Los lazos institucionales del ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre con militares acusados de participar en el asesinato en 1973 del argentino Bernardo Lejderman y su esposa mexicana María Ávalos duraron por años, según información militar y judicial a la que accedió The Clinic.

Cheyre, hoy miembro del directorio del Servicio Electoral, fue el oficial calificador del sargento de Inteligencia Héctor Vallejos en 1974 y del coronel Mario Larenas en 2001, a quien prodigó diversas felicitaciones por su “esfuerzo” en favor de la entidad castrense.

Ambos militares fueron requeridos hasta 2010 ante la Justicia por organismos de derechos humanos y Ernesto Lejderman Ávalos, el niño de dos años que Cheyre entregó a un convento luego que sus padres fueron acribillados por militares en la Quebrada Angostura de Vicuña.

Pero, como prueban diversos documentos del Ejército, no fueron los únicos contactos institucionales de Cheyre con los equipos de Inteligencia que operaron tras el Golpe en La Serena.

El ex comandante en jefe, firmando como capitán y comandante de Compañía, también evaluó el trabajo del sargento de Inteligencia Hugo Alegría, meses después del asesinato del matrimonio Lejderman Avalos y del polémico paso de la “Caravana de la Muerte”, que dejó 15 muertos en la ciudad el 16 de octubre de 1973. Alegría aprobó sus calificaciones, por cierto.

El abogado de derechos humanos Cristián Cruz, quien intentó infructuosamente procesar a Cheyre en varios casos, aseveró a The Clinic que el general efectuó estas calificaciones en su calidad de jefe interino del Servicio de Inteligencia Militar de La Serena, responsabilidad en que lo ubican también varios presos políticos de la época.
Requerido sobre estos antecedentes, el general Cheyre, a través de sus asesores comunicacionales, informó por desgracia que no está otorgando entrevistas, tras su salida de la presidencia del Servel.

No obstante, en diversas declaraciones judiciales a las que accedió The Clinic, el general sí admitió su paso por el Regimiento “Arica” de La Serena desde mediados de 1973 y hasta diciembre de 1974, fungiendo como ayudante del coronel Ariosto Lapostol, jefe de la unidad y luego intendente.

“Mi actividad no tenía relación alguna con los detenidos, era más bien de carácter administrativo”, precisó Cheyre a los tribunales, por ejemplo, en la causa 7-2003 por la inhumación ilegal de Bernardo Cortés, caso en que también acotó no tener antecedentes sobre el destino del cuerpo de este ejecutado.

UN ENCUENTRO IMBORRABLE

No obstante sus declaraciones persistentes en contra, hay testimonios que ubican a Cheyre ligado a los detenidos y no sólo en sus funciones como miembro de los diversos consejos de guerra en que participó.

“Yo estaba al interior del Regimiento Arica de La Serena, cuando vi a Cheyre llevando dos presos encapuchados, con las manos amarradas atrás. ‘¡Qué hace esta mujer acá!’, gritó él. Le dije que estaba ahí visitando a mi esposo detenido, Armando Gatica. ‘Ese comunista no va a salir’, me respondió”, dijo a The Clinic, Adriana Cardemil.

La mujer, en esa época, realizó gestiones para salvar a su marido, entre ellas los diálogos con el obispo, y luego cardenal, Juan Francisco Fresno, además de las conversaciones con el comandante del regimiento, Ariosto Lapostol.
“No recuerdo con quién conseguí el permiso para ver a Armando, parece que con Lapostol. Entré al regimiento y debí esperar en una sala de guardia. Ahí apareció Cheyre que era el jefe del Servicio de Inteligencia Militar”, detalló.
No obstante, el general Cheyre rechazó en cada consulta judicial o periodística haber tenido contacto periódico con los presos y aseveró que supo los detalles de los horrores que sucedieron a su alrededor sólo tras leer el informe Rettig sobre violaciones a los derechos humanos.

Asimismo, el “Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura” subrayó que “el Regimiento Arica fue identificado como el principal centro de interrogatorios y torturas de la región de Coquimbo”. En su interior operaba además la Fiscalía Militar.

El mismo documento describió los tormentos como aplicaciones de electricidad, colgamientos y golpes con bolas metálicas, entre otros. “Siempre estábamos encapuchados”, recordó a su vez a The Clinic Armando Gatica, sobreviviente y vocero de los presos políticos esos años.

Cheyre dice que jamás tuvo contacto con esos horrores.

LA CARTA DE LA “RECTA DOCTRINA”

Aún más, a lo largo de los años, el general Cheyre recalcó su apego a la “recta doctrina”, como escribió en una carta privada que envió a su antiguo superior en La Serena, el coronel Lapostol, cuando asumió como comandante en jefe del Ejército en 2002.

En la misiva, redactada de su puño y letra en papel oficial, Cheyre agradeció a Lapostol su criterio, apego al honor militar y que bajo su mando no hubo mayores excesos en La Serena, en especial desapariciones.

“He visto tantos camaradas de armas, igualmente jóvenes, que hoy sufren al no haber tenido verdaderos comandantes”, dijo Cheyre a su antiguo jefe en la carta en poder de The Clinic.

Lapostol, según sus 378 hojas de calificaciones militares, además de ser el superior directo de Cheyre en La Serena, fue jefe de inteligencia y contra inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional en 1972 y fungió como instructor en esas materias hasta 1980.

LOS CONSEJOS DE GUERRA

Y aunque el general Cheyre dijo siempre que no tuvo contacto con los detenidos, es indesmentible que participó en los Consejos de Guerra que eran desarrollados en el segundo piso del regimiento de La Serena las semanas posteriores al Golpe.

De hecho, su labor en esas instancias consta en las actas mismas de esos juicios, en informes de la Vicaría de la Solidaridad y en archivos de los tribunales civiles que investigan casos de derechos humanos desde hace décadas.
Con su firma, fueron procesados o condenados opositores a la dictadura como Ernesto Gálvez, Ana del Canto y Óscar Olivares, entre otros.

LA “CARAVANA DE LA MUERTE”

Y es en esta última operación represiva, comandada por el general Sergio Arellano Stark, donde la actuación del general Cheyre toma tonos claroscuros.

El coronel Lapostol, en declaraciones a policías y medios, admitió en varias ocasiones que discutió con Arellano la decisión de ejecutar detenidos.

“Yo entraba y salía de la oficina del comandante”, reconoció Cheyre a la Justicia, por su parte.

Finalmente, tras los debates, 15 hombres fueron sacados de la cárcel pública y llevados al regimiento para su asesinato, tras una golpiza que quebró sus huesos.

Luego de las muertes, cumpliendo con sus deberes administrativos, el teniente Cheyre hizo públicos los asesinatos, a través de la emisión de un bando.

“La preocupación fundamental era asegurarme de la pronta entrega de este antecedente a la opinión pública (…) Tomé contacto telefónico con el director del diario El Día”, dijo Cheyre a los tribunales.

Su superior directo, Ariosto Lapostol, ha dicho siempre que los hechos lo afectaron íntimamente, pese a que el coronel fue calificado como un hombre de “lealtad definida” y “muy eficiente” en 1974.

Incluso Lapostol compartió su dolor con familiares de víctimas de la represión política. “Me considero una víctima por el atropello que hizo el general Arellano”, escribió a Pascual Cortés, padre de Bernardo Cortés, un joven cuyo cuerpo fue desaparecido luego de aplicarle la ley de fuga.

Nada dijo Lapostol de dos detalles importantes en esa carta:

Primero, que su oficial calificador por entonces era Sergio Arellano y, segundo, que el capitán Marcelo Morén Brito, miembro de esa comitiva, fue su mano derecha en el regimiento de La Serena hasta el 10 de septiembre de 1973, cuando le ordenaron tomar la Universidad Técnica del Estado en Santiago.

Tampoco Cheyre habló en esta ocasión de estos, tal vez ingratos detalles.