialmente para que se cumpla la promesa tanto de Lavín como del mismo Beyer sobre derogar los Decretos con Fuerza de Ley que impiden la democratización y del presidente de terminar con el Aporte Fiscal Indirecto. Sin embargo, la oportunidad que tuvo Piñera para hacer una reforma profunda en educación ya fue desperdiciada.

En ese contexto, el vacío que deja este Gobierno en educación, intenta ser llenado por los candidatos de los mismos bloques que han construido este modelo educativo, sea desde el gobierno o la oposición. La historia y el presente hacen difícil distinguir a la Concertación de la Derecha, y la única salvedad pareciera ser en cuanto intentan incorporar nuestras consignas a sus programas, en una predecible búsqueda de votos.

A modo de ejemplo, la ex presidenta Bachelet la semana recién pasada incorporó varias de las consignadas levantadas por el movimiento estudiantil el 2011 a su programa en educación. Más aún, se refirió a las reacciones estudiantiles ante sus anuncios en educación hechos un día antes, señalando que “entiendo que pueda haber falta de confianza, sólo puedo decir que si llegamos a La Moneda vamos a impulsar esta reforma”.

Pero es equivocado plantear la posición del movimiento estudiantil solo como un problema de confianzas traicionadas. El gran problema de sus anuncios son las convicciones de la propia Concertación, que guían el actuar de connotados militantes. Cada Senador o Diputado que vota a favor de un proyecto de ley contrario ya no sólo al movimiento estudiantil sino a sus propios dichos, cada militante de su coalición que lucra con la educación, no genera sólo “desconfianzas”, sino un problema material y concreto para el día de mañana llevar a cabo su programa de gobierno (o lo que hasta ahora sabemos de él).

Un candidato presidencial debe ser más que anuncios, debe ser un proyecto colectivo que pretende conducir al país. En la propuesta de la candidata Bachelet, ambas cosas aparecen disociadas. El problema no es si uno le “cree” o no a los candidatos. El tema es que todo indica que no existen las condiciones políticas para liderar a la Concertación a una reforma que va en la dirección totalmente opuesta a lo que es su historia.

Si en el corto plazo Michelle Bachelet no es capaz de conducir a la Concertación a rechazar los proyectos de ley que están en el Parlamento (que son completamente opuestos a lo que hoy promete), y no es capaz de llevar a sus partidos a juzgar en el Tribunal de Honor a quienes han violado la ley viéndose involucrados con el lucro en las Universidades, quedará claro que, aunque la Concertación se vista de seda, Concertación queda.

Por nuestra parte, no dejaremos de marchar por anuncios que se escriben con la mano sin que todavía sepamos qué ocurre con el codo, ni necesitamos inventar nuevas demandas para seguir incomodando a la clase política. El movimiento estudiantil no es sólo el actor que identificó el problema -como sentenció el ex-presidente Frei- sino también la solución a la crisis en la educación, pues como lo ha demostrado, es la única voluntad auténticamente colectiva y convencida de que la educación debe ser pública, gratuita y de calidad. No caeremos en la tentación fácil de esperar que nuestras demandas rellenen los programas presidenciales, pues como generación hemos crecido viendo promesas vacías. Exigiremos participación mucho más directa en la solución, pues seguir delegando en la vieja política, para nosotros, no es una opción.

*Presidentes de la FECH Y FEUC

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