La Evelyn, qué duda cabe, le va a poner pimienta a la elección. Ojalá sus correlegionarios de la UDI no le impongan demasiadas cortapisas. Ojalá sus asesores no intenten convertirla en lo que no es. Si dice lo que piensa, será capaz de generar, por momentos, confusiones interesantes. No es la típica derechista cartucha. Está en las antípodas de Ximena Ossandón. Que no haya aborto terapéutico le parece, más allá de los fingimientos, una barbaridad.

Hace poco aseguró que en su partido no la querían. Su militancia ahí responde a razones evidentemente prácticas. Tras la historia del espionaje a Piñera que ella encabezó, renunció a Renovación Nacional y buscó el apoyo de la UDI para permanecer en el parlamento.

No creo que sea amiga de los coroneles, ni mucho menos de Novoa. Pertenece a otro riñón, el de la “Patrulla Juvenil”, un órgano disfuncional, compuesto por partículas egóticas. La Evelyn, Piñera y Allamand no pueden ser parte de una misma tropa. Sus egos se lo impiden.

Sobre la historia secreta de esa pandilla, a la que perseguía el senador Espina –como el Espina de la Oficina a su jefecito ito ito-, se han echado a correr multitud de rumores, de sexo, de drogas, y una pizca de rock & roll.

Allamand, que la conoce, no se atrevió a competir con ella. El riesgo de enfrentarla era mucho y la recompensa muy poca, considerando que la elección la dan por perdida.

Es cierto que es hija de un general de la aviación, igual que Michelle Bachelet, y que tuvieron una infancia compartida. Se trata, sin embargo, de dos personajes completamente diferentes. La prensa extranjera ha reparado en lo divergente de los caminos que ambas vidas tomaron. El general Matthei terminó formando parte de la Junta Militar de la dictadura, mientras que el general Bachelet murió producto de las torturas en la cárcel.

A la Evelyn le gustan las cifras, el crecimiento, los que se la pueden; a la Michelle el trato próximo, la igualdad, los débiles. Tiene su gracia que dos mujeres se disputen la elección (no sé dónde ha sucedido antes), pero en este caso ni el género ni la niñez las hermanan. Simbolizan mundos y causas completamente distintas. A punto de cumplirse 40 años del golpe militar, la economista representa la fuerza y las ganas de triunfar; la médico, en cambio, el afán de protección. Más allá de que lo sean en realidad, es lo que sus auras simbolizan.

Tengo la impresión de que el país no está en la onda de Evelyn Matthei. Todas las manifestaciones que hemos visto reclaman inclusión, cuidado y respeto, mientras la candidata del gremialismo propone arrojo y frontalidad. Será una candidatura entretenida, eso es cierto, pero dudo seriamente que seductora para las mayorías.

Ella es muy del gusto de cierta mentalidad noventera, del tiempo de los jaguares de América Latina. Percibe demasiada tontera en torno suyo, se harta con facilidad, ve la paja en el ojo ajeno y olvida las vigas del propio. No pocos en la Alianza, hoy hecha trizas, la consideran loca. Ha participado en algunos de los hechos políticos más turbios de la transición, y no obstante, se percibe a sí misma como una justiciera. Tiene buenas piernas, risa fácil y trato llano. Se viste con estilo. Es una flor que brilla y pincha.