El ex ministro de Economía de la administración de Michelle Bachelet, Alejandro Ferreiro, defendió indirectamente su participación en las investigadas sociedades Cascadas (fue director de Norte Grande) por las cuales el controlador de Soquimich, Julio Ponce Lerou y otros ejecutivos, realizaban presuntas operaciones irregulares a través de ocultamiento de información, problemas en el gobierno corporativo y cuestionables esquemas bursátiles, hechos por los que la SVS formuló cargos.

Ferreiro, que también fue Superintendente de Valores y Seguros durante el gobierno de Lagos aseguró en El Mostrador que hay un riesgo en exceder el rol de control de los directores frente al de gestión argumentando que “no todo lo que se registra en actas ocurrió ni todo lo que ocurrió se registra”.

Según el medio electrónico, Ferreiro aparece como el único de los directores que fustigó los métodos en que el acusado gerente general de Norte Grande, Aldo Motta, operaba sobre las transacciones de la sociedad.

El Mostrador cuenta que en el seminario “Luces y Sombras del Gobierno Corporativo en Chile” Ferreiro dijo que “durante mucho tiempo se estimaba en los hechos, no en el derecho, porque las normas no han cambiado, no había una evidencia práctica de los riesgos legales de directores. El directorio era una tarea grata en general, razonablemente bien remunerada, con un grado de responsabilidad concreto que no se manifestaba de un modo desafiante para los directores”.

La ex autoridad dijo que esa cómoda situación cambió a partir de los casos Fasa y La Polar ya que “Hasta antes de eso el deber de cuidado de ley de Sociedades Anónimas estaba relativamente olvidado, presente en la ley, inaplicado en la práctica. Estamos aprendiendo, los directores, que hay un deber de informarse y ya no sólo un derecho de informarse”.

Ferreiro señala que los directores deben dedicarse más a la creación de valor que a supervisar los temas regulatorios y que estos actúan de acuerdo a lo exige la SVS, advirtiendo que “podemos caer, dada la hipersensibilidad en los temas regulatorios, a una distracción de la función de creación de valor, de mirada estratégica, que al directorio también le corresponde”.

El ex ministro le pegó una repasada a los medios acusando “hipervisibilidad de los conflictos de gobierno corporativo” y un uso no siempre riguroso de “palabras como escándalo, abuso, perjuicios a los minoritarios”.

En el mismo reclamo, Ferreiro dice que lo anterior genera en muchos casos “riesgo reputacional” a los directores que “no es controvertible luego de que eventualmente algunos de estos cargos hayan sido dejados sin efecto”.