Black Sabbath: clase de música con los profesores Osbourne, Iommi y Butler



El pasado viernes, más de 40.000 personas fueron testigos de una verdadera clase de música en el Estadio Monumental. Los profesores Osbourne, Iommi y Butler dieron cátedra sobre lo que la música puede generar, aún cuando han pasado más de 40 años desde la creación de algunas canciones de las canciones interpretadas.

Antes de que los padres del heavy metal aparecieran en escena, fue Megadeth, grupo liderado por el colorado Dave Mustaine, el que calentó el horno. Con un disco recientemente salido, “Super Collider” (que, entre nosotros, no tuvo muy buenas críticas), aprovecharon el tour sudamericano de los ingleses para servir de acto de apoyo. Una perfecta ayudantía antes de la clase magistral.

Esta fue la más débil de las presentaciones que han tenido los norteamericanos en el país, considerando la del viernes como la cuarta en menos de tres años. La voz de Mustaine ya no es la de antaño, pero poco importó. Megadeth, así como un selecto puñado de músicos, genera gritos y saltos en los chilenos aún sin estar al 100%. Una presentación cercana a una hora, donde hubo un par de pequeñas sorpresas (la interpretación de “In My Darkest Hour” y “Tornado of Souls”), que dejó todo listo para que Black Sabbath cerrara una de las mejores semanas para los seguidores nacionales del género.

Un telón negro y silencio en el escenario. Un par de ángeles blancos aparecían en la pantalla mientras una voz hablaba en inglés, inentendible producto de los gritos que ya muchos proferían. Desaparece el telón y entran a escena tres de los miembros originales de Black Sabbath más Tommy Clufetos, baterista que ya había participado con Ozzy Osbourne en proyectos previos.

“War Pigs”, clásico entre clásicos, inició el concierto que llegaría casi hasta las dos horas de duración. Ozzy, sorprendido, sonrió al ver que hasta los riffs de Iommi eran acompañados de masivos gritos. La emoción que Osbourne le pone a cada grito, además de la algarabía que provocó en los asistentes, dejaron en un segundo plano el hecho que su voz ya no es la misma de antes. De todas formas sorprendió, aguantando de buena manera durante todo lo que duró su presentación.

Tony Iommi y Geezer Butler, leyendas entre los guitarristas y bajistas respectivamente, ejecutaron a la perfección temas con más antigüedad que gran parte de los asistentes, los que se conjugaron perfectamente con las tres canciones del nuevo disco que presentaron: “Age of Reason”, “End of the Beginning” y “God is Dead?”. Si bien no resultaron tan vitoreadas como sus grandes éxitos, aprobaron con creces. La calidad para componer del trío británico se mantiene, pero es posible de comparar con las primeras producciones, íconos del rock a nivel mundial.

Una tras otra, cada canción era una experiencia increíble. El solo de bajo de don Geezer Butler previo a la presentación de “N.I.B.” fue soberbio. Por otra parte, el posterior solo ejecutado por Clufetos después de “Rat Salad” sirvió para mostrar que no llegó al puesto ocupado hasta hace poco por Bill Ward por casualidad. Con gran técnica y precisión pudo hacer olvidar la mística que entregaba el único miembro original faltante en la gira.

“Children of the Grave” cerró la el bloque principal del setlist preparado. El Monumental, ruidoso como pocas veces se ha visto en los últimos años, no demoró en pedir la vuelta de los maestros. Cuando las piernas pedían clemencia luego de horas de música, Ozzy Osbourne realiza una solicitud aceptada por todos: vuelvanse locos. Los riffs de Paranoid, uno que siempre entra en las listas que se refieren a los mejores solos o las mejores canciones del rock, provocó que el sauna en el que se había convertido la cancha del Monumental subiera aún más de temperatura.

Agradeciendo a los asistentes una y otra vez, las leyendas vivientes abandonaron el escenario. El público, quizá aún sin poder creer lo que habían visto y escuchado en aquellos minutos, demoró en reaccionar para salir del recinto de Macul. Esta fue una de las noches de las que se hablará por mucho tiempo, de aquellas que muchos dirán “yo estuve ahí” aún sin haber puesto un pie en el estadio. Además, fue quizá la única oportunidad de ver a Black Sabbath en Chile (sin contar el paso del ’94 en el Monsters of Rock, sin Ozzy Osbourne), considerando que la edad de los integrantes hacen difícil (casi imposible) otra presentación en el corto plazo en el continente.

Es decir, si se considera fan de Black Sabbath y se perdió esta oportunidad única: siéntase mal. Esta fue una clase que no se repetirá.











Comentarios