Vía BBC Mundo

“Oliver es por lejos el peor alumno que he tenido en mi carrera en esta escuela pero, quizás, algún día, conducirá un Rolls-Royce”, escribió su entonces director del colegio cuando Olly Olsen tenía 10 años de edad.

Ahora, a los 40, Olsen emplea a 80 personas en Office Group, una empresa inmobiliaria que proporciona espacios flexibles de oficina y tiene una facturación anual de US$40 millones.

A pesar de una completa falta de interés en la escuela -donde vendía dulces, manejaba las apuestas por partidos de fútbol y no iba a clases-, Olsen tiene éxito en el competitivo mundo de los bienes raíces.

“Quería demostrarle a mis maestros que no era bruto y podría llegar a ser un éxito”, le dice a la BBC. La experiencia de Olsen es más común de lo que se podría pensar y una nueva investigación sugiere que la rebeldía adolescente puede proporcionar valiosas experiencias.

Para explorar el asunto, investigadores alemanes y suecos utilizó datos del seguimiento que se les hizo por más de 40 años a mil niños de una ciudad sueca.

Descubrieron que, en comparación con aquellos que no fundaron sus propios negocios, los empresarios tendían más a haber mostrado un comportamiento antisocial en la adolescencia.

El tipo de conducta que calificaban como antisocial incluye:
-quedarse fuera de casa más tarde de lo permitido
-ausentismo escolar
-hacer trampa en los exámenes
-emborracharse
-fumar marihuana
-hurto
-merodear en la ciudad por la noche

En el caso de actividades criminales más serias, no fueron consideradas como predictores de la capacidad empresarial en el futuro.