Con una entrevista exclusiva a Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, uno de los autores materiales del asesinato de los tres profesionales comunistas Manuel Guerrero, Santiago Nattino y José Miguel Parada, ocurrido en marzo de 1985 por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), se lanzó ayer por la tarde una reedición del libro “Un Verde Manto de Impunidad”, publicado en 1994.

Bajo el título de “La Noche de los Corvos”, los destacados abogados de DD.HH. Héctos Salazar y Nelson Caucoto, vuelven a abordar la investigación sobre el caso Degollados y relatan a The Clinic Online lo impactante que fue la entrevista a Estay, quien fue militante comunista y después se convirtió en agente de la Dicomcar.

“Él toma consciencia de lo inútil, de lo absurdo que fue todo lo que ocurrió. Se da cuenta de que toda la vida que llevó adelante, todo lo que hizo, fue un desperdicio, no valió la pena”, cuenta Salazar sobre la conversación con quien participó en uno de los crímenes más impactantes de la dictadura.

Esta vez con la colaboración de la periodista Nancy Guzmán, además, incluyen un capítulo sobre la acusación de sedición que emprendió Carabineros en contra de uno de ellos -Salazar- y de las implicancias políticas que tuvo la resolución del caso, por el que se pidió la renuncia del entonces Director General de Carabineros, Rodolfo Stange por parte del Presidente Eduardo Frei Tuiz-Tagle, la que no fue tomada en cuenta y produjo, según los autores, una crisis institucional y política que hasta hoy no se logra recomponer entre la institución y el pueblo chileno sin el mea culpa institucional.

¿Por qué reeditar hoy Un Verde Manto de Impunidad?

HS: Bueno, se cumplieron 40 años del golpe militar y resultaba importante entregar a la gente un testimonio de un episodio crucial de la dictadura. En ese sentido el libro nuevamente da cuenta de lo que fue la investigación judicial y de lo que fue el crimen de los tres profesionales que fueron secuestrados, ultimados y lanzados sus cuerpos a la vía pública, la identificación de los responsables, cómo se llegó a ello y las responsabilidades del caso. Nos faltó un episodio un poquito posterior a la dictación de sentencia que tiene que ver con la responsabilidad institucional de Carabineros, específicamente del general Rodolfo Stange. Y las consecuencias que trajo la búsqueda de hacer efectiva esa responsabilidad, sobre todo con un juicio que me hicieron a mí los carabineros en los tribunales militares, por sedición. Eso se alargó por años.

Además tienen un testimonio clave, el de “El Fanta”, uno de los autores materiales del crimen.

NC: Eso es relevante, que a 20 años del crimen uno de los autores accedió a conversar con nosotros y entregar su historia. Es un elemento importante del libro.

¿Qué esperan que pase con la reedición de un libro que toca un caso emblemático de  la violación a derechos humanos en dictadura?

NC: Buscamos que las nuevas generaciones lo conozcan ahora y que la gente que lo vea y lea rememore nuevamente esto. Y además un llamado de atención sobre un aspecto que es algo muy importante, que la nula iniciativa del cuerpo de carabineros de Chile hasta el presente respecto a asumir las responsabilidades institucionales que se vieron involucrados en este caso.

HS: Hasta el día de hoy Carabineros mantiene un silencio espeso sobre este tema y tiene mucho que decir y decirle al país, porque estos crímenes provocaron un profundo quiebre entre el Cuerpo de Carabineros y el pueblo de Chile. Mientras no asuman sus responsabilidades políticas, morales e institucionales, porque todo esto fue hecho -como dice el libro- institucionalmente, tanto el crimen como el encubrimiento posterior, no habrá posibilidad real de reconciliación.

En ese sentido tiene más relevancia y fuerza el título original “Un verde manto de impunidad”…

NC: Este fue un año en el que reventaron muchas cosas. Fue en una manera espectacular. No sé si alguien se imaginó que los 40 años iban a tener más vida que los 30, 20 o 10 años. Pero la principal misión de esta edición es ayudar a la memoria, porque  es muy frágil. Nadie se acuerda que hasta el día de hoy Carabineros no pide perdón, no ha asumido un mea culpa. Aquí se explosionó gente, gente murió envenenada, murió fusilada, en falsos suicidios, falsos enfrentamientos, pero también está este caso que fue el degüello de personas. Este fue un caso impactante que estremeció a Chile. Fue quizás el caso con mayor difusión pública, mayor cobertura y eso comenzó a fraguarse en un libro que salió el año 94 pero que desgraciadamente fue una edición de apenas 1.000 libros que desapareció. Ni yo tengo un ejemplar. Entonces, es bueno que recordemos. Fueron tan grande las consecuencias por este crimen: tuvo que renunciar un general de la Junta Militar (Mendoza) y se generó una crisis institucional-política cuando el Presidente Frei le pidió la renuncia al general Stange y el general de Carabineros no renunció.

Además incluyen la acusación de sedición que vivió uno de ustedes.

NC: Claro. Ahora se pudo plasmar en esta edición que él, cómo un sujeto, Héctor Salazar Ardiles, fuera el objetivo de guerra de Carabineros en ese tiempo. O sea, toda la institución en contra de Salazar, para, digamos, cazar al cazador. Entonces, se dan varias cosas de forma inédita. La reedición es un desafío al olvido porque es muy fácil olvidar. Yo no se si haya gente que todavía no sepa que aquí se degolló personas, que es una de las mayores atrocidades que se pueden cometer frente a una persona.

Se debe saber, a su juicio, lo que pasó con este caso.

HS: Pero claro, si acá se exterminó gente y este fue el método más brutal y las nuevas generaciones deben saberlo. Ha sido el crimen más horrible orquestado desde las esferas del Estado. Por eso esto es además una interpelación hoy día a la institución de Carabineros. O sea, después de este libro y esta reedición, Carabineros no puede seguir guardando silencio. Debe ser interpelado, no sólo por el libro sino que por la sociedad en conjunto.

Este caso todavía tiene efectos colaterales hasta hoy por las imágenes y por los fallos de la Corte Suprema, por los beneficios a algunos de los culpables. Hace poco tuvimos el cierre del Penal Cordillera, el perdón de los jueces…

NC: Claro, estamos en un momento histórico en el que tenemos consciencia institucional de lo que ocurrió. Reconocer fallas para evitar que esto se vuelva a repetir. Para tomar medidas para que nunca más ocurran. Que se tome consciencia y se ajusten sus procedimientos, sus formas de actuar, se ajusten los programas formativos para minimizar al máximo los riesgos de brutalidades como estas.

¿Qué pasaría con un caso así en esta época?

HS: Stange tenía todo un apoyo detrás de los poderes fácticos que lo llevaron a desafiar a la máxima autoridad y no renunciar. Más encima, después fue senador de la República. Yo creo que hoy día esa denuncia que hizo el ministro Juica habría tenido resultados positivos inmediatos. O sea, no habría pasado que fueran sobreseídos rápidamente, en un par de meses. Recordemos que todavía estaba Pinochet y de Comandante en Jefe del Ejército aún, con mucho poder.

La reedición trae una entrevista exclusiva a El Fanta, que pasó de perseguido a perseguidor y tenía un grado de amistad con uno de los degollados. ¿Qué les pasa con ese testimonio?

HS: Yo diría que es impactante cuando tú logras entrar en comunicación, frente a frente, mirándote a los ojos, con una persona de la que tienes la imagen de un asesino y lo escuchas, escuchas su relato. Él quiere comunicarse, dar su versión de los hechos.

¿Y tiene una versión distinta?

HS: No, no. Pero sí lo interesante es cómo él ve hoy día su situación y eso es treméndamente dramático. Él ha tomado consciencia de lo inútil, de lo absurdo que fue todo lo que ocurrió. Se ha dado cuenta de que toda la vida que llevó adelante, todo lo que hizo, fue un desperdicio, no valió la pena. Es decir, al hacer un balance de su vida, suma cero. Y eso también es un testimonio de él, directo, personal, que se abrió a contarnos y que es impresionante.

¿Cómo se da esta relación con estas personas condenadas? Supe que el programa de radio de ustedes era muy seguido en Punta Peuco.

NC: Eso tiene una explicación. Una vez yo estaba en una prueba de testigos del Comando Conjunto y en un minuto cuando está terminando la audiencia, el ministro me dice que Miguel Estay, El Fanta, quiere decirme una cosa. Él se acerca y me dice: “Señor Caucoto, con mucho respeto, yo quería decirle que yo siempre lo escucho a usted con don Héctor Salazar en ‘Pensando en voz alta’, todos los jueves a las 7. Me encanta lo que hablan ustedes porque tienen su propia visión y para qué le voy a decir que no soy el único que los escucha en Punta Peuco”. De ahí surge una relación para revisar sus causas.

HS: Y acá hay que decir algo: nosotros nunca le vamos a pegar al que está caído. Es un tema básico, de humanidad, cualquiera que sea. Eso fue lo que nos motivó a trabajar en materia de DD.HH. Además, no nos vamos a negar a conversar con alguien si nos va a dar información de causas. Yo fui y le pregunté por este caso y la información que me dio nos era relevante.

Al convivir con ellos se forma un vínculo igual.

NC: Claro. Nosotros tenemos cautela, pero en ese caso hasta llegó la señora del ‘Fanta’ a la oficina de la Corporación pidiendo que se cumplieran cosas básicas en su encierro. El perseguirlos y buscar que se haga justicia no impide que lo atendamos en algunos requerimientos. Él mismo me buscó para poder casarse fuera del penal porque no quería casarse dentro de un centro penitenciario para violadores de Derechos Humanos. Y lo conseguimos.

¿Qué es lo que falta ahora después de la publicación del libro?

HS: Creo que el pedir perdón de manera institucional por parte de Carabineros es clave para recomponer una relación entre la institución y el pueblo de Chile. Además, creo que se debe modificar la educación en la formación. Hay que modificar e instruir de una buena forma en los Derechos Humanos. En Chile falta mucho, tenemos niveles muy malos de represión. Ningún gobierno de la transición le ha metido el dedo a la formación en las fuerzas armadas. El único con algún atisbo de mejora fue la PDI, pero qué se enseña, qué se instruye, eso no lo sabe nadie. Es una tarea para el futuro. Hay que perfeccionar la policía, porque hoy es muy poco profesional. Eso es mejor que aumentar la dotación, en el tema de la delincuencia. Están todos pendientes de fiscalizar a los jueces y nadie dice que hay que perfeccionar a las policías, que puede ser muy importante.