Niños y jóvenes asesinos: Siete puñaladas y una venganza prometida

Frente a su casa en Maipú, Matías (17), estudiante del colegio Lastarria, apuñaló siete veces a Alexis Ibarra Melillán (16), quien murió desangrado. La mamá del joven mapuche acusa que se trató de un crimen provocado por celos, mientras que la familia de Matías sostiene que éste sufrió un intento de asalto por parte del niño muerto que pertenecía a Los Deskiciados de Maipú, una facción de Los de Abajo, la barra brava de la Universidad de Chile. Más allá de las versiones contradictorias, lo cierto es que las dos familias se fracturaron.

A las 14.20 horas del viernes 7 de septiembre de 2012, Javiera vio por última vez a su pololo Alexis Ibarra Melillán (16). Lo divisó en la calle Ignacio García Silva de Maipú cuando él apenas caminaba mientras sostenía su abdomen con las manos.

Tenía el labio superior cercenado y sangraba abundantemente desde la boca y el cuello. Alcanzó a mirarla un instante antes de caer de frente. Javiera corrió a su lado. Él intentó hablarle, pero apenas balbuceó un par de sonidos ininteligibles. Ella gritó para pedir ayuda. Una mujer embarazada y otros vecinos acudieron a intentar reanimar al muchacho. No pudieron: tenía siete puñaladas en su abdomen y rostro y en pocos minutos perdió cerca de tres litros de sangre. Cuando Javiera tomó un teléfono para avisarle a la madre del muchacho sobre el accidente, él ya no respiraba y una mancha oscura se expandía, como un río turbio, debajo de su cuerpo.

La mamá de Alexis, Graciela Melillán, llegó al lugar cuando la sangre del adolescente estaba tan mezclada con la tierra que parecía “un barro oscuro” y una cinta amarilla delimitaba el punto en que quedó el cuerpo de su hijo. Quiso tocarlo, pero no la dejaron. Desde ese día, lleva más de un año acudiendo a esa misma esquina y dice que, tras conversar con los vecinos del sector, ha logrado establecer que su hijo murió producto de una encerrona por celos. Que Matías, el homicida –hijo de funcionarios de Carabineros- estaba “en algo” con Javiera y portaba un corvo cuando divisó a Alexis en la plaza del pasaje Ana Bolena de la villa El Pehuén, donde el muchacho de origen mapuche acudía a visitar a su novia. No pudo comprobar esta tesis en el juicio.

“Lo degolló sin piedad”, sostiene la mujer quien, como casi el 30% del total de la población indígena chilena, reside en Santiago por razones laborales y que asegura haber vivido discriminación racial. Según la Primera Encuesta de Relaciones Interculturales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 2013, el 31,6% de los mapuche ha vivido una situación similar.

Llorando, Graciela -quien ha trabajado como manipuladora de alimentos y en otros oficios similares- ennumera los logros académicos y humanos de Alexis. “Cuando mi niño estaba bien estudiando con beca indígena en el Politécnico Alemán atropellaron a mi otro hijo, Cristian, y él se salió para ayudarme a trabajar y trasladar su hermano a la Teletón, hasta que se recuperó. Por eso ahora estaba haciendo dos cursos en uno. Ése era mi Alexis. No teníamos mucho, los mapuche nunca tenemos mucho en este país, pero somos honrados y decentes”, dice la mujer que está pidiendo la nulidad del juicio en el que Matías fue condenado por homicidio simple al no poder demostrar legítima defensa -acusa que sufrió un intento de asalto-, porque no hubo testigos.

“No voy a bajar los brazos hasta ver a ese asesino preso”, advierte Graciela.

El joven homicida vivía en un sector residencial de Maipú y tenía 17 años cuando se produjo el incidente. Estudiaba en el Liceo José Victorino Lastarria de Providencia, uno de los mejores colegios públicos de Chile, que promedió 619 puntos en la PSU de 2012, 169 puntos más que el piso de ingreso a las casas de estudios tradicionales.

En su declaración judicial, Matías afirmó que mató al intentar defenderse de un robo. Dijo que fue seguido por Alexis hasta su hogar, en el pasaje Ana Bolena, a una cuadra de la residencia de Javiera, y que éste le dijo “oye ¿de adónde soy? ¿dónde vivis?, qué wea que me andai mirando feo maricón culiao, yo soy de la O’higgins y te voy a matar porque me andai mirando feo” y que luego le ordenó “entrégame las cadenas o te mato” -portaba una cadena de oro con un búho- y sacó un cuchillo. Sostiene que con su mano izquierda tomó el arma y que tras ello ambos cayeron al suelo; que Alexis estaba sobre él cuando comenzó a apuñalarlo.

“En ese momento me desesperé y sólo atiné a tomarle la mano, a agarrársela con fuerza (…). Comenzamos a pelear, nos caímos al suelo, no sé en qué momento le quité el cuchillo y lo único que hice fue tirar tajos, nada más. Recuerdo haberle enterrado el cuchillo tres veces, luego de eso me borré”.

Como sea, tras la agresión, Alexis –que no vivía en la estigmatizada O´higgins, conocida por el tráfico de drogas, sino en una población del sector El Abrazo de Maipú, en una casa de material sólido de 45 metros cuadrados- alcanzó a caminar unos pasos por Ana Bolena.

Matías, que se quedó en el suelo un momento, pasó corriendo por su lado y se encontró de frente con Javiera un segundo antes de que ella viera caer al estudiante que era miembro de “Los Deskiciados de Maipú”, una facción de “Los de Abajo”, la barra brava de la Universidad de Chile.

LA CONDENA
Luego de eso, Matías huyó a la casa de un amigo, Ianko, donde se lavó la cara y las manos. También limpió el cuchillo que tenía rastros de carne –la autopsia de Alexis dictaminó que la curvatura y dentaje del arma aumentó la gravedad de los cortes- y después entregó el arma a otro de sus cercanos, Miguel, quien había acudido a auxiliar a Alexis al oír los gritos de Javiera. Fue Miguel quien le informó a Matías que la muchacha lo había identificado como el agresor. Se cambió entonces de ropa y partió a la casa de su polola de la época. Allí lo pasó a buscar su padre, a quien había contactado telefónicamente y quien lo llevó a declarar a la comisaría.

Tras el crimen, Matías no pudo seguir en el Lastarria y debió completar cuarto medio, mientras estaba con internación provisoria, en el colegio nocturno Pestolezzi de San Joaquín, que a diferencia del establecimiento de Providencia –uno de los sectores de clase media alta de Chile– sólo alcanza 367 puntos en promedio en la PSU, cerca de 100 puntos abajo del mínimo de postulación a las universidades. Fue esta desigualdad educacional del país una de las cosas que más impactó a Matías en su encierro. “Él se dio cuenta ahí de que era súper privilegiado. Los chicos que estaban con él tenían problemas de comprensión de lectura y eran muy malos en matemáticas. Muchos, además, estaban solos. Cuando salió, dejó todas sus cosas. Creo que le sirvió en ese sentido, pero fue muy duro para todos tenerlo lejos”, dice Verónica, la madre del muchacho.

Después de siete meses de estar recluido, Matías quedó con arresto domiciliario nocturno por seis meses. Por lo mismo, cuando se conoció la sentencia en octubre, que lo condenó a un año de Internación en Régimen Semicerrado con Programa de Reinserción Social y Libertad Asistida Especial por otros dos, se consideró que la pena ya había sido cumplida y quedó en libertad.

No volvió a Maipú. Sus padres acusaron amenazas de muerte por parte de “La Banda del Alexis” y se trasladaron, un par de semanas después del crimen, a Ñuñoa. “Salimos a las tres de la mañana, para que los delincuentes que nos tenían amenazados no pudieran dañarnos. A las tres de la mañana, como si nos estuviéramos fugando”, dice Verónica, quien es secretaria de la policía uniformada. Miguel también emigró, pero en el barrio donde crecieron sus vecinos los recuerdan como “jóvenes que consumían marihuana, pero que no generaban mayores problemas”. “Aquí no hay patos malos. Los chicos dejan las bicicletas sin candados cuando vienen a comprar. Bueno, las dejaban, porque desde que murió Alexis esto se llena de chicos de la U que toman y la gente anda con más temor”, comenta un comerciante.

NO VOLVER NUNCA AL ESTADIO

Sobre Matías, la mamá de Alexis sostiene que “nunca se ha arrepentido porque es una persona con el alma mala, nunca nos ha pedido perdón, nunca ha dicho la verdad”. Un cercano del muchacho, en cambio, asegura que “no es el monstruo que pintan”.

Felipe, quien es amigo de infancia de Matías, relata que el joven es “muy normal”, fanático del reggeatón y las pichangas de domingo y que, además de un par de “encontrones” en la cancha, no recuerda haberlo visto metido en grandes peleas.

Confiesa que un par de años antes de matar a Alexis, tuvo un control de identidad en Providencia cuando funcionarios de carabineros lo confundieron –por el estilo de vestir- con un asaltante, pero que la situación se aclaró de inmediato y que, también antes del crimen, “fumaba harta marihuana, pero eso fue como a los 14”.

Según Felipe, Matías, quien realizó este año un preuniversitario, tiene claro “que se equivocó, que debió haberle quitado el arma a Alexis y salir corriendo, pero sabe también que él no provocó la situación, que se defendió mal, pero se defendió”. Afirma que el homicida es “una buena persona, tal vez a veces un poco altanero para reaccionar. O sea, yo sé que si hoy alguien intenta asaltarlo, y pese a todo lo que ha pasado, él se va a defender”, pero que aún así tiene conciencia de la gravedad de lo que hizo. “Es mentira lo que dice la familia de Alexis que no esté arrepentido, él se ha quebrado, nunca habría querido que algo así sucediera. Se quedó solo. Solo. Su lote de supuestos amigos lo abandonó porque no querían verse involucrados en esta situación, quedé yo y un par más apuntalándolo . Debió dejar su casa, hasta su hermano chico, que tiene diez años, está amenazado”, recalca.

Verónica agrega que su hijo “nunca quiso matar a ese muchacho. Me da pena él, por supuesto, no tuvo las oportunidades suficientes. Su mamá ahora anda llorando, pero yo me pregunto, ¿qué hizo ella antes para que su hijo no anduviera delinquiendo? Ella está sufriendo, lo sé, y la entiendo porque yo también estoy sufriendo. Nosotros vivimos con miedo, miedo de que a mi hijo lo maten. Los amigos de Alexis han dicho que donde encuentren a Matías lo harán pagar. Él está con siquiatra y sicólogo”.

El tema de “prometer venganza” es común, cuenta el defensor penal juvenil Rodrigo Torres cuando la víctima es parte de un grupo cohesionado, como una barra brava, aunque rara vez, sostiene, llega a concretarse el ojo por ojo. “Los chicos en Chile no planifican los crímenes. Se dan cuando hay ciertas condiciones. El mayor grado de planificación es ir a buscar una pistola o un cuchillo a la casa para matar a alguien, entonces es difícil que las venganzas se cumplan a no ser que se encuentren en un lugar y otra vez se desate una riña”.

Como Matías es fanático de la Universidad de Chile, su abogada le prohibió acudir, de por vida, al estadio a alentar a su equipo. De esa forma buscaba evitar que el joven coincidiera con algún amigo de Alexis y se desatara una tragedia entre bullangueros.

Pero el azar buscó entonces otro camino.

A fines de julio, en la intersección de las calles Augusto Villanueva con Irarrázaval en Ñuñoa, Cristián, hermano del menor asesinado, estaba conduciendo un taxi y frenó en un semáforo en rojo. Frente al auto pasó Matías con su polola y un perro. Sobre qué pasó en seguida hay dos versiones. Según Cristián, él tenía los vidrios abajo y el joven le dijo al boxer que llevaba “ataca, ataca”. La mamá de Matías dice que Cristián se bajó con un palo en la mano e intentó agredir a su hijo quien salió corriendo.

Lo concreto, más allá de las sospechas, es que en uno de los videos subidos a youtube sobre Alexis, “koonkklin delosdeabajo” posteó “MATIAS ASESINOOOOO ! TODOS SON UNA MAN6A DE WEONES COBARDES QUE SE ESCONDEN DEBAJO DE LA FALDA DE ESA PACA RECULIAAAA :@ ! TE BUSCAREMOS POR TODOS LADOOOS @ ! & SUPLICARAS EL PERDON WASHOOOOO CULIAO” y en el facebook dedicado al joven muerto han escrito “tenemos camaradas en todas las cárceles y en cada rincón así k la pa9ara de una u otra forma el maricón ctm …” . Matías ha respondido con la misma ira en su página de facebook: “YO LOS DEJO QUE SE ELEVEN SI TOTAL NUNCA SE ATREVEN, YO VIVO ESPERANDO EL DÍA QUE VENGAN Y ME PRUEBEN…”, la letra de una canción que se llama “jala gatillo” y que advierte que habrá más sangre sobre el cemento.

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